La visita de León XIV a España constituye un acontecimiento político tan sugerente como revelador. El Papa ha llegado a un país constitucionalmente aconfesional y cada vez más secularizado, en el que la práctica religiosa se ha convertido en una opción minoritaria. Según los últimos estudios demoscópicos, apenas uno de cada seis españoles se considera católico practicante, mientras crece el número de quienes se declaran no creyentes o indiferentes.

Y, sin embargo, pocas visitas internacionales son capaces de generar hoy una expectación comparable.