Bajad las armasEspa�a parece m�s cat�lica hoy que hace 15 a�os El Papa, durante su discurso ante el Congreso de los Diputados.MUNDOActualizado Lunes,

junio

18:00Cualquiera dir�a que Espa�a no ha dejado de ser cat�lica, y eso que el diagn�stico de Aza�a va para un siglo. No se me ocurre otro l�der capaz de concitar el respeto de las instituciones y el entusiasmo de las calles a la manera desarmada y desarmante de Le�n XIV. Se le escucha por la cima de siglos desde la que habla, custodio de un mensaje sabido que enunciado por otro no llenar�a un teleclub. Es el misterio al que se rinde Sorrentino y al que permanecen impermeables nuestros entra�ables racionalistas.Creo que no arriesgo mucho si digo que Espa�a parece m�s cat�lica hoy que hace 15 a�os, cuando el aer�dromo de Cuatro Vientos acogi� una lluviosa eucarist�a de Benedicto XVI. En aquella Espa�a, gobernada por un Zapatero a�n no enjoyado que se encaminaba a la debacle electoral, acababa de emerger una iglesia laica y ce�uda llamada 15-M. A�os despu�s, una generaci�n traicionada por aquellos demagogos presta o�dos al vicario de Cristo sin los complejos de ayer, quiz� porque para los nuevos espa�oles el conservadurismo no es la rancia casa de los padres de la que se huye sino la promesa del techo emocional que les falt�. La caspa ha cambiado de bando y el armario cat�lico se vac�a.Pero una cosa es la calle y otra el Congreso. La figura de Robert Prevost en este hemiciclo destellaba como un elfo en una cueva. El parlamentario ib�rico -salvo nobles excepciones- es una especie �grafa, familiarizada apenas con el argumentario matutino. ��Escuela de Salamanca? �Y esa ser� p�blica o concertada?�, pudo muy bien susurrar Rufi�n a su vecino de esca�o. A un Papa que ven�a de advertir contra �las identidades que pueblan el mundo de fantasmas� lo par� la Nogueras para pedirle en ingl�s que bendijera en catal�n la torre de la Sagrada Familia. El Papa es el Papa porque en ese instante no se dio media vuelta para perderse de nuevo en una misi�n del Per�.El discurso fue magn�fico. Reivindic� la aportaci�n netamente espa�ola a la doctrina universal de los derechos humanos. Record� que la dignidad individual es una noci�n prepol�tica, base de toda acci�n legislativa. Llam� a la firmeza sin desprecio y a la discrepancia sin humillaci�n en el uso de la palabra. Por un momento las cuatro cari�tides que se elevan sobre el testero central asintieron en silencio: llevaban d�cadas sin o�r nada parecido. Pero para verlas hay que alzar la mirada, y a ese milagro no alcanza Prevost: en cuanto su coche abandon� el Parlamento, los portavoces empezaron a arrojarse fragmentos tergiversados del discurso papal a la cabeza. Nuestra Espa�ita.