Hay días en los que escribir sobre discapacidad se parece demasiado a repetir lo evidente. A explicar, una vez más, lo que ya está dicho, legislado, logrado, al menos en el papel. Y, sin embargo, basta abrir Vivir la discapacidad, de Nicola Correa, para recordar que lo evidente sigue sin mirarse de frente.
Nicola Correa es madre de dos hijos, uno con síndrome de Wiliams y otro con diagnóstico de autismo y TDAH, y autora de un libro titulado Vivir la discapacidad. Ella no escribe desde la distancia ni desde la voluntad de representar a nadie. Escribe desde el cuerpo, desde la rutina, desde esa mezcla de cansancio y lucidez que tantas personas empapadas de discapacidad reconocen sin necesidad de explicaciones. Y ahí está uno de los aciertos del libro: no intenta traducir la experiencia para hacerla cómoda, sino sostenerla tal como es.El relato público sobre discapacidad oscila entre dos extremos igual de limitantes: la épica de la superación y la narrativa de la tragedia. En ambos casos, la persona queda atrapada bajo el peso del mensaje: la historia que otros necesitan escuchar. En cambio, Vivir la discapacidad se mueve en un terreno menos complaciente: se sitúa en un lugar más incómodo: el de la normalidad compleja. Ni heroína ni víctima. Persona.










