Tres mujeres con la inquietud de trabajar y emprender relatan la discriminación que sufren y piden que la sociedad cambie de mirada
Alejandra Valle vive en Bilbao, tiene 34 años. Es bióloga y ha cursado dos másteres, uno en contaminación y toxicología ambiental y otro en sostenibilidad. Es voluntaria en una ONG, no ha conseguido un trabajo nunca; solo prácticas. Ti...
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ene baja visión y una discapacidad física reconocida del 65%. Define como “cruel” la situación de discriminación que sufre al buscar empleo e, igual que las otras dos mujeres que han accedido a contar su historia para este reportaje, relata el sinfín de trabas con las que chocan para acceder al mercado laboral. “Yo me desenvuelvo muy bien... Pero fíjate, los reclutadores de trabajo en esto de la discapacidad me han dicho que casi todos piensan que tenemos algún tipo de retraso y que no podemos hacer el trabajo. Hay fundaciones que me han dicho que no ponga en mi CV que tengo discapacidad; sino ‘contratación bajo bonificación’, para que la persona que me vaya a contratar no sepa por qué va a recibir esa bonificación”, cuenta.
Y prosigue: “Es cruel. Tenía coloreada de rosa la presentación de mi CV y otra reclutadora me recomendó quitarlo diciéndome: ‘aquí infantilizan a las personas con discapacidad”. A Valle le duele que, pese a que las empresas con 50 o más trabajadores tienen la obligación legal de reservar al menos el 2% de su plantilla para personas con discapacidad, ese 2% “nunca son ingenieros, ni altos cargos”. “Cada vez que entro a un portal de empleo y voy a la sección de ofertas para discapacitados, de cada 20, 19 son empleos en el sector de limpieza, mozo de almacén o similares”.






