No sabe en qu� momento exacto comenz� a tartamudear y sus padres tampoco lo recuerdan. Para Anabel Garc�a Bollas (Badajoz, 1997) siempre ha sido as�, desde que tiene uso de raz�n. Lo que s� recuerda son las tardes de logopeda, de hablar con una vela, con chicles, con un l�piz en la boca... y esa sensaci�n de "algo no va bien aqu�", confiesa. "Desde bien peque�a me sacaban de las clases del colegio para ir al logopeda y eso me hac�a sentir un poco rara. Ninguno de mis amigos iba y yo no entend�a qu� hab�a de raro en m� para que tuviera que estar en ese sitio en lugar de en el parque jugando con ellos", explica. A los 12 a�os, la desahuciaron: "Le dijeron a mi madre que no hab�a nada m�s que hacer, que quiz� esto se me quitara o quiz� no. Y a partir de entonces fue cuando empec� a tartamudear mucho m�s", afirma.
Se calcula que alrededor del 1% de la poblaci�n tiene tartamudez, lo que se traduce en unos 72 millones de personas en el mundo. Concretamente, en Espa�a afecta a entre 467.000 y 800.000, seg�n las �ltimas cifras de la Fundaci�n Espa�ola de la Tartamudez, personas que conviven cada d�a con el miedo a la burla y con la dificultad para encontrar un trabajo o relacionarse con los dem�s. Es una carga que nadie ve, pero que tiene un impacto enorme en su vida cotidiana, un problema invisible para la sociedad, por m�s que le hayan puesto rostro hombres y mujeres tan conocidos como Miguel de Cervantes, el rey Jorge VI de Inglaterra, Winston Churchill o Marilyn Monroe. De la tartamudez, llamada tambi�n disfemia, nadie habla, ni siquiera quienes lidian con ella en su d�a a d�a; es m�s f�cil esconderla tras un velo de timidez y antipat�a. "A una persona con tartamudeo lo que m�s miedo le da es exponerse. Desde que somos peque�os se ha evaluado constantemente c�mo hablamos y un profesional nos ha dicho que no lo hacemos con fluidez. Eso queda ah�; el miedo al juicio te acompa�a siempre. Y por eso te escondes tras un personaje, prefieres quedar de t�mida o de borde", afirma Anabel.Es lo que ella ha estado haciendo buena parte de su vida, esconderse; nunca lo hab�a contado, s�lo en dos ocasiones en las que termin� "llorando, muy mal", dice, una de ellas cuando confundieron su pronunciaci�n con el acento franc�s. Ahora ha decidido dar un paso adelante y contar su propia historia con el objetivo de sacar a la luz y normalizar la situaci�n de las personas con tartamudeo, para que ellas mismas, y los dem�s, puedan entender qu� les pasa y c�mo gestionarlo. "Es algo muy desconocido, no hay campa�as de visibilizaci�n. No podemos poner el foco en que alguien nos hiere con un comentario o una mirada, porque si lo hace se debe a que no sabe qu� es la tartamudez. Nadie mira raro a una persona ciega, comprendes lo que le pasa y eres m�s paciente, pero con quienes tartamudeamos no ocurre lo mismo, al contrario, el cerebro de la otra persona se pone en estado de alerta porque encuentra algo diferente que no entiende, por eso es tan importante hablar de ello", asegura. Es el motivo que la ha llevado a abrir un canal de Youtube donde contar "sus cosas", compartir su d�a a d�a y dar a conocer las herramientas que la han ayudado a superar sus bloqueos: "Yo s� lo que quiero decir, pero no sale", confiesa.Antonio HerediaLa tartamudez implica vivir con el sistema nervioso siempre en estado de peligro. "Para ti hablar es una amenaza constante, cualquier mirada, cualquier comentario te afecta. Eso genera mucho estr�s y una carga mental brutal, terminas el d�a agotada", asegura. Tartamudear le afect� much�simo durante la adolescencia. Hab�a dejado de asistir al logopeda porque "los tratamientos ya no serv�an", y su voz se quebr� a�n m�s. Fue el momento del cambio, del instituto, con nuevos amigos y nuevas reglas, y todo se agrav�. "No tuve herramientas para gestionarlo, porque no contaba con ayuda profesional, as� que mi forma de protegerme fue ocultarla. Nunca he sufrido bullying, pero obviamente s� he recibido muchos comentarios inapropiados. Al final, si alguien te quiere herir lo tiene muy f�cil", asegura Anabel. Poque incluso sin tener problemas de socializaci�n, como le ha ocurrido a ella, que siempre ha estado arropada por un grupo, la tartamudez llega con una cara B: "Cuando alguien es tu amigo sientes que le debes un favor enorme s�lo porque te haya ofrecido su amistad, as� que piensas: 'Tengo que ser una persona complaciente todo el rato'. Y eso termina por generar otros traumas", explica.Manejar la frustraci�nCumplir a�os va poniendo algunas cosas en su sitio, pero obliga a enfrentare a otras, como a la necesidad de encontrar un trabajo al finalizar los estudios. "Fue muy complicado. Nadie me dijo nunca que me rechazara por ser tartamuda y yo tampoco lo cont� en ninguna entrevista, pero supongo que se daban cuenta de que algo pasaba y eleg�an a una persona diferente para no tener problemas. Cuando hablamos las personas con tartamudez sabemos perfectamente lo que queremos decir, en nuestra cabeza hay un mensaje muy elaborado, pero como nos es imposible contarlo terminamos simplific�ndolo, porque lo que m�s queremos es acabar ya", asegura Anabel. La frustraci�n es enorme. "Tienes todas las capacidades, simplemente te cuesta hablar porque no te sientes c�moda al hacerlo, pero eso invalida todo lo dem�s. No encontrar trabajo me hizo pensar que no era �til para la sociedad y esa es la peor sensaci�n que puede tener una persona, la de no sentirse v�lida. Fue muy duro, estaba muerta en vida, no me apetec�a ni levantarme de la cama", confiesa.Su vida comenz� a cambiar el d�a que decidi� instalarse en Madrid; el anonimato y las posibilidades de una gran ciudad, la ayudaron: "A veces se romantiza el hecho de vivir en un pueblo, el campo, tu casita, la calma..., pero no es as�, apenas hay alternativas de ocio y es m�s f�cil que te se�alen", a�ade. Salir de su pueblo fue una liberaci�n. En la capital volvi� al logopeda, ya con 25 a�os, porque pens� que despu�s de tanto tiempo existir�a alguna t�cnica nueva que pudiera probar, algo diferente a lo que ya hizo de ni�a. Y de nuevo, la desilusi�n: "Nada hab�a cambiado y nada me serv�a", dice. Con todo, consigui� encontrar un empleo, como t�cnico de radiolog�a en una cl�nica, la profesi�n que hab�a estudiado. Al principio fue bien, pero en pocos meses la carga de trabajo aument� tanto que le gener� una ansiedad que no pudo soportar. "Atend�a a m�s de cien personas en menos de cuatro o cinco horas y empec� a encontrarme muy mal, volv� a sentirme in�til y lo dej�", confiesa.Fue entonces, hace dos a�os, cuando se apunt� a clases de yoga, simplemente por encontrarse mejor. Y, para su sorpresa, result� ser la herramienta que siempre hab�a estado buscando. "Not� un cambio tan importante que yo misma me sorprend�. Pens�: �Aqu� qu� ha pasado? Sigo tartamudeando, porque al final es un patr�n que se ha establecido en mi cerebro desde hace muchos a�os, pero ya no es como antes, he tenido una mejor�a que durante toda mi vida me hab�a parecido imposible. Y ha sido porque a trav�s del yoga he aprendido a regular mi sistema nervioso y he reducido la anticipaci�n y la ruminaci�n constante", asegura Anabel.Ser consciente del cambio la llev� a avanzar en ese camino y en el de la neurociencia, y a realizar diferentes cursos, de respiraci�n consciente, movimiento som�tico, t�cnicas de liberaci�n emocional... Tambi�n obtuvo la certificaci�n en Yoga sensible al trauma, porque "la tartamudez no es un trauma pero todo lo que hay a su alrededor s�; cualquier mirada, cualquier comentario nos afecta y eso se queda en nuestro cuerpo porque no tenemos herramientas para saber salir de ah�", a�ade. La tartamudez no es un problema f�sico, nada en la boca o en los �rganos que intervienen en el habla funciona mal, pero el cerebro est� en alerta permanente, preparado para una situaci�n de peligro. "Una persona que tartamudea siente todo como una amenaza, hasta el simple hecho de caminar por la calle, porque no sabes si alguien va a hacerte una pregunta. Cualquier situaci�n implica exponerse, por eso tendemos a anticiparnos constantemente, vivimos haciendo un esc�ner permanente de lo que pasa a nuestro alrededor, sabemos cu�ndo vamos a tartamudear, en qu� palabras o con qu� personas. Yo aprend� a analizar el entorno antes de hablar, a prever cada frase para poder llegar a ella sin bloquearme", explica. Un trabajo extenuante.En este contexto, Anabel ha conseguido que la tartamudez no le afecte tanto gracias al yoga som�tico. "Siempre hab�a sentido que me faltaba el aire al hablar, pero me dec�an que no ten�a nada que ver, incluso me recomendaron no fumar, cuando yo nunca lo he hecho. Pero al empezar a practicar yoga, mi coordinaci�n respiraci�n-habla cambi�, ya no me faltaba el aire. Me ayud� tambi�n a reducir la aceleraci�n del ritmo card�aco que sent�a antes de comenzar a hablar, y desde ese estado de calma, hacerlo se vuelve mucho m�s f�cil", asegura. El yoga tambi�n la ayud� a liberar la tensi�n emocional que la atenazaba desde ni�a. "Todo el mundo se traba en alg�n momento y a nadie le importa, las personas siguen hablando sin mayor problema y nadie les pone una etiqueta. Lo que pasa es que cuando nosotros nos atascamos, nos callamos, esa es la diferencia, y eso es lo que debemos evitar. Hay que pensar: 'No pasa nada'. Y con esa convicci�n seguir la conversaci�n, como hacen los dem�s", asegura. F�cil de decir, pero muy dif�cil de hacer para quien soporta esa carga invisible constantemente. "Necesitamos que quienes nos escuchen sepan lo que pasa y tengan paciencia, que nos den tiempo para decir lo que queremos, sin muecas y sin terminarnos las frases. Es importante para nosotros no tener urgencia", a�ade.Antonio HerediaSu mensaje es contundente: hay que quitarse el miedo. "Tenerlo es algo normal, y yo tambi�n lo he tenido, pero no hay que temer tanto el juicio de otra persona y, sobre todo, no hay que dejar que afecte a nuestro estado emocional", afirma Anabel. Ella ha convertido "su herida en su prop�sito" y a trav�s de su canal de YouTube ayuda a las personas con tartamudez "a mirarla desde otro �ngulo, de otra manera. Hay que aceptarla, porque si no es imposible que se produzca un cambio, pero eso no significa que deba condicionarte a la hora de buscar un trabajo, tener amigos, una pareja o para algo tan simple como estar solo en una cafeter�a, porque muchas personas que tartamudean prefieren ir acompa�adas y que sea su amigo quien pida al camarero. Hay que quitarse ese miedo constante", apunta. En el fondo, es el que atenaza. "Todo lo que nos pasa se queda en nuestro cuerpo. Hace a�os yo lo sent�a r�gido, fr�o, congelado... Es muy importante disminuir toda la rigidez de la mand�bula, de la zona de la boca, de la parte de los hombros y del cuello, eso ayuda a que tu voz salga de otra manera. Y, sobre todo, hay que aprender a regular el sistema nervioso para que pase del estado de amenaza al de calma, es necesario para terminar el d�a e irte a dormir con la cabeza tranquila, porque, al final, hay mucha desconexi�n entre lo que dices y lo que quieres decir, y eso pesa", a�ade.En los peores momentos, Anabel se agarraba a una convicci�n: "Si tengo un d�a m�s para vivir, tengo una nueva oportunidad". Hoy eso ha quedado atr�s, est� tranquila. "Tengo herramientas para superar situaciones en las que no estoy del todo segura. Ahora hablo y, aunque me trabe, no cambio mi estado interno, no intento terminar m�s r�pido ni me quedo d�ndole vueltas a lo que habr�n pensado de m�", afirma. Y tiene claro su objetivo: "Es muy importante dar visibilidad a la tartamudez, es un alivio para las personas que la tienen saber que no est�n solas, que hay m�s en la misma situaci�n", concluye.











