Cuando eres mamá de un niño con discapacidad sólo quieres que cuando crezca sea autónomo y tenga una vida tranquila. No hay más. Pero ahora que ha comenzado el cole, se une un deseo con bastante fuerza: que no le hagan daño. Yo ya he asumido que no lo puedo evitar y que, desgraciadamente, va a pasar. Ya ha pasado. La sociedad ya nos trata injustamente a las familias: nos juzga, nos aísla y pone toda la carga sobre nuestros hombros sin contemplaciones. Si ya ocurre esto con nosotros, qué no va a pasar con él. Un niño que, a medida que crece, su entorno va siendo cada vez menos permisivo. Ya no dicen “déjalo que es muy pequeño”. Así que solo deseo que él, mi tesoro, tenga la fuerza suficiente para resistir a este mundo tan cruel, individualista y capacitista. Que no tenga que agachar nunca la cabeza ni avergonzarse de quién es. Que lo dejen en paz.

Rocío González-Martínez. Granada

Tienen los jóvenes razón para estar preocupados por las consecuencias del cambio climático porque les van a afectar más que a los mayores. Tienen los jóvenes motivos para indignarse ante las dificultades que han de afrontar para encontrar vivienda y trabajo dignos, un problema que los de mayor edad tenemos razonablemente resuelto en general. Siendo así, no se entiende que, entre los jóvenes, crezca la tendencia de voto a partidos que precisamente niegan el cambio climático, que no tienen inconveniente en que el precio de compra y de alquiler de las viviendas suba descontroladamente (oponiéndose a su regulación) y que como principal solución para la reducción del desempleo proponen bajadas de impuestos (sobre todo, los directos sobre las sociedades y las rentas altas) y no quieren oír hablar de reducción de jornada laboral como posibilidad de un mejor reparto de la carga de trabajo y los beneficios de la actividad empresarial.