Xavier Col�s Erev�nActualizado Domingo,
junio
21:00Los armenios deb�an elegir entre la oposici�n prorrusa y el primer ministro Nikol Pashini�n, que est� m�s alineado con Occidente y ambiciona a cerrar el cap�tulo de la guerra con Azerbaiy�n, consolidar el giro del pa�s hacia Europa y alejarlo de su alianza tradicional con Rusia. Seg�n una encuesta a pie de urna difundida por Civic.am, un medio pr�ximo al partido gobernante Contrato Civil, el primer ministro Pashini�n obtendr�a una amplia victoria con el 56%. Hasta ahora, Pashini�n ha gobernado con una mayor�a muy c�moda: en las elecciones parlamentarias anticipadas de 2021, el partido Contrato Civil obtuvo el 53% de los votos, logrando 71 esca�os en un Parlamento de 107. La victoria de Pashini�n le da el mandato que necesitaba para intentar su objetivo m�s ambicioso y m�s peligroso: cerrar un acuerdo de paz con Azerbaiy�n y abrir, en paralelo, una normalizaci�n real con Turqu�a. Para Armenia supone revisar treinta a�os de pol�tica exterior, de memoria nacional y de seguridad tejidas alrededor del conflicto de Karabaj, la hostilidad con Bak� y la frontera cerrada con Ankara.La participaci�n fue la m�s alta de la historia de Armenia, un 58,97% del electorado, casi diez puntos m�s que en 2021 (el 49,4%).El list�n b�sico para Pashini�n es conservar la mayor�a absoluta, para poder redefinir la posici�n de su pa�s ante la eterna guerra de Karabaj, el persistente pasado ruso y el escurridizo futuro europeo. Anoche Pashinian parec�a conservar la mayor�a absoluta para gobernar en solitario. Si no la lograse, la alianza m�s natural para Pashinian ser�a con fuerzas peque�as proeuropeas o reformistas: Rep�blica, En nombre de la Rep�blica o sectores liberales cercanos al viejo campo reformista. El problema es que varias han estado toda la campa�a por debajo del umbral m�nimo para entrar en el Parlamento. Pashini�n llevaba meses defendiendo que Armenia deb�a dejar de vivir como una fortaleza sitiada y aceptar las fronteras internacionalmente reconocidas como punto de partida de una nueva etapa. Su idea de la "Armenia real" implica renunciar a los mapas hist�ricos como programa pol�tico y concentrarse en la supervivencia del Estado armenio tal como existe hoy: peque�o, rodeado de vecinos dif�ciles, sin salida al mar y demasiado dependiente de Rusia. La victoria le permitir� presentar esa apuesta no como una cesi�n personal ni como una capitulaci�n tras la derrota de Karabaj, sino como una decisi�n refrendada por las urnas. Pashinian ha ganado defendiendo una Armenia no tan prisionera de sus guerras y de sus protectores. Ahora tendr� que demostrar que esa idea puede convertirse en seguridad, prosperidad y estabilidad, y no s�lo en una consigna electoral. En el electorado hay un fuerte escepticismo respecto a sus posibilidades de lograr un acuerdo digno, aunque la desconfianza se extiende a toda la clase pol�tica. El principal rival de Pashini�n, Samvel Karapetyan, un multimillonario ruso-armenio que amas� gran parte de su fortuna en Rusia, se ha visto obligado a hacer campa�a desde su arresto domiciliario en su mansi�n a las afueras de Erev�n. Una victoria de Karapetyan podr�a haber empujado a Armenia por un camino similar al de la vecina Georgia, donde un multimillonario con una fortuna amasada en Rusia ha pasado a�os desmantelando las reformas prooccidentales y acercando al pa�s nuevamente a Mosc�, aunque sin conseguir librarse de la amenaza rusa. Durante a�os, el Kremlin fue el intermediario casi obligatorio entre Armenia y sus enemigos. Si Erev�n firma la paz con Bak� y empieza a hablar en serio con Ankara, Rusia deja de ser �rbitro indispensable a pesar de haber interferido en la campa�a con sanciones, propaganda y amenazas. "No veo ninguna tensi�n en las relaciones con Rusia; se trata de una tensi�n artificial. Las relaciones con Rusia tienen profundidad institucional y se basan en el respeto mutuo", se�al� Pashini�n a las 10 de la ma�ana, tras depositar su voto en la guarder�a 143, al sur. De la ciudad. Afirm� que la UE es el principal socio de Armenia y que el pa�s continuar� las reformas en l�nea con los est�ndares europeos. En el colegio electoral de la calle Amiryan, en el centro de Erev�n, un goteo de familias acud�a a votar. "Tenemos que cambiar el rumbo, mejorar nuestras relaciones con Rusia y defender nuestra identidad territorial", explicaba a este peri�dico Serguei, que trabaja en Erev�n, tras depositar su voto. Su gran motivaci�n es el llorado Karabaj: "Ese territorio debe volver como sea, sea mediante la guerra o la negociaci�n, tarde 10 a�os o 30". Karl, jubilado, no parec�a tan contrario al gobierno, pero siempre admitiendo que Karabaj "no deber�a haberse perdido, claro que Rusia no nos ayud�". PAZ COMO F�RMULAPashini�n, antiguo periodista y dirigente surgido de la Revoluci�n de Terciopelo de 2018, ha convertido estas elecciones en algo m�s que una renovaci�n de poder. Su campa�a ha girado alrededor de una promesa pol�ticamente arriesgada: sacar a Armenia del estado de excepci�n permanente en el que vive desde hace tres d�cadas y transformar la derrota de Karabaj en el punto de partida de una nueva estrategia nacional. La promesa de paz tiene una vertiente econ�mica y otra existencial. Econ�mica, porque Armenia es un pa�s peque�o, sin salida al mar, con fronteras bloqueadas y demasiadas rutas condicionadas por Mosc�. La apertura hacia Azerbaiy�n y Turqu�a podr�a desbloquear comercio, transporte, inversiones y conexiones regionales que durante a�os han estado cerradas por la guerra. Y es existencial, porque Pashinian intenta convencer a los armenios de que la seguridad no pasa ya por mantener todos los conflictos abiertos, sino por reducirlos. Para sus adversarios, eso equivale a capitular ante los enemigos hist�ricos. En Armenia la pol�tica exterior no es una asignatura f�cil en la que se pueda lograr consensos. Turqu�a est� al oeste, Azerbaiy�n al este, Ir�n al sur y Georgia al norte. Armenia no tiene salida al mar y durante d�cadas ha vivido con dos fronteras cerradas. El monte Ararat, s�mbolo nacional armenio, no est� en Armenia sino en Turqu�a. Se ve desde Erev�n en los d�as claros. Pero, igual que la armon�a en las fronteras, es inalcanzable.












