No es ningún secreto que el primer ministro armenio Nikol Pashinián no es santo de la devoción de Rusia, ni que el sentimiento es mutuo. El creciente acercamiento a la Unión Europea impulsado por el ejecutivo armenio ha caído muy mal en Moscú, que en respuesta decidió castigar a Pashinián. El caso más claro fue la inacción rusa ante el ataque de Azerbaiyán en 2022, pese a que Armenia es miembro de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), a veces apodada “la OTAN de Rusia”, pensada precisamente como mecanismo de protección mutua. Aún más flagrante fue la pasividad de las fuerzas de mantenimiento de la paz rusas en Nagorno Karabaj durante la ofensiva relámpago azerí de 2023 que puso fin al conflicto, lo que llevó a Armenia a suspender su membresía en la OTSC. La frialdad de esta relación quedó de manifiesto durante la visita de Pashinián a Moscú el pasado abril. Aunque ambos líderes hablaron de la “afinidad civilizatoria” y la “relación abierta y de confianza” entre ambos países, las respectivas intervenciones durante la rueda de prensa mostraron lo contrario. Vladímir Putin criticó la legislación armenia que impide la participación de candidatos con nacionalidad dual —y que perjudica sobre todo al líder opositor Samvel Karapetyan, que es ciudadano armenio-ruso, además de chipriota—, y aseguró que la aspiración de Armenia de formar parte de la Unión Europea y seguir siendo miembro de la Unión Económica Euroasiática es “simplemente insostenible”. Pashinián le respondió insistiendo en que “solo los ciudadanos que tienen pasaporte armenio, y ningún otro, pueden presentarse en estas elecciones”, y que la relación de Armenia con la UE y el bloque liderado por Moscú “es compatible”, y “cuando el proceso llegue a un punto en el que se debe tomar una decisión, confío en que nosotros, los ciudadanos de la República de Armenia, la tomaremos”. Este domingo Armenia celebra elecciones legislativas, y Rusia ha dejado claro que aborrece la continuidad del gobierno de Pashinián, y que preferiría ver a sus rivales en el poder, hasta el punto de orquestar una operación de interferencia de gran alcance que incluye la coerción diplomática y económica y el recurso a campañas de desinformación, entre otras acciones. En respuesta, Ereván solicitó a la UE el despliegue de un Equipo de Respuesta Híbrida Rápida, similar a los ya desplegados en las elecciones de Moldavia y Georgia, lo que a su vez ha generado acusaciones de injerencia contra Bruselas por parte de los adversarios de Pashinián. El interés europeo en el país es innegable. El pasado 4 de mayo se celebró una reunión de la Comunidad Política Europea en Ereván, seguida al día siguiente de la primera cumbre bilateral Armenia-UE, en una serie de gestos que muchos observadores interpretaron como de respaldo al gobierno de Pashinián. La Unión Europea ha ofrecido una ayuda de 2.500 millones de euros en fondos para infraestructuras, lo que supone más del 10% del PIB anual de Armenia, además de dos paquetes de 30 millones de euros bajo la llamada European Peace Facility para mejorar la interoperabilidad de sus fuerzas armadas con los ejércitos europeos, y además se está negociando un acuerdo sobre seguridad de la información. “En los últimos años, Armenia se ha vuelto cada vez más importante para Europa por su posición geopolítica, su proximidad a Irán, y su papel en un enfrentamiento creciente con Rusia”, señala un reciente informe de la consultoría de inteligencia The Soufan Group. “A medida que las otras relaciones de la UE en el Cáucaso Sur se vuelven más complicadas, con Azerbaiyán siguiendo un camino autoritario y Georgia experimentando un mayor retroceso democrático, Armenia ha emergido como un importante socio estratégico para Europa”, añade el documento. Opinión Relaciones muy estrechas En gran medida, puede decirse que ha sido la presión por parte rusa lo que ha convertido estas elecciones en una especie de referéndum entre Rusia y Occidente, porque en realidad ninguno de los principales partidos aboga por una ruptura abierta con Rusia. Entre otras cosas, porque Armenia no podría permitírselo. Rusia es el principal comprador de productos armenios, sobre todo los agrícolas: en 2025, este mercado adquirió el 97% de la pesca, el 93% de las frutas y el 98% de los vegetales que exportó Armenia. Este país importa más del 82% de su gas desde Rusia, que además controla infraestructuras importantes en sectores como la telefonía y la energía. “Antes de estas elecciones no había habido ningún problema ni para Armenia ni para Moscú. Así que está claro que se trata de acciones con una clara motivación política”, explica un funcionario de la UE con amplio conocimiento del tema, entrevistado por El Confidencial en condición de anonimato por no tener autorización oficial para hablar de ello. ¡Rusia ahora dice: 'Si se van, si se alejan de Rusia, tendrán problemas y nadie podrá ayudarlos'. Y llega al extremo de que la propaganda oficial del Kremlin amenaza abiertamente con derrocar al gobierno por la fuerza o con impedir que Armenia tome libremente sus decisiones democráticas. Rusia quiere demostrar que el pueblo no tiene voz, que Armenia es débil, que Armenia no tiene nada. ¡Eso no es cierto!!”, añade. Pero a la vez, es innegable que el ejecutivo de Pashinián ha buscado el acercamiento a EEUU y Europa. El año pasado, el gobierno armenio aprobó una ley que autorizaba explícitamente la solicitud de adhesión a la Unión Europea. Ha estrechado la relación con la OTAN y realizado maniobras militares conjuntas, y ha recibido apoyo directo -tanto económico como suministros de armamento- de numerosos países europeos, empezando por Francia. EEUU ha llegado al extremo de apoyar abiertamente a Pashinián en estas elecciones, como hizo el propio Donald Trump hace dos semanas expresando su respaldo a este candidato. El Secretario de Estado Marco Rubio hizo una parada en Ereván la semana pasada durante su viaje a la India para firmar un acuerdo estratégico sobre minerales y mantener el interés en la implementación del llamado TRIPP (las siglas en inglés de Ruta Trump para la Prosperidad y la Paz Internacionales), una ruta de carácter comercial que conectaría Azerbaiyán con su exclave de Najicheván a través de territorio armenio y que estaría administrada por Estados Unidos a través de empresas y contratistas privados bajo su control. Y es un secreto a voces que la CIA y otras agencias estadounidenses han asesorado al equipo de seguridad de Pashinián acerca del dispositivo de protección del mandatario. “Para Armenia, la necesidad de diversificar sus socios de seguridad reemplaza a los anteriores esfuerzos por encontrar un equilibrio entre Rusia y Occidente. Y el mayor riesgo sería no alterar esa estrategia, y los beneficios de girar hacia Occidente son no solo demostrables, sino también populares en Armenia hoy. Esto es también evidente de la crisis en las relaciones con Rusia, que es correctamente vista como un supuesto ‘socio’ peligrosamente poco fiable”, explica Richard Giragosian, director del Centro de Estudios Regionales de Ereván. “Y a medida que Armenia lucha por superar años de peligrosa dependencia de Rusia, la cuestión de cuán lejos y cuán rápido puede Armenia acercarse a Occidente es críticamente estratégica. Más allá de desafiar a Rusia, la estrategia de Armenia está impulsada por una defensa del interés nacional del país, o de forma más básica, por un compromiso por reafirmar la independencia y soberanía de Armenia”, sostiene. Castigo ruso La reacción rusa a esta estrategia está siendo muy contundente. En las últimas dos semanas, Rusia ha llamado a consultas a su embajador en Armenia, y ha impuesto restricciones a las importaciones de pescado, coñac y vino, flores, agua mineral, algunas frutas y vegetales. Ha amenazado con reducir el suministro de gas barato -Putin le dejó caer a Pashinián que el país está pagando 177,5 dólares por 1.000 metros cúbicos, que en Europa costarían más de 600 dólares-, y durante la última reunión de la Unión Económica Euroasiática en Kazajistán la semana pasada, el bloque le dijo a Ereván que está considerando su suspensión si continúa con su plan de unirse a la UE, y que debería hacer un referéndum para ver qué opina la sociedad armenia al respecto. Putin también ha lanzado amenazas más o menos veladas a Armenia, comparándola explícitamente con Ucrania como ejemplo de país que acaba mal por decidir seguir la senda del acercamiento a Occidente. Pero además, según fuentes de inteligencia occidentales anónimas citadas por la agencia Reuters, desde hace meses hay en marcha una gran operación de interferencia electoral rusa en Armenia. De acuerdo con esta información, en octubre del año pasado el Kremlin habría establecido el llamado Directorio para la Colaboración y la Cooperación Estratégicas, que supervisa todo el operativo. Entre otras cosas, este organismo habría estado estudiando la posibilidad de enviar a decenas de miles de armenios residentes en Rusia al país para que votasen a favor de la oposición, a un coste de unos 50 millones de dólares por 100.000 votantes. Este medio no pudo determinar si finalmente este traslado se había llevado a cabo, pero esta semana el gobierno de Pashinián declaró que aquellos ciudadanos armenios que entrasen en el país desde Rusia serían forzados a recibir “una formación militar obligatoria de 25 días” en campamentos del ejército antes de poder votar. Por su parte, el medio ruso independiente The Insider ha identificado a media docena de funcionarios de inteligencia rusos de las tres principales agencias (el SVR, el GRU y el FSB) a cargo de las acciones en Armenia. Y analistas de desinformación europeos han detectado varias campañas anti-Pashinián vinculadas a Storm-1516, una red rusa de cuentas y bots implicada en otras operaciones de injerencia en otros países, desde EEUU a gran parte de Europa. “Existen pruebas muy creíbles de que Rusia está llevando a cabo campañas multifacéticas para influir en las elecciones previas a las mismas. Desde sitios web de noticias falsas hasta documentos falsificados, ciberataques, campañas de desinformación y falsificaciones generadas por IA, es decir, acciones híbridas abundantes y muy variadas”, explica el funcionario europeo. “Esto ha sido así durante al menos un año, de forma bastante activa y creciente. Hemos observado patrones similares en muchos países de Europa y de otras partes del mundo”, indica. Dado que el principal rival de Pashinián es el mencionado Samvel Karapetyan, el partido gobernante acusa a este de ser un títere de Rusia. Karapetyan hizo gran parte de su fortuna en Rusia y todavía posee importantes activos financieros y buenas conexiones en ese país. Pero desde su mansión, donde cumple arresto domiciliario tras ser acusado por el ejecutivo de Pashinián de veleidades golpistas, este matiza su posición. “Tenemos que tener una relación muy buena con la Unión Europea y sus Estados miembros, porque muchos valores europeos están en línea con los de Armenia, tal y como la democracia y las libertades. Pero hasta ahora no se ha construido la relación correcta con la UE. Estamos siendo usados como una plataforma contra Rusia, lo cual es muy peligroso para Armenia”, dice ante una delegación de periodistas que le visita en su casa, a la que asiste El Confidencial. “Armenia es un país pequeño, y no tenemos el derecho de aliarnos con un país contra otro, especialmente contra una superpotencia, lo que lleva a grandes tragedias para nuestro país”, asegura. Respuesta europea La UE ha reaccionado a la coerción económica rusa anunciando un paquete de ayuda financiera de 50 millones de euros para paliar el impacto del cierre del mercado ruso a ciertos sectores armenios. “Al extender las restricciones a las exportaciones de productos armenios, Moscú está armamentizando las relaciones económicas para ejercer presión política”, declaró la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en un comunicado el jueves. “Conocemos muy bien esta táctica. Por eso Europa apoya firmemente a Armenia”, añadió. Uno de los argumentos utilizados por la oposición es que, además del daño a las relaciones con Rusia, el plan de entrar en la Unión Europea ni siquiera es una opción realista. “La adhesión a la UE es una aspiración a largo plazo de Armenia. Se trata de una decisión legítima del pueblo, del gobierno electo y del parlamento. Sin embargo, por supuesto, cualquier perspectiva realista de adhesión llevará muchos años”, admite el funcionario europeo. “Hay muchas reformas por hacer en materia de Estado de derecho y derechos fundamentales, lucha contra la corrupción, sector judicial y también reformas económicas. Todo ello implica modernización y la adopción de estándares internacionales y europeos. Hay mucho trabajo por delante. Y por otro lado, también depende de las decisiones políticas de la UE y de sus Estados miembros”, comenta. Por otro lado, “si un país soberano quiere erradicar la corrupción, impulsar reformas, ser democrático y fortalecer sus instituciones democráticas y su resiliencia, tiene todo el derecho a hacerlo. Esto no significa que deba convertirse en miembro de la UE”, añade, señalando que además Armenia todavía no ha solicitado formalmente la adhesión. “En cierto modo, hablar de esto es precipitarse demasiado. Esta pregunta se plantea con frecuencia, pero en realidad no ha habido ningún problema en la estrecha cooperación entre la UE y Armenia en todos los ámbitos” en los últimos años en su forma actual, sin que eso implique un proceso de integración. Pero para Karapetyan, Pashinián está jugando con Bruselas. “Cuanto antes comprenda la UE que no se puede confiar para nada en este gobierno, antes creará la UE una buena relación de confianza con Armenia. Porque este gobierno, cada día, está engañando a los europeos, a los estadounidenses y a los rusos. No pueden decidirse sobre cómo organizar su trabajo y qué hacer para que no nos convirtamos en un país hostil o enemigo para ningún otro”, dice el candidato opositor. “Todo lo que le queda al gobierno de Pashinián es vender un sentimiento antirrusia a los europeos, que es lo que actualmente se están tragando, pero no creo que una relación semejante sea buena ni para la UE ni mucho menos para Armenia”, sentencia. Visto todo ello, en las elecciones de este domingo se decide mucho más que la continuidad o salida del actual gobierno. Los comicios, lo quieran o no los armenios, se han convertido en el penúltimo escenario de confrontación geopolítica entre Occidente y Rusia, algo que dada la posición de Armenia en el mapa, era tal vez inevitable. La maldición de la geografía, una vez más.