Vladímir Putin estará hoy muy pendiente de lo que pase en Armenia. La antigua república soviética celebra elecciones legislativas, y en ellas se decidirá si el país consolida su viraje hacia Occidente o regresa a la órbita rusa.El actual primer ministro armenio, Nikol Pashinián, defiende la primera opción, y su partido, Contrato Civil, es el que encabeza las encuestas. Según los sondeos, cuenta con un apoyo cercano al 30%, mientras que el respaldo al principal grupo de la oposición, Armenia Fuerte, liderado por el magnate prorruso Samvel Karapetyan –en arresto domiciliario por su supuesta incitación a derribar el orden constitucional–, se sitúa entre el 6 y el 11%.Si los pronósticos se cumplen –los expertos piden cautela, ya que los indecisos abundan entre los 2,5 millones de ciudadanos llamados a las urnas–, Pashinián podrá profundizar en su política prooccidental, la cual choca de lleno con los intereses estratégicos del Kremlin, que considera a Armenia como parte de su patio trasero.Lo cierto es que, como tantos otros estados postsoviéticos, el país caucásico arrastra una fuerte dependencia de Rusia en casi todos los ámbitos: de la defensa a la energía, pasando por el comercio. Pero, desde el 2023, se ha ido distanciando de Moscú como respuesta a la falta de apoyo en el conflicto de Nagorno-Karabaj. La inacción rusa ante la toma por parte de Azerbaiyán de este enclave en disputa generó una enorme frustración en Ereván, y llevó a Pashinián a tomar medidas drásticas: el mandatario ordenó a su gobierno que congelara la participación en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva –una suerte de OTAN liderada por Moscú– y empezó a buscar nuevas alianzas.En el marco de ese giro, Armenia está tendiendo puentes con Bruselas. El año pasado, aprobó una ley que establece la base jurídica para su adhesión a la Unión Europea; y en mayo, tras albergar una reunión de la Comunidad Política Europea que incluyó la presencia de Volodímir Zelenski, celebró por primera vez una cumbre bilateral con el bloque comunitario, en la que se pactó fortalecer la cooperación en materia económica y de defensa.Asimismo, el país está estrechando lazos con Estados Unidos mediante una serie de acuerdos muy ventajosos para Washington, como el que abre la puerta a la explotación de minerales críticos y el que tiene que servir para dar un impulso a la denominada Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional, un corredor de transporte que permitirá enlazar Europa y Asia a través del Cáucaso, sin necesidad de pasar por territorio ruso. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, viajó la semana pasada a Ereván para sellar estos pactos, los cuales comenzaron a fraguarse en el 2025, durante las negociaciones de paz entre Armenia y Azerbaiyán mediadas por la Casa Blanca.El primer ministro de Azerbaiyán, Ilham Alíyev, estrechando la mano a Pashinián ante la mirada de Trump, el pasado agosto en la Casa BlancaReutersEstos movimientos diplomáticos inquietan al Kremlin, que ya ha amenazado con represalias en caso de que no se produzca un cambio de rumbo. El propio Putin ha asegurado que, si no renuncia al ingreso en la Unión Europea, Armenia se expone a restricciones en el suministro de petróleo y gas, así como a vetos comerciales. De hecho, en los últimos días Moscú ha impuesto prohibiciones temporales a las importaciones de varios productos armenios, como el pescado, la fruta, las flores o el agua mineral, en un descarado intento de influir en los comicios de este domingo.“Rusia necesita recordar que es un poder indispensable”, dice a La Vanguardia la investigadora Carme Colomina, del centro de análisis Cidob. “Y, al igual que en los últimos meses ha interferido en las elecciones de Moldavia y Hungría, ahora está actuando en Armenia, que se encuentra en una posición muy débil por su fuerte dependencia de Moscú”, agrega.Pashinián, sin embargo, parece inmune a las presiones del Kremlin. El primer ministro –que llegó al poder en el 2018, a lomos de una revuelta popular pacífica– cree que su país necesita pasar página. Que ha llegado el momento de dejar atrás la infructuosa guerra con Azerbaiyán y las rencillas con Turquía, asuntos polarizadores que han centrado gran parte de una campaña electoral cargada de tensión. Y la apertura hacia Occidente, piensa el dirigente, puede ayudar a ello. Habrá que esperar al resultado de las urnas para saber si la ciudadanía refrenda de forma mayoritaria su visión.Periodista. Redactor de Internacional de La Vanguardia.