Vladímir Putin acaba de sufrir un nuevo revés este domingo en las elecciones legislativas celebradas en Armenia, país situado en la antigua área de influencia soviética, donde por tercera vez ha obtenido la mayoría de gobierno el actual primer ministro en funciones y candidato europeísta Nikol Pashinián, frente al multimillonario ruso-armenio Samvel Karapetyan, de simpatías putinistas. Retrocede respecto a anteriores elecciones el voto a Contrato Civil, el partido que ha gestionado la derrota militar en la última guerra con Azerbaiyán y la dolorosa pérdida de Nagorno Karabaj, el histórico enclave de mayoría armenia hasta 2023, cuya población fue expulsada al finalizar la contienda.La Unión Europea, a pesar del pesimismo y las incertidumbres imperantes, sigue siendo un poderoso imán para los países que pertenecieron al antiguo bloque soviético y se ven sometidos ahora a la presión, a veces directamente bélica, del imperialismo ruso. El Kremlin ha demostrado que no tiene fuerzas ni propuestas para los países que han ido distanciándose o deshaciéndose del viejo yugo imperial, si no son la guerra y la dictadura al estilo de la que ejerce Putin. La integración europea, todavía un modelo de democracia, paz y estabilidad, sigue siendo atractiva para unas sociedades que rechazan el autoritarismo y la economía extractiva y de guerra que ofrece actualmente Moscú.Estas elecciones son las primeras tras el fin de un conflicto armado que ha durado tres décadas, en un momento en que el país necesita normalizar sus relaciones con todos sus vecinos, incluido el que ha sido su enemigo histórico, y cerrar las numerosas heridas todavía abiertas. La guerra terminó oficialmente en julio del año pasado con un tratado de paz auspiciado por Washington, aliado de Azerbaiyán, y firmado en la propia capital estadounidense.Los sueños imperialistas de Putin nunca han sido simples hipótesis. Moscú ha reaccionado con agresividad y violaciones del derecho de los pueblos a escoger libremente su destino, que en este caso significa salir de una pretendida esfera de influencia. Ha desatado una guerra en Ucrania, ha provocado un conflicto civil en Georgia, mantiene una amenaza larvada en Moldavia con la autoproclamada Transnistria y no deja de blandir amenazas en dirección a las repúblicas bálticas. Su modelo de relaciones con los vecinos es el de la sumisión a la que tiene sometida a Bielorrusia, gracias al dictador Alexandr Lukashenko. Está clara la voluntad de los ciudadanos armenios, que ha sido expresada reiteradamente en las urnas, y la obligación que incumbe a las instituciones europeas de estrechar los lazos comerciales y políticos para asegurar que Armenia salga de la órbita rusa y se incorpore plenamente a la familia de los países democráticos, a la que ya pertenece tanto en los hechos como en las voluntades.
Armenia apuesta por Europa
Vladímir Putin sufre otro revés electoral en un país de la antigua aérea de influencia soviética














