El llamado despido silencioso se ha convertido en una de las prácticas laborales más perjudiciales para muchos trabajadores. El abogado laboralista Juanma Lorente advierte de que algunas empresas desgastan al empleado hasta llevarlo a presentar una baja voluntaria, lo que puede dejarle sin indemnización y sin derecho a paro. Según explica el experto, esta estrategia no siempre se plantea de forma directa, sino mediante un deterioro progresivo del ambiente de trabajo. Lorente describe situaciones en las que la empresa asigna tareas incómodas, aumenta la presión laboral o mantiene comportamientos hostiles para minar la moral del empleado. “Si te pueden hacer sentir mal un día, te lo hacen”, resume el abogado. El objetivo de esta conducta, según el laboralista, es que el propio trabajador llegue a una situación límite y decida marcharse por iniciativa propia. En palabras de Lorente, hay casos en los que el empleado acaba diciendo basta: “Un día pides la baja voluntaria porque tu cabeza ha dicho ‘basta’”. Esa decisión, aunque esté provocada por un desgaste continuado, puede tener consecuencias graves. La principal consecuencia es económica. Cuando una persona firma una baja voluntaria, la empresa no tiene que pagar la indemnización por despido que sí correspondería en otros supuestos. De este modo, la compañía consigue prescindir del trabajador sin asumir el coste de un despido formal. “La consecuencia es que te vas de la empresa sin indemnización y sin paro”, advierte Lorente. Además, el perjuicio no termina ahí. Para cobrar la prestación por desempleo, el SEPE exige que el trabajador se encuentre en una situación legal de desempleo. La baja voluntaria no figura, con carácter general, entre las causas que dan acceso al paro, aunque el abandono del puesto se haya producido tras una situación de presión o desgaste psicológico. La legislación laboral sí contempla algunos supuestos concretos en los que un trabajador puede dejar la empresa y conservar ciertos derechos, como una modificación sustancial de las condiciones de trabajo, retrasos continuados en el pago del salario o un traslado que obligue a cambiar de residencia. Fuera de esos casos, el despido silencioso puede convertirse en una trampa: empuja al empleado a marcharse y permite a la empresa evitar el pago de la indemnización. El llamado despido silencioso se ha convertido en una de las prácticas laborales más perjudiciales para muchos trabajadores. El abogado laboralista Juanma Lorente advierte de que algunas empresas desgastan al empleado hasta llevarlo a presentar una baja voluntaria, lo que puede dejarle sin indemnización y sin derecho a paro.