Dos botellines de agua de dos litros en el suelo, crema solar metida a toda prisa en la mochila y un paraguas por si el sol empieza a apretar. Javi Fresneda, de 19 años, lleva en la calle desde las seis y media dispuesto a hacer cola para el concierto de Bad Bunny, uno de los cantantes que más le gustan. Lo hace temblando de frío bajo la sombra del estadio Metropolitano de Madrid y vistiendo una única camiseta de tirantes. “Pensaba que sería suficiente con el calor que está haciendo últimamente”, reconoce. Pese a ello, ha logrado situarse en el quinto puesto, una posición soñada para cualquier fan del artista que quiera verlo de cerca... y una recompensa que, sin embargo, sabe que no experimentará. Cuando el reloj marque la hora de apertura de puertas, el joven no dará un solo paso hacia el interior del recinto y volverá a casa.
Pero el trayecto de regreso no lo hará con los bolsillos vacíos. Antes de marcharse, Fresneda y su colega José Luis Quintero, también de 19 años y quien lo ha estado acompañando durante todo el día, cederán su sitio de la cola a dos fans que sí tienen entradas para el espectáculo. A cambio: 80 euros, 10 por cada hora sucedida guardándoles la posición. Se trata de una idea que nace tan solo cuatro días antes, con el mando de la videoconsola en la mano. “Estaba tranquilamente en casa jugando a la Play y mi mejor amigo, Diego Muñoz, que no ha podido venir hoy, me dice: 'Oye tío, que se me ha ocurrido una cosa con la que a lo mejor podemos sacar algo de dinero”, cuenta Fresneda. “Cuando me lo contó, le respondí: 'Vaya idea más buena acabas de tener'”, añade, sumándose así de inmediato.













