El sábado por la noche, el Metropolitano dejó de ser un estadio de fútbol para convertirse en una fiesta boricua de casi tres horas. Era la primera de las diez noches que Bad Bunny tiene previstas en Madrid, y los 64.000 asistentes no se sentaron en ningún momento.

Un arranque sin música que ya era un espectáculo. Bad Bunny emergió por una plataforma elevada a las 20.05 y guardó silencio durante dos minutos contemplando el estadio lleno, antes de agarrar el micrófono y arrancar con La mudanza junto a una orquesta de metales y percusiones.

¿Por qué dos escenarios? El concierto se dividió entre el escenario central, con una gran pantalla horizontal, y La Casita, una recreación de una vivienda tradicional puertorriqueña desde cuya azotea Bad Bunny dirigió a la multitud a su antojo.

La orquesta reclutada en las escuelas públicas de Puerto Rico. La primera parte, 45 minutos de ritmos caribeños, la protagonizó Los Sobrinos, formada por jóvenes de escuelas públicas boricuas que atacaron temas como Callaíta, Nueva Yol o Baile inolvidable.

El mensaje del artista fue una defensa constante de sus raíces. Invitó al también puertorriqueño Myke Towers para cantar a dúo Adivino y lanzó al estadio una frase que lo resumió todo: “Todos los que estamos hoy aquí somos puertorriqueños y puertorriqueñas”.