El puertorriqueño cumple el primero de sus 10 conciertos en el Metropolitano ante 64.000 personas con un abrasivo homenaje al Caribe
Efectivamente, Bad Bunny no canta. Son las 20.05 del sábado, el sol todavía no quiere marcharse y Benito acaba de irrumpir en el escenario elevado por una plataforma. Se queda en silencio durante uno, dos minutos, deleitándose con el panorama, un repleto estadio Metropolitano de Madrid con 64.000 personas. El puertorriqueño gira ligeramente la cabeza, dibuja una media sonrisa y contempla su obra: personas saltando, miles de espectadores vociferando. Y todavía no ha empezado la música. Los móviles graban, las bocas se abren. “Esto ha empezado bien, cabrón”, describe un seguidor compatriota de la estrella a su acompañante, los dos de pie en la grada con gorras con la bandera de Puerto Rico. Benito viste un impecable traje crema y unas gafas de sol no del todo tintadas. Sigue sin hablar. Entonces, agarra el micrófono y grita: “Un aplauso para mami y papi...”. Una extensa banda de metales, maracas o percusiones, todos uniformados, impulsa achicharrantes ritmos de salsa y, ahora sí, el protagonista comienza a cantar La mudanza con una voz cargada de promesas: “De aquí nadie me saca, de aquí yo no me muevo. / Dile que esta es mi casa, donde nació mi abuelo”. Una advertencia que sobra hoy, aquí y ahora: de este estadio no quiere “ser sacado” nadie en las próximas dos horas y 50 minutos, toda la gente hizo lo que quiso Benito.












