Son las 17.30 de la tarde del sábado 30 de mayo y el sol cae a plomo sobre el estadio Metropolitano de Madrid. Miles de personas se distribuyen por los bares y los jardines a la espera de que a las ocho comience el primero de los 10 conciertos que Bad Bunny da en la ciudad. Otras tantas empiezan a entrar para situarse cerca de uno de los dos escenarios donde el puertorriqueño despliega durante casi tres horas su espectáculo de reguetón, salsa, bomba y plena. Nora y Eliana, dos amigas de 18 y 19 años, se dirigen a su entrada. Visten minifaldas, pañuelos en la cabeza, grandes pendientes, botas altas y lucen flores de maga en el pelo, la típica de Puerto Rico. “Llevamos una estética caribeña”, se describen las dos amigas. Como ellas hay decenas de mujeres que comparten el mismo código de vestimenta. En esta era en la que las citas culturales se han convertido en eventos, el look no es solo un divertimento, es parte de una misión. En la gira DeBÍ TiRAR MáS FOToS World Tour el objetivo es entrar en la Casita. Y solo unas pocas lo conseguirán.Desde que Bad Bunny llegó a España hace algo más de una semana, los vídeos en redes sociales de mujeres que comparten todo el ritual de preparación se viralizan. No se trata solo de aprender a maquillarse con tutoriales, ni de identificar las tiendas donde venden esas prendas que cumplan con la estética del Caribe; los get ready with me (Prepárate conmigo, en la jerga social) dan las claves para ser seleccionada por el grupo de ojeadores de Bad Bunny.La elección comienza un poco antes de las 19.30, cuando Chuwi, la banda telonera del artista, termina su actuación. A esa hora sale de la Casita un chico con gorra negra, camiseta blanca y un bolso cruzado. Se camufla entre la multitud porque podría ser cualquier asistente de entre 20 y 25 años. Pero las decenas de chicas, todas vestidas de manera similar, que deambulan alrededor de este escenario saben que no es cualquiera. En redes circula ya hasta su nombre, Jeremy, también le llaman Jere. Es uno de los encargados de elegir a las desconocidas que compartirán con famosos la parte de abajo de esta vivienda típica de la isla. Estos chicos darán vueltas por la pista, pero también por determinadas gradas, según algunos de los vídeos publicados en redes. Son poco habladores, más bien miran y se acercan a algunas de ellas. Cuando la mujer coincide con sus requisitos, se la llevan a la Casita, donde esperarán hasta que Bad Bunny se traslade a este escenario donde se desarrolla parte del concierto.Algunas de las que tienen entrada en la pista se toman tan en serio la misión que negocian desde la valla perimetral de La Casita con varios hombres de seguridad. Ellos sonríen y pasan el tiempo, pero no está en su mano que puedan cruzar esta frontera.La mayoría son mujeres muy jóvenes que no solo comparten outfit, sino que además cumplen con un canon físico normativo: no son gordas, ni superan una determinada edad. Por esta razón, a la misma velocidad que se comparten los vídeos con los trucos para acceder a la Casita, se viralizan las críticas a esta selección. La pregunta más repetida es cómo es posible que el reguetonero que reventó las costuras del género desde su propia estética, hasta participar en movimientos civiles contra el gobernador de Puerto Rico tras la pésima gestión por las consecuencias del huracán María; el que se vistió de mujer y escribió Ella perrea sola para denunciar el asesinato de una chica trans; el mismo que ha convertido su último trabajo en una reivindicación cultural y política de su isla frente a Estados Unidos, perpetúe un modelo tan restrictivo de mujer. El prototipo que, por otra parte, este género urbano, como también sucede en el rap y hip hop estadounidense, lleva décadas promocionando de manera inmune al movimiento feminista. Hay quienes añaden otra capa a este debate: ¿hay que exigirle una coherencia total a Bad Bunny?Ver el concierto solaEliana y Nora no han conseguido entradas juntas, pero aunque estuvieran cerca, si a una de las dos la elige uno de estos ojeadores, no lo dudarían y se separarían. La misma respuesta da Paola, de 20 años. Viene con su mejor amigo, que cuando la escucha decir que va a hacer todo lo posible para entrar en la Casita, agacha la cabeza resignado y dice: “Vengo preparado para que esto pueda pasar”. Los novios, que ya hace años se han convertido en el accesorio perfecto en los conciertos para retratar a sus chicas hasta conseguir la mejor instantánea para publicar en sus perfiles, ahora también asumen que cabe la posibilidad de que se pasen un buen rato solos. “Yo no estoy de acuerdo con esto, si me eligen les diré que voy con él”, dice una chica de origen puertorriqueño residente en Estados Unidos que prefiere no dar su nombre. A su lado, su novio, con un look tan producido como el de ella —tiene hasta un broche de piedras preciosas con la bandera de Puerto Rico—, trata de convencerla de que se vaya sin él.Tras una hora de concierto, Bad Bunny deja el escenario principal y se traslada a la Casita con parte de su equipo de bailarines que se podrá en primera fila. Se abren las puertas de la vivienda tradicional de la isla y salen las actrices Ester Expósito, María León y Ana de Armas, varios jugadores del Real Madrid y el Rayo Vallecano, Marta Ortega, dueña de Inditex (marca con la que colabora el artista) y otras influencers. Junto a ellas, las elegidas por el grupo de ojeadores. En ese momento, se produce un movimiento del público de la pista desde un escenario a otro. El calor y el agobio se hacen insoportables, pero miles de personas están decididas a intentar ver un poco más cerca a su ídolo y, con suerte, ser las escogidas por el cantante para otro fin: gritar Acho, PR es otra cosa, el inicio del tema Voy a llevarte pa PR. Es el grito que en los conciertos de Bad Bunny en Puerto Rico dieron actrices como Penélope Cruz, la cantante Belinda o, en Barcelona, el comunicador Ibai Llanos, entre otros. Un club muy exclusivo al que muchos pugnan por entrar entre el sudor pegajoso y el aplastamiento contra la valla. Hasta ahí se acerca el artista, se pasea, habla con algunos y el que mejor argumento tenga, el que le llegue a emocionar, sale del foso y grita el mantra reguetonero.Justo en ese momento, tres chicas de distintas edades, la más joven cercana a los 40, también vestidas iguales, deciden no dejar su puesto cerca del escenario principal. Momento preciso en el que respiran un poco y gritan mirando hacia la Casita: “¡Queremos gordas!”.
“¡Queremos gordas!”: la Casita de Bad Bunny y la polémica por la selección de mujeres normativas para llenarla
Un grupo de ojeadores recluta entre el público a chicas para que compartan escenario con el cantante y un grupo de famosos
Bad Bunny selecciona para la "Casita" solo mujeres jóvenes de canon físico normativo, generando crítica por exclusión discriminatoria. La contradicción con su postura progresista expone gaps entre valores declarados y prácticas reales de casting en eventos.











