Los maestros catalanes tienen sobradas razones para mostrar su malestar por el estado en que se encuentra la educación en nuestro país y por sus bajos sueldos. Hasta aquí, la opinión pública no puede estar más que de acuerdo. Los continuos resultados de los informes PISA que apuntaban un claro descenso en el rendimiento escolar de los alumnos catalanes han sido un grito constante de alerta estos últimos años. Era normal que el Govern de Salvador Illa se comprometiera a una fuerte inversión de 2.000 millones de euros en cuatro años para revertir esta situación. Pero las cosas se empezaron a torcer cuando los dirigentes sindicales hablaron más de mejoras salariales que de reformas educativas. La presión social arrastró a la Generalitat a añadir otros 726 millones para acabar de pactar con los sindicatos más díscolos.Lo que pocos podían esperar es que el hartazgo o el paso-tismo de los docentes –solo votaron seis de cada diez– provoca-ría que ayer la mayoría del profesorado rechazara en una consulta todas las mejoras. Aún quieren más. Y amenazan con más acciones de presión social en las calles, como las que han protagonizado estos últimos días. Pues no es admisible. Porque la situación de los maestros es mala, pero también tienen razones para protestar médicos, enfermeros, bomberos y otras tantas profesiones que también han perdido poder adquisitivo y a cuyos bolsillos no llega el crecimiento económico que está teniendo España.Lee tambiénSi al final el Govern entra en el terreno de ceder con más concesiones, corre el riesgo de que otros sectores se apunten a este tipo de reivindicaciones. No hace tanto tiempo, por ejemplo, Catalunya vivió una protesta masiva del sector agrícola, que también tiene motivos para exhibir su disgusto.Un grupo de docentes aplaudiendo este jueves a una compañera que descorcha una botella de cava tras conocer el resultado de la consultaRoger Segura / ACNLa Generalitat ha reaccionado manteniendo la subida salarial, pese al anuncio de nuevas movilizaciones de los maestros. Es un gesto. Harían bien los sindicatos que perdieron la votación de ayer en bajar el pistón reivindicativo y empezar una nueva negociación sin más presiones. Porque deben saber que gobernar no es ceder siempre y hay momentos en que hay que decir que no.Director de La Vanguardia desde marzo de 2020. Ha trabajado como redactor en las secciones de Política, Sociedad y Ciudades de La Vanguardia, donde entró en 1992
A veces toca decir que no, por Jordi Juan
Los maestros catalanes tienen sobradas razones para mostrar su malestar por el estado en que se encuentra la educación en nuestro país y por sus bajos sueldos. Hasta aquí, la opinión pública no puede estar más que de acuerdo. Los continuos resultados de los informes PISA que...













