El conflicto educativo en Catalunya parecía encauzado el pasado viernes, cuando la mayoría sindical y el Govern llegaron a un acuerdo in extremis para poner fin a las huelgas. Pero la crisis está lejos de cerrarse y se ha agravado este jueves, con la contundente negativa de la plantilla a avalar el acuerdo y la voluntad de finalizar el curso con más paros.
El resultado de la consulta, organizada por tres de los sindicatos que han convocado las últimas huelgas, deja por ahora más incógnitas que certezas. La conselleria que capitanea Esther Niubó ha querido dejar claro que mantendrá las mejoras laborales y de plantillas pactadas, pero nada hace prever que vaya a reabrir las negociaciones de nuevo, menos aún con unos sindicatos que salen de más divididos de este asalto.
Tras el no de la plantilla, las huelgas se mantendrán y se alargarán la semana que viene –todo apunta a que coincidiendo con la visita del Papa–, pero a partir de ahí se abren los interrogantes. ¿Cuáles son las reivindicaciones docentes que desbordan el pacto? ¿Quién las canalizará ahora y dónde? ¿Habrá movilizaciones el curso que viene?
Y otra pregunta que precede a las demás y que las condiciona: ¿cómo es posible que el profesorado catalán, en concreto más de 32.000 docentes (el 65% de los votantes del censo), hayan rechazado un acuerdo que sellaron la gran mayoría de los sindicatos? USTEC, Professors de Secundària, CCOO y UGT suman en la mesa sectorial de Educación 13 de los 15 asientos, por solo dos de la CGT, que se desmarcó del pacto











