Valerie Solanas, en su primera declaración, confesó que había atacado a Warhol porque “tenía demasiado control sobre mi vida”Años después de haber sobrevivido al atentado contra su vida, Andy Warhol confesó que ese ataque había afectado para siempre su capacidad creativa. “No soy creativo desde que me dispararon porque, después de ese acontecimiento, dejé de juntarme con gente espeluznante”, escribió en su diario. Durante toda su vida, el artista plástico estadounidense más famoso de su tiempo recordó al lunes 3 de junio de 1968 como el día en que había muerto. Cuando lo decía no se trataba de una de esas frases agudas que acostumbraba a pronunciar en cadena sino de un hecho cierto: porque durante un buen rato estuvo literalmente muerto.Eran las cuatro y media de la tarde cuando una ignota artista llamada Valerie Solanas entró en el estudio de Warhol en Nueva York y acertó uno de los tres balazos que le disparó. Los primeros médicos que atendieron a Warhol lo declararon clínicamente muerto, pero el doctor Giuseppe Rossi le masajeó el corazón y lo pudo reanimar. Lo trasladaron de inmediato a la sala de operaciones y, mientras los cirujanos luchaban por salvarle la vida, el director del hospital, Massimo Bazzini, informó a la prensa que el artista había recibido un disparo que “atravesó el lado izquierdo del tórax, luego el derecho y salió causando daños en los pulmones, el esófago, el hígado, el bazo y el estómago”. PUBLICIDADDespués de una operación de más de seis horas, Warhol estuvo internado en terapia intensiva durante una semana y debió quedarse casi dos meses en el hospital antes de que le dieran el alta. Estaba recuperado de las heridas físicas, pero no de las emocionales. “Antes de que me dispararan, siempre pensé que estaba más a medias que completamente presente; siempre sospeché que estaba viendo la televisión en lugar de vivir la vida. A veces dicen que lo que sucede en las películas es irreal, pero en realidad es lo que sucede en la vida lo que es irreal. Las películas hacen que las emociones parezcan tan fuertes y reales, mientras que cuando te suceden de verdad, es como ver la televisión: no sientes nada. Justo cuando me dispararon, y desde entonces, supe que estaba viendo la televisión. Los canales cambian, pero es solo televisión”, contaría después.Otra cosa que lo dejó impactado para siempre fue que ese ataque pudo haberse evitado, porque para cuando Solanas apretó el gatillo contra su humanidad hacía horas que la policía había recibido aviso de que alguien quería matarlo y no hizo nada para impedirlo. Esa mañana, Solanas llegó temprano y sin cita previa a la residencia de la productora de cine Margo Feiden para exigirle que produjera su obra Up your ass (“En tu culo”). Discutieron más de dos horas, porque Feiden se negó una y otra vez. No le interesaba, era demasiado sucia, le dijo. Era ya casi la una de la tarde cuando Solanas sacó un arma que llevaba en una bolsa y amenazó: “Sí, la vas a producir porque le voy a disparar a Andy Warhol y eso nos hará famosas a mí y a mi obra”.PUBLICIDADSin esperar respuesta, después de pronunciar la amenaza Solanas se levantó y se fue. Apenas se repuso del susto, Feiden tomó el teléfono y llamó sucesivamente a la comisaría local, a la de la jurisdicción que correspondía a The Factory, el estudio de Warhol, a las oficinas del alcalde de Nueva York, John Lindsay, y las del gobernador Nelson Rockefeller para avisar que Solanas pretendía matar a Warhol. Sin suerte en todos los casos. En una de las comisarías, el agente que la atendió le respondió, tajante: “No se puede arrestar a alguien porque usted cree que va a matar a Andy Warhol… Además, señora, ¿cómo sabe usted que era un arma de verdad?”. La cuestión es que el arma sí era de verdad, un revólver calibre 32, y la intención de Solanas también era cierta. Quedó demostrado esa misma tarde cuando le disparó tres veces a Warhol en The Factory. Erró los dos primeros balazos, pero el tercero impactó en el abdomen.PUBLICIDADEl atentado contra Warhol fue directo a los titulares de los diarios de Estados Unidos