Andy Warhol fue uno de los primeros artistas en comprender el potencial simbólico de Marilyn. El artista utilizó por primera vez su imagen el mismo año de su muerte, en 1962. Una de las fotografías promocionales de la actriz en Niagara (1953), con los ojos entrecerrados y los labios abiertos, apareció desde entonces en numerosas serigrafías, como Gold Marilyn, Marilyn Diptych o One Hundred and Fifty Multicolored Marilyns.
Esas repeticiones de su rostro en colores brillantes acabaron convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles del arte pop. Sobre ese trabajo basado en la repetición, Warhol decía: «Cuanto más miras exactamente lo mismo, más se desvanece el significado y más vacío te sientes».
Warhol fue el primero, pero no el último. Artistas como James Rosenquist, Richard Hamilton o Pauline Boty también recurrieron a su figura para sus obras. Con el paso de los años, Marilyn pasó a formar parte del repertorio visual del arte contemporáneo, al nivel de otras imágenes icónicas del siglo XX.
Incluso, una exposición en la National Portrait Gallery de Londres, que se inaugura esta semana, reúne parte de estos cuadros, acompañados de numerosas fotografías con motivo del centenario del nacimiento de la actriz.










