Actualizado a las 23:02h.

Hacía surcos con el hocico Buenacara, un gran toro de José Escolar, el de más clase y entrega del cuatreño y serio conjunto. Y otra vez, como aquella tarde de hace tres años con Cartelero, el mejor cárdeno se topó con Gómez del Pilar, muy ... importante con el toro. Humilló con bravura este 45, pero no era sencillo cogerle el ritmo. El madrileño, que cuidó a su lote en varas, fue amasando aquella embestida en una faena a más que se vio incordiada por las molestas rachas de viento. Fue casi mediada la labor cuando brotó lo más intenso, con temple y enorme mérito. Aunque el derecho viajaba con más largura, hubo unos zurdazos fantásticos, buscando la colocación, enfrontilado, de uno en uno. Cuando regresó a la mano de la cuchara lo hizo sin ayuda para dibujar muletazos al natural. En el arca de Noé, nombre del torero, se hacía hueco ya para la oreja que se había ganado, pero se entretuvo en una serie última, con el aviso en lo alto. La media estocada no fue suficiente y al personal le mosqueó mucho la rueda de peones. El segundo aviso y el descabello enfriaron más la plaza, aunque Gómez del Pilar mereció al menos recorrer el anillo. Con unos rácanos saludos tuvo que conformarse.