Actualizado Mi�rcoles,
julio
21:42Vino Cebada Gago a dictar una lecci�n contra el toro feo y destartalado con una corrida guapa, hechurada, seria pero torera, arm�nica y cinque�a entera. Y encima fue buena, en el sentido de noble y franca. A falta del toro extraordinario, o de mayores grados de poder y bravura, los cebadas -los seis- fueron la mar de toreables, y esto no s� si satisfar� a sus partidarios, siempre �vidos de mayores dosis de tensi�n. A quienes defendemos la teor�a de las hechuras nos colm� de felicidad. David Galv�n, que debi� salir a hombros, y Manuel Diosleguarde dejaron las noticias positivas de la torer�a andante con una oreja en sus respectivos esportones. Debutaban los dos en San Ferm�n y volver�n. La consolidaci�n de la nueva vida de Diosleguarde se va trenzando, tarde a tarde, con ilusionantes argumentos. Y tambi�n me proporcion� felicidad. Hab�a abierto plaza un toro de imponente cabeza, una armon�a cierta en conjunto pese a la despampanante testa. Ya sali� con un temple suave, pronosticando un poder preciso y una condici�n boyante. David Galv�n debut� en Pamplona —14 a�os despu�s de su alternativa— con un saludo vibrante, una larga cambiada de rodillas, lances mirando al tendido, chicuelinas y, finalmente, una larga ofrecida al sol. Todo lo tom� el toro con buen embroque, abri�ndose y solt�ndose. Notas de facilidad para el toreo. Sostuvo ese mismo son toda la lidia, sin hacer un feo. Galv�n arranc� la faena con pases cambiados por la espalda para captar la atenci�n del p�blico, y cuando solt� la izquierda el cebadita lo hizo bien tambi�n, a falta de un pasito. Pero la mano fue la diestra, por donde el gaditano construy� una obra sin exigencias, natural, buena. Quiz� ped�a un cambio de pit�n al menos una serie antes —cuatro consecutivas de derechazos se hicieron muchas—, pero al aire noble del toro le faltaba un paso al natural, ya digo. Un cierre de rodillas subi� la emoci�n y un espadazo tendido la rebaj�: la lenta agon�a penaliz� y la petici�n no acab� de trepar con fuerza. Pase� una vuelta al ruedo.David Galv�n se desquit� con un cuarto que se hac�a una verdadera pintura. No s�lo por el pelaje, sino por el hocico, las hechuras, las sienes estrechas, la conformaci�n de la encornadura, tan seria y tan torera a la vez. Tra�a buena condici�n, no tanto el poder para desarrollarla en plenitud. Galv�n lo midi� en el caballo, lo tore� a media altura, lo apret� cuando fue menester y levant� una faena con mayor expresi�n est�tica que la anterior. O al menos a m� me toc� m�s su homogeneidad art�stica. Una serie ofreciendo el pecho, ya con medios viajes del toro, desprendi� una enorme belleza. Abroch� con otros molinetes de rodillas y cobr� una estocada con eficacia para cortar la oreja que tambi�n debi� cortar antes. Positiva tarde del gaditano.Otro toro que ven�a con una l�mina hermos�sima era el tercero, el 78, un tal Cepillito, por el que todo el mundo apostaba. Hab�a razones para creer, y la intenci�n la llevaba dentro. Muy notable el estilo. Pero severos problemas de coordinaci�n en su motricidad impidieron que cuajara como el gran toro que le falt� a la corrida. Manuel Diosleguarde, quien hace cuatro a�os casi pierde la vida con una corrida de Cebada Gago en Cu�llar, firm� con categor�a todo lo que apunt� su mano derecha. La cosa malandada del cebada se complicaba al girar, y ese lastre pes� para ordenar y hacer despegar la faena. Qued� el inter�s de verle en el siguiente; Diosleguarde respondi� con creces. Embest�a ese c�rdeno sexto —no tan guapo, pero hechurado— muy humillado, durmi�ndose, a veces con cierto gazapeo, pero con expresividad all� abajo. Lo esper� siempre el joven salmantino proyectando de nuevo su resurrecci�n. Firmeza, cabeza y ahora espada. Menuda estocada. Una oreja ganada en justicia.Rom�n sali� damnificado de Pamplona. No fue el mejor lote, pero no se com�a a nadie. Hacienda le ha debido de quitar hasta el valor. Tarde obtusa la suya. Es cierto que no se movi� sembrando esperanzas precisamente el segundo, armado y escurrido, desacompasado. Pero, aunque mir� mal con el ojo izquierdo, por la mano derecha se estir� con largo viaje. Tom� el valenciano unas precauciones impropias, ya desde el caballo, ese puyazo en la querencia con el tercio cambiado y en plan ya que estamos.... Luego, cab�a una pelea de perros en la muleta. La espada fue el term�metro por aquel modo de correr al salir del volapi�. Y volvi� a serlo con un quinto obediente de marcadas querencias con el que hizo un esfuerzo por sobreponerse que no col�.Monumental de Pamplona. Mi�rcoles, 8 de julio de 2026. Cuarta de feria. Lleno. Toros de Cebada Gago, todos cinque�os; serios, hechurados, guapos; nobles los seis, a falta de un grado m�s de poder y bravura. David Galv�n, de verde botella y oro. Estocada tendida. Aviso (leve petici�n y vuelta); estocada (oreja). Rom�n, de sangre de toro y oro. Bajonazo trasero (silencio); dos pinchazos, otro hondo (silencio). Manuel Diosleguarde, de blanco y oro. Pinchazo y media pasada y rinconera (silencio); gran estocada (oreja)











