Después de que los cuatro primeros toros no permitieran el más mínimo lucimiento de los toreros, Damián Castaño era consciente de que el quinto, fuera bueno o malo, era la única posibilidad que la vida la ofrecía para mirar su temporada con algo más de tranquilidad. Se caló la montera, tomó la muleta y la espada simulada y allá que se marchó a la guerra, pero a una de verdad y no como las de las películas.Al otro lado de la trinchera le esperaba un contrincante —un enemigo, mejor—, con malas pulgas y la escopeta cargada, con unos pitones largos y astifinos, y una mirada retadora que daba auténtico miedo. Era un toro de José Escolar, de 572 kilos de peso.Pero Castaño sabía que ese oponente era la puerta de su futuro, y que no podía dejarse llevar por el instinto de supervivencia y mucho menos por el miedo. Y decidió jugarse la vida. Literalmente.La pelea fue brutal, a muerte; los golpes resonaban en el silencio ensordecedor de la tarde. A la plaza de Las Ventas se le hizo un nudo en la garganta, se cortaba la tensión con el cuchillo del peligro inminente, de la cogida inevitable y de ese pensamiento que revolea en las cabezas en momentos así: ¿cómo es posible que un ser humano se olvide de su cuerpo por un sueño terrenal?Pues lo es, y esta tarde lo ha demostrado Damián Castaño, un torero heroico y cabal, fijo en las corridas más duras, esas que te hacen perder peso por el sudor frío que te baña la espalda, y que se erigen en rubicones que solo te abren la puerta si eres capaz de dar el sinuoso paso que separa la vida de la muerte.Sea como fuere, Castaño volvió a demostrar una vez más que quiere seguir toreando, y para ello peleó como los grandes, a sabiendas de que en cualquier momento podía volar por los aires. Incierto el toro, con la cara siempre a media altura, desarrollando sentido en cada muletazo, con la vista perdida a la búsqueda del cuerpo del hombre, gañafones y tornillazos al aire… y el hombre que no le vuelve la cara y culmina un esfuerzo inaguantable para todos. Toda la plaza estaba sudando de miedo cuando Damián Castaño montó la espada. Pinchó, el toro lo persiguió con saña, perdió el equilibrio el torero y un capote providencial que portaba el subalterno Toñete alejó milagrosamente el inminente peligro. Castaño dio una merecida vuelta al ruedo que era algo así como un pasaporte para una nueva resurrección del torero que cada tarde —con más motivo en San Isidro— pone sobre la mesa su futuro.Minutos antes, otro subalterno de su cuadrilla, Rubén Sánchez, andaba en labores de lidia de ese quinto toro con el capote en el tercio de banderillas, y tras un regate lo levantó por los aires y lo estrelló contra el suelo. El parte médico indica que su estado es grave.El sexto fue el único que mostró mejor condición, lo que fue aprovechado por Gómez de Pilar para montar un trasteo de valeroso oficio en el que sobresalió un par de estimables tandas de muletazos por ambas manos, aunque no pudo poner el colofón deseado a la faena por su empeño incomprensible de alargarla de modo innecesario, lo que dio lugar a que sonaran dos avisos, que ya le ocurrió ante el tercero, reservón, dificultoso y sin claridad alguna.En fin, que la corrida de José Escolar llamó la atención por la belleza de su estampa, por su astifina cornamenta, por su mansedumbre, su brusquedad y su peligro, y así no es posible hacer el toreo. No lo pudo hacer Castaño en su primero, al que sí le robó algunos muletazos de mérito, ni Pepe Moral, que se las vio, primero, ante un animal muy descastado y, después, ante un manso y muy soso cuarto.Escolar / Moral, Castaño, Del PilarToros de José Escolar, muy bien presentados, astifinos, mansos, descastados, duros y peligrosos; encastado y muy complicado el quinto, y el sexto fue el único que se dejó torear en el tercio final.Pepe Moral: estocada desprendida -aviso- (silencio); pinchazo, media caída, seis descabellos y el toro se echa (silencio).Damián Castaño: dos pinchazos, estocada trasera y un descabello (silencio); pinchazo, estocada desprendida y un descabello (vuelta al ruedo).Gómez del Pilar: dos pinchazos -aviso-, pinchazo, cinco descabellos -segundo aviso- y cinco descabellos (silencio); -aviso- media estocada -segundo aviso- y dos descabellos (ovación).El subalterno Rubén Sánchez, de la cuadrilla de Castaño, fue cogido durante el segundo tercio del quinto toro, y sufre una herida en el hueco poplíteo derecho con una trayectoria hacia delante de 10 centímetros, y una segunda de 15 centímetros en dirección ascendente que produce lesiones en músculos isquiotibiales. Traumatismo facial y erosión en dorso de la nariz. Pronóstico grave.Plaza de toros de Las Ventas. 2 de junio. Vigésimo segundo festejo de la Feria de San Isidro. Casi lleno (19.553 espectadores, según la empresa).