Actualizado a las 23:26h.

¿Querían ver ustedes a Exiliado? Pues cerca de las nueve y media apareció aquella mole de 715 kilos. Desterrado se quedó en el corral de los sobreros, pero había generado runrún desde el sorteo por su tonelaje. Aquella montaña de carne, a contraestilo de ... las hechuras del toro bravo, no traía aroma de laureles. Acusó su romana y no le sobró el fuelle: tercer pañuelo verde. Ya habían salido los dos sobreros anunciados en el programa y la gente se preguntaba qué aparecería por chiqueros. Pues uno de Torrealta al que las fuerzas tampoco lo acompañaban. Y eso que Pilar Prado había lidiado antes a Curioso, un sobrero que regaló las más rítmicas embestidas y con el que la magia de Talavante alivió, pero no salvó (la tarde no la salvaba ni Belmonte resucitado) el tostón. De soberano sopor. Ni buena ni mala, ni mala ni buena, fue la corrida de Garcigrande, que navegó entre dos aguas: las del querer y las del apenas poder. Una escalera, presentida ya desde que hubo que reconocer una docena de toros para que se aprobasen siete. Qué ojo el de los veterinarios. ¡Vaya tardecita! Insufrible y con una largura que nunca acababa. ¿Allí nadie había quedado para cenar?

Corrida de toros