China ha reaccionado airadamente a los planes de Europa de imponer condiciones a sus inversiones en el continente europeo. Es una buena señal. Indica que las propuestas van en la dirección correcta y pueden perturbar la estrategia del gigante asiático.

La legislación debe asegurar, básicamente, que las inversiones chinas en la Unión Europea cumplen unos requisitos similares a los que se piden a las empresas europeas cuando invierten en China. No se trata solo de que las empresas chinas que no cumplan no puedan acceder a subsidios europeos o a la contratación pública. La legislación debe ir más allá y afectar a la propia naturaleza y viabilidad de las inversiones chinas en el continente. Se trata de incrementar el contenido europeo de las cadenas de suministro y la transferencia de tecnología; asegurar que las inversiones no sean simplemente plantas de ensamblaje para sortear aranceles y proteger la soberanía europea en aquellos sectores considerados estratégicos, en los que no es recomendable tener una dependencia excesiva de proveedores chinos.

Estrategia

El gigante asiático trata de penetrar en Europa invirtiendo en aquellos países que le imponen menos condicionesEn el mundo actual, tanto China como EE.UU. pueden utilizar esa dependencia para obtener concesiones políticas de Europa. La confianza y las reglas que regían las relaciones internacionales se han erosionado gravemente en los últimos tiempos y la UE no puede ignorar esta realidad cuando trata con las dos grandes potencias.