No hay motivos para pensar que Pekín pueda negarse a que la Unión Europea le imponga condiciones razonables

Fábricas de coches y baterías eléctricas, puertos o fusiones y adquisiciones de empresas europeas. Estas son algunas de las grandes inversiones chinas en Europa estos últimos años. Y es lógico, pues la economía y empresas chinas llevan tiempo internacionalizándose. Tras África, Latinoamérica o el Sudeste asiático, le ha llegado el turno a Europa. Incluyendo España,

doble-de-su-poblacion.html" data-link-track-dtm="">toda vez que CATL va a construir una fábrica de baterías eléctricas en Aragón.

La inversión china ha de ser bienvenida, pues genera actividad económica y cientos, cuando no miles, de puestos de trabajo. No obstante, Europa ha de evitar el colonialismo económico del que cada vez un mayor número de líderes políticos, empresarios y trabajadores de otros países con mayor experiencia en recibir inversión china llevan tiempo avisando, cada vez de manera más abierta.

En este sentido, las inversiones de otros países asiáticos marcan la hoja de ruta a seguir. Distintas empresas coreanas, japonesas y taiwanesas llevan décadas montando fábricas y apoyando la construcción de infraestructuras en distintos países europeos. Y su modelo beneficia tanto a las empresas inversoras como a los países receptores de la inversión.