La Comisión condiciona las ayudas públicas a la compra de coches eléctricos a que estos tengan un 70% de componentes europeos

El camino hacia la autonomía económica y estratégica en el actual escenario geopolítico pasa por la industria. La Unión Europea parece haberlo entendido de una vez y se ha lanzado a revitalizar las áreas más estratégicas del sector. Con este objetivo, la Comisión ha impulsado una serie de medidas que pretenden dar preferencia a los productos made in Europe en el vasto mercado interior o condicionar el acceso al mismo a que los inversores —chinos, sobre todo— contribuyan a alcanzar la meta de reindustrialización del Viejo Continente. “Viendo lo que pasa en Irán, debemos reforzar sectores estratégicos. Sin una base industrial fuerte, no hay autonomía estratégica”, ha argumentado el vicepresidente de la Comisión Europea Stéphane Séjourné al presentar la iniciativa este miércoles.

Ya hace tiempo que la UE se marcó como meta recuperar la competitividad de su economía en general y de su industria en particular. Pero la nueva realidad geopolítica y la seguridad económica han convertido este objetivo en una necesidad imperiosa. Y esto último obliga a que la Comisión plantee medidas que hace poco más de un año hubieran sido rechazadas por el propio Ejecutivo de la Unión por ir contra las normas del mercado. Es un “cambio de doctrina”, ha señalado el francés Séjourné, parafraseando el “cambio de paradigma” con el que se defendían las grandes inyecciones de dinero público que se aprobaron durante la pandemia, tan contrarias a la austeridad defendida hasta entonces desde Bruselas. Grandes sacudidas que provocan cambios profundos en las instituciones.