La mayor parte de los premios, literarios o no, o bien son honoríficos o están dotados con dinero, o ambas, pero hay uno que pide, al cabo de unos meses, presentarse a examen: tras recibir el Premi Òmnium a la Millor Novel·la de l’Any con La gran família (Club Editor), Antònia Carré-Pons fue ayer al Institut d’Estudis Catalans a pasar la reválida.Medievalista e hija de charcuteros como la protagonista de la novela, pero también escritora y editora, Carré-Pons se presenta asegurando que ha estudiado, pero todo el mundo es consciente de que aquí se viene aprobado de casa, y si acaso, se puede subir nota. En vez de pasar por el despacho del profesor o hacer un trabajo, hay un gran tribunal con el público de la sala y el que asiste en la distancia del streaming, bajo la mirada atenta de los interrogadores, los novelistas, articulistas y académicos Màrius Serra y Xavier Bosch, benévolos como no puede ser de otra manera, y más si la examinada cuenta con su editora, Maria Bohigas.Lee tambiénLa introducción va a cargo de dos vicepresidentas, Mila Segarra por el IEC, que como “lectora potente” elogia Carré-Pons porque es una “escritora potente”, y Elena Subirà recién elegida a la junta de Òmnium, que destaca la colaboración entre ambas instituciones.Bosch plagia la primera pregunta que Jordi Basté les hace a los escritores que presentan libro en El món a RAC1, que es tan fácil como envenenada: “¿De qué va tu libro?”. La escritora se sorprende y medio duda, pero responde hablando de L’auca del senyor Esteve de Rusiñol y la conversación se eleva hablando de emociones, valores morales y literatura. Bosch pregunta por los sonidos y olores como retos literarios sensoriales, que la IA no puede recrear, y ella replica que su memoria no es artificial: “No he comido nunca ni comeré butifarra negra, porque he visto a mi abuelo como la hacía”. “Ni manitas de cerdo, tampoco, porque he depilado muchas!”, añade bromeando.A pesar de las muertes que salen en el libro, la autora explica que “no quería hacer una historia dramática ni hacer llorar a la gente, ni que fuera azucarada, porque entonces nos sube la diabetes”, explica, y Bosch asiente que hay más sensibilidad que sensiblería. “Un recuerdo trabajado por el tiempo pasa a ser literatura”, propone Bosch antes de hacer una lectura del libro en horizontal y en vertical, en capas geográficas y vitales.Maria Bohigas, Antònia Carré-Pons y Màrius Serra, durante el 'examen' en el Institut d'Estudis CatalansMiquel Gonzalez / ShootingDespués de la parte teórica, pasan a la práctica y con Serra y Bohigas se entretienen en hablar sobre el lenguaje del libro. “Antònia sabe muy bien cómo quiere escribir, tiene una congruencia muy grande y viene con el instrumento perfectamente afinado”, señala la editora. Carré-Pons reconoce que no se ha estudiado una de las preguntas de Serra sobre su variante lingüística, pero contesta explicando que aunque fuera de Terrassa, en casa su familia hablaba en un catalán oriental de Lleida, con el añadido de que su madre hablaba con muchos refranes: “¡A veces hasta parecía Sancho Panza!”.“Hay palabras que la academia tarda en aceptar pero la realidad se impone”, añade, y distingue entre quarto y matadero: una sí y la otra no, que Bohigas atribuye a un buen oído y distingue entre modelo lingüístico e intención literaria, que es lo que hace que su mundo sea consistente, y llegan a un decálogo inacabado –de nueve puntos– sobre los valores del comercio familiar que podría servir a todo el mundo para vivir sin suspender.Primero como estudiante, después como profesora de instituto y de universidad, Carré-Pons ha hecho todos los papeles de un examen, e incluso libros de texto para prepararlos, pero seguro que hasta ahora no había pasado ninguno sin nota. Se nota que no le hace falta.Redactor de Cultura. Autor de 'Febre amb gel (Fonoll, 2023) y 'Roger Mas. La pell i l'os' (Satélite K, 2011). Licenciado en Periodismo (UAB) y en Filologia Catalana (UB)