Pasear con el periodista Paco Alonso, redactor en RTVE y articulista semanal de La Vanguardia, por el Mercat Central de València es un ejercicio fascinante. Él, que se desenvuelve como nadie entre paradas y comerciantes, sabe dónde llevarte, te cuenta los secretos, te presenta a los tenderos y comparte con generosidad los saberes de quien disfruta cada sábado, como un enano, comprando en el primer mercado de València. Un edificio imponente, al que le faltan dos años para celebrar el centenario, y que desde hace tiempo es parada obligatoria en los tours turísticos, al que Alonso le dedica su nuevo libro, La cultura del mercat (Bromera, 2026) casi como un adelantado homenaje. “Es mi tributo personal”, explica mientras conversamos en uno de los bares, próximos, donde le reciben como cliente habitual y gastrónomo. Porque Alonso es referente en el periodismo gastronómico valenciano y este libro es su tributo al Mercat Central que tanto quiere.¿Cuándo empezaste a escribir, a comunicar, sobre gastronomía?Fue en Las Provincias, con Francisco Pérez Puche. La gastronomía siempre me ha gustado mucho. Soy de madre gallega y padre valenciano, los dos fueron grandes cocineros, tenían un bar y yo hacía mis pinitos. Cuando tenía 16 años ya gané un concurso de paellas en la Pobla de Farnals... Siempre, siempre me ha gustado mucho y es lo que está perdiéndose. Yo he cogido todas esas cosas de nuestra base cultural gastronómica, pero no he descubierto nada, las destaco. Y al destacarlas, la gente se da cuenta de las cosas que tiene, y muchos se sienten orgullosos e incluso algunas cosas se han convertido en tendencia. Ojalá el mercado se haga tendencia.La portada de 'La cultura del mercat', dedicado al Central de València Miguel Lorenzo / Colaboradores¿Qué te preocupa?Pertenezco a un grupo de personas, que somos los últimos compradores del Mercat Central, que sentían el mercado, y a los que han enviado a comprar de chiquititos allí y se han desenvuelto y han tenido la suerte de aprender una comunicación que ya no existe. La gente joven conoce el mundo de la mercadotecnia aplicada desde la gran distribución y ahí no se habla. En un mercado necesitas hablar para pedir la tanda, para decirle al carnicero, al pescatero, lo que quieres, o para que te aconsejen. Lo confieso. Los millenials tenemos ansiedad a la hora de pedir en la pescadería... y acabamos comprando salmón.Sí, con la de variedades que hay y el salmón es el único que no es nuestro. En ese cambio de tendencia, el pescado es el que más lo sufre, son los primeros en caer. De todas las paradas del mercado, y un ejemplo es este Mercat Central, se observa esto que comentas, esa falta de comunicación y esa falta de conocimiento del producto, y ese rechazo a la complejidad la ha sabido entender perfectamente la gran distribución y por eso te lo dan todo en bandejas, limpio, preparado... Las pescaderías se acaban convirtiendo en mostradores donde venden ostras con cava.¿Manda ahora el turista?Tengo en el libro una frase muy curiosa que resume muy bien todo lo que es el mercado ahora. (Lee) ”Friendly con los turistas, que aunque no hagan shopping de la forma en la que estamos acostumbrados, sí que hacen tasting and delivery y se dejan un poco de cash”. Esto es el Mercat ahora. No les puedes negar a esta gente que consuma dentro, aunque realmente solo hay un bar dentro, el de Ricard Camarena, como explico en el libro.Tu libro es una defensa acérrima de la importancia del mercado.Sí, porque alrededor del mercado surge toda nuestra sociedad, toda nuestra civilización. En las ciudades eran puntos donde la gente se reunía a comprar y vender y se concentró la población, los primeros oficinas, los primeros trueques, los intercambios... De ahí vamos, de la moneda hasta los mercados. Los mercados son tremendamente importantes. ¿Por qué los sustituimos ahora? ¿Por un punto de logística, una nave donde solo vamos a recoger mercancía? Aunque, bueno, los supermercados también están abocados a desaparecer. Creo que serán otra cosa. Y estoy seguro que, de aquí a unos años, habrá un pacto entre la gran distribución para entrar en las casas y tendrás en el ombligo un interruptor, te enchufarás y recibirás el nutriente que necesites, de polvo de grillos o de la proteína que sea.¿También crees que ya no se cocinará en los hogares?No, pero hablo de la perversidad porque realmente nos están quitando la libertad de elegir. Ahora vamos al supermercado porque creemos que elegimos la marca, pero eso no es elegir ese tomate, esas cerezas... Eso sí es independencia. En la pandemia los mercados tuvieron un momento importante porque tenemos una ciudad isla y somos tierra de mercados. Es tan importante el mercado que me da mucha pena. La gente me pregunta '¿por qué has hecho un libro del Mercat Central, si aún faltan dos años para el centenario?' y digo 'Porque no sé si llegará'. Alonso, durante la entrevista Miguel Lorenzo / ColaboradoresEn el libro recoges la reflexión del arquitecto David Calvo cuando dice que el Mercat Central de València es “demasiado bonito para ser un mercado”. Esa frase nos hace pensar, claro que sí. En diez años se acaba la concesión administrativa y los comerciantes piensan que habrá otra prórroga, como se ha hecho siempre, pero ahora esto es como Disneylandia. Un ejemplo: hace poco se ha traspasado una parada y su propietario quería que se la quedara algún vendedor del mercado. Cuando la puso a la venta, estaba casi pactado ya y llegó un empresario -que ya trabaja en el mercado- y ofreció 150.000 euros. Aquí no se habían pagado nunca esos precios. ¿Cuál es la realidad en los otros mercados?En muchos se han ubicado supermercados en sus instalaciones y entonces los primeros acaban languideciendo. En cambio, donde hay músculo de barrio, donde hay vecinos, sí que hay mercados, y el de Algirós es un ejemplo. Muchos inmigrantes cuando llegaron con el boom venían aquí a comprar, pero ahora ya han encontrado su espacio en los barrios. Mucha gente de los alrededores, de Benimaclet, de Moncada... viene el fin de semana, pero antes de las nueve de la mañana, porque luego ya no se puede maniobrar bien de la gente que hay. Y se abren negocios: carnicería que cierra, delivery de paellas que montan; tres han abierto en el último año.¿Los mercados se han sabido adaptar a la realidad? Los horarios no son accesibles para todos.Pensemos en los vendedores de verduras. Están en Mercavalència cuando abre la Tira de Comptar, para llevarse lo mejor tienen que estar un poco antes y hay días que tienen que dormir aquí. Ahora abre la parada, prepara todo. A las siete ya abre. ¿Quién viene aquí tan pronto? Nosotros porque venimos espoleados por los turistas, pero el resto de días tan pronto no hay nadie. Abrir la puerta de este mercado por la tarde sería una locura por lo grande que es, por la seguridad, la limpieza que necesita... Paco Alonso, en la parada de anguilas El Galet Miguel Lorenzo / Colaboradores¿Y en el resto de mercados? Hablas también de esa generación joven que es sensible al producto de proximidad, a la sostenibilidad... Hay muchos modelos de mercado, pero hay un modelo de mercado de barrio, el del Grao, que da una oportunidad para todo porque se ha construido sobre la planta de un mercado antiguo y procura que haya verdura fresca, pescado fresco, charcutería, huevos... Lo tiene todo como mercado, con unos horarios súper flexibles, y tiene de todo, atiende a la Generación X incluida, y está abierto hasta las ocho de la tarde. Y el Mercado de Colón también está abierto de tardes para cuando la gente pueda ir, pero no tiene prisa por las mañana. Hay mucha variedad en València.En el libro abres muchas ventanas, sirves un menú variado para analizar lo que está pasando en los mercados. Es lo que quería, poner al Mercat Central delante de su espejo. Porque tengo una sorpresa preparada para la presentación del libro, que es el 11 de junio en el Mercat y luego en el Centre Octubre. Quiero abrir un debate sobre el futuro del mercado.Enfocas el libro desde una militancia muy convencida como comprador de mercado.Sí, pero es que desde esa militancia también nos lo pasamos muy bien. Aquí tenemos una variedad de producto que no la puedes encontrar en otro sitio. ¿Dónde encuentras roget para la paella, garrofón fresco, trufa? Yo vengo feliz a comprar con mis bolsas de tela.¿Eres un nostálgico? ¿Hay futuro para los mercados?No lo soy. Es que estoy convencido que hay futuro porque sé que habrá una reacción a todo lo que está pasando, a toda la digitalización, a la inteligencia artificial... Estoy seguro de que volveremos al papel, a la escritura y a la caligrafía. Ya se han visto las carencias que da la excesiva digitalización y el excesivo procesamiento y habrá una rebelión, seguro. No rebelarse sería dejar morir muchas cosas. No sé si habrá un triunfo, o si yo lo veré, pero una incipiente tendencia a todo eso sí que la veo.Paco Alonso, periodista, escritor, agitador, en una de las paradas del Mercat Central Miguel Lorenzo / Colaboradores¿Qué noticia te gustaría dar sobre el Mercat Central de València?Que hay mercado para rato. Con que fuera garante de lo que es un mercado y pudiéramos apreciar todos la cultura del mercado, lo que ha significado este mercado en la vida de los valencianos a lo largo de la Historia... Me gustaría contar que es un museo etnográfico, pero de venta de producto. Un mercado parado en el tiempo, en el año en el que coge las riendas Vicenta Lloris (presidenta de la asociación de comerciantes entre 1986 y 1998). Ellos ponen seguridad, el mercado se blinda y entonces empieza a ser el mercado donde había de todo. Eso es, lo que me gustaría es que fuera el gran expositor de la cultura y la gastronomía valenciana.Redactora en la Comunidad Valenciana. Escribe de actualidad empresarial y sociedad. Ha trabajado en VIA Empresa y Canal 9, y fue becaria en Las Provincias. Es licenciada en Periodismo y Comunicación y tiene un Máster en Periodismo Digital