Trabajo como profesor en un instituto público de Alcoy (Alicante) desde hace más de 15 años. Este curso escolar imparto clases de Filosofía en 4 grupos de 1º de Bachillerato (30-35 por aula) y de Educación en Valores en 3 grupos de 4º de ESO (20-30 por aula), casi un total de 200 alumnos para mí solito. Cap problema, los profes de corazón somos unos campeones del servicio, y la ratio de los años anteriores no fueron mejores. Esta cantidad de alumnos por aula hace que, entre otras, la atención sostenida en clase se vuelva odisea para unos cuerpos presentes de 7:55 a 15:05, y que la corrección en casa de trabajos y exámenes pase de suplicio a calvario. No es la queja banal la que alienta estas palabras, pero en mis más de 20 años de docente no he tenido ni un solo día de libre disposición, y solo he estado de baja una vez por un accidente que tuve al acompañar al alumnado en una actividad extraescolar fuera del horario lectivo. Poca gente lo sabe pero muchos profesores enferman a principio del verano por la bajada del cortisol y adrenalina tras acumular meses de estrés crónico en las aulas. No es un mito. La salud mental de los maestros y profesores es cada vez más delicada. El burnout docente sigue creciendo y sigue quemando vocaciones.