Es posible que el Gobierno de S�nchez caiga no por sus enormes y duraderas responsabilidades pol�ticas, sino por temas judiciales.En una de esas noches de mayo en que te preguntas si est�s en marzo por las lluvias y las temperaturas inclementes, decid� cenar pizza para alegrar el final de la jornada. Me la entregaron en su caja de cart�n. El estr�s, ya se sabe, gasta malas jugadas y empuja a la observaci�n obsesiva de los detalles nimios.Me fij� en la tapa del cart�n antes de abrirla. La imagen central en ella dibujada era la de un pizzero con bigote negro y cara bonachona que iba horneando una pizza. Al lado del pizzero estaban apiladas en el dibujo unas cuantas cajas de cart�n como la que llevaba en mi mano. En cada una de esas cajas del dibujo, a su vez, se ve�a, con los mismos trazos y colores, la imagen de un pizzero con bigote negro y cara bonachona que iba horneando, etc, etc.Es decir: la imagen del pizzero y de su contexto se repet�a ad infinitum dentro de la imagen misma, en cada caja que, a su vez, ten�a dibujada una caja con el pizzero, y as� siguiendo. El bucle neuro-filos�fico estaba servido, junto con una "cuatro estaciones".Resulta que ese recurso, situaci�n o concepto (en este caso, visual) se define como "recursi�n" o "recursividad", y en realidad su uso mayoritario halla lugar en la programaci�n inform�tica y en matem�ticas.Para los que somos de letras, m�s comprensible es la utilizaci�n que se hace de la recursi�n en ciencias sociales y, ocasionalmente, en el humorismo recursivo, en el que una misma situaci�n se manifiesta como circularmente repetitiva y, por agotamiento, deber�a causar la risa en quien escucha o lee el chiste.En las ciencias sociales, algunos estudiosos identificaban la recursividad como un riesgo para los soci�logos y polit�logos. La profesora brit�nica de Ciencias Pol�ticas Audrey Alejandro detecta el problema de forma (recursivamente) clara: "Como cient�ficos sociales, la recursividad de nuestra condici�n alude al hecho de que somos a la vez sujetos (pues el discurso es el medio por el cual analizamos) y objetos de los discursos acad�micos que producimos (pues somos agentes sociales dentro del mundo que analizamos)".Por tanto, apunta Alejandro, incluso cuando la intenci�n del estudioso o del pol�tico es la de cambiar el patr�n repetitivo, la contextualizaci�n id�ntica y la formaci�n profunda del pensamiento dentro de esa misma contextualizaci�n que se repite, pueden causar la reiteraci�n ad infinitum de errores o situaciones en cualquier caso incoherentes con las intenciones (o funciones) del sujeto.Lo que hasta ahora parecer�a una fumada (como dir�an los m�s imberbes) se antoja, en cambio, como una reflexi�n sobre la repetici�n compulsiva y sine fine de comportamientos en contextos recurrentes, incluso en el pol�tico.Hay indicios de recursividad en la pol�tica espa�ola. Las noticias de estos �ltimos d�as sobre la imputaci�n del expresidente del Gobierno Jos� Luis Rodr�guez Zapatero y los debates que de ello han ido manando recuerdan lo ocurrido con los d�as m�s negros del Gobierno presidido por Mariano Rajoy. Ojo: el paralelismo se limita al clima general, no a cuestiones judiciales o personales.Dicho esto, hoy, en el Parlamento espa�ol, y en las tertulias p�blicas y privadas, se habla mucho de los efectos que la imputaci�n deber�a tener sobre el Gobierno presidido por Pedro S�nchez, ya golpeado por otros esc�ndalos de importante magnitud.En estas l�neas, sin embargo, permitir�n que nos centremos sobre un aspecto esencial de la divisi�n de los poderes del Estado y, m�s en particular, sobre el rol de la Justicia y el papel del Parlamento cuando se pone en tela de juicio el derecho a seguir gobernando.Tanto en el annus horribilis de Rajoy como en este momento sanchista, la Justicia, como es de recibo, sigue su curso, que nada tiene que ver con la pol�tica.Mientras, el Parlamento tendr�a la obligaci�n de realizar su actividad pol�tica, nunca pseudojudicial, que para eso se les paga el sueldo y se les ha elegido.La potencial ca�da de un Gobierno es cosa seria. Tan seria y dram�tica que no deber�a nunca responder a causas judiciales, sino siempre �nica y exclusivamente pol�ticas.�Separaci�n de poderes?Un Gobierno tiritante, d�bil pero descarado, que gobierna por decretos, que no presenta los Presupuestos Generales y que, sin embargo, acabe cayendo como consecuencia de actuaciones judiciales ser�a la viva demostraci�n de que algo contamina la separaci�n de poderes, por dejaci�n de funciones por parte del poder legislativo.Sin ganas de ejercer su rol fiscalizador del Ejecutivo en sus quehaceres constitucionales, para la toma de determinaciones que corresponder�an a la pol�tica, el poder legislativo parlamentario se aprovechar�a de manera oportunista de las actuaciones de otro poder independiente.En otras palabras, si esto ocurriese quedar�a patente que no se hace pol�tica all� donde la pol�tica deber�a tener la P may�scula, legislando para los ciudadanos y fiscalizando al Gobierno. Cuando los representantes del Pueblo no est�n a la altura, cuando no tienen tes�n ni valent�a, se agarran a los esc�ndalos para tomar decisiones con efectos pol�ticos. Esto no significa en absoluto que sean determinaciones pol�ticas, como deber�a corresponder por su funci�n institucional: pol�ticas son sus consecuencias, no sus premisas.Un Parlamento sano y coherente con sus funciones constitucionales, honesto intelectualmente, censura un gobierno por sus pol�ticas. Por ejemplo, por la inaceptable falta de una ley presupuestaria, que es lo m�nimo exigible a un ejecutivo digno de tal nombre. Y a un Parlamento, por supuesto.En cambio, unas C�maras disfuncionales razonan sobre una posible moci�n de censura por simple c�lculo oportunista a ra�z de las actuaciones de otro poder del Estado. Cuando se ech� a Rajoy de la Moncloa, �se censuraron sus pol�ticas o se aprovech� el momentum judicial? La respuesta est� en los libros de historia.Es posible que algo similar ocurra con el Gobierno S�nchez. Es decir, que el gobierno de la Naci�n acabe cayendo no por sus enormes y duraderas responsabilidades pol�ticas, sino por temas judiciales.Da�ino mensaje�Qu� mensaje recibe la ciudadan�a? Pues que el Parlamento no sirve de nada. Los diputados y, en otra medida, los senadores deber�an evaluar la actividad pol�tica del Ejecutivo, enmendarla, proponer ideas y censurar sus actuaciones en el �mbito pol�tico. Sin esperar a un auto del juez.En otras democracias, precisamente para paliar los efectos de un Parlamento subyugado, pobre o inactivo, las constituciones reservan al jefe de Estado la prerrogativa de convocar elecciones anticipadas. Con esa espada de Damocles encima de sus cabezas, los parlamentarios suelen ser m�s proactivos a la hora de evaluar las pol�ticas de los ejecutivos, con la independencia y con la asunci�n de responsabilidades institucionales que se requieren a un representante del Pueblo. Tal vez ser�a oportuno darle una pensada tambi�n para Espa�a.Como no cambie algo a nivel constitucional para redefinir el rol y las obligaciones de las C�maras, el riesgo (y volvemos al principio) es que despu�s de las elecciones llegue un Gobierno de coalici�n o en minor�a, que gobierne unos a�os hasta que empiecen a conocerse desagradables noticias judiciales. Mientras tanto, el Parlamento seguir� con su curso oportunista sin entrar a fondo en temas de censura pol�tica. Ese Gobierno caer� por cuestiones judiciales. Entonces habr� elecciones, y llegar� un Gobierno de coalici�n o en minor�a, que gobernar� unos a�os hasta que empiecen a difundirse desagradables noticias judiciales. Mientras tanto, el Parlamento... etc, etc.Recursi�n pol�tica en estado puro por dejaci�n de funciones parlamentarias.Marco Bolognini, abogado