Este golpe no es como los demás. El caso Zapatero, que implica en una trama de presunto tráfico de influencias al expresidente con más peso electoral, simbólico y moral en la izquierda, va directo al corazón del PSOE y más allá, porque afecta a todo el progresismo español. En una semana de hundimiento absoluto de la moral de ese lado del país, un dirigente socialista resume así una sensación muy extendida por todo su partido y buena parte del progresismo, que insiste en creer en la inocencia de Zapatero, pero acusa un golpe que puede ser definitivo porque revienta un final de legislatura agónico tras tres años muy difíciles: “Primero nos dispararon a una pierna, luego a la otra, después a los brazos, ahora al corazón, que es Zapatero, y ya solo nos falta el tiro en la cabeza, que es Pedro Sánchez”. Se refiere a lo que sucede ahora con Zapatero pero también a los escándalos que afectan a los dos últimos exsecretarios de Organización del PSOE que han pasado por la cárcel.Esto último —en sentido de disparo político, figurado— no es una exageración. La posibilidad de que algún juez intente imputar a Pedro Sánchez —solo podría hacerlo el Tribunal Supremo— por el rescate de Plus Ultra o alguna otra cuestión es algo que ya ha apuntado incluso Miguel Ángel Rodríguez, la mano derecha de la presidenta de la Comunidad de Madrid, la popular Isabel Díaz Ayuso, que presume de tener información privilegiada de los juzgados y la fiscalía. Pedro Sánchez, como es habitual, ha trasladado un mensaje de calma a su entorno. Y de resistencia. El presidente se enteró de la imputación de Zapatero el martes en La Zarzuela, durante un acto con el Rey. Después habló un momento con sus ministros, les pidió que apoyaran a Zapatero, también se lo reclamó a su Ejecutiva, y el miércoles en el Congreso trató de despejar dudas: respaldó totalmente al expresidente e insistió, por si había dudas: él acabará la legislatura en 2027.Justo antes, en la zona de Gobierno, varios ministros consultados le vieron dolido por una imputación que cree injusta, pero tranquilo. “No estaba como el día de Cerdán. Nosotros no vemos aquí pruebas claras, audios incontestables como vimos con Santos o con Ábalos. Esto no está nada claro aún. Sánchez ha hablado con Zapatero y mucha gente lo ha hecho, y le dice a todo el mundo que lo va a aclarar todo, que no hay nada raro”, resume un ministro. El presidente les explicó además que el rescate de Plus Ultra está totalmente revisado por varios organismos y que no hay ninguna irregularidad, por lo que no teme que se investigue de nuevo a fondo.El Gobierno ha abandonado la vía del lawfare o persecución judicial porque no conducía a nada. Pero mantiene las dudas sobre las conclusiones del auto. La sensación instalada en el Ejecutivo la resumen varios ministros que ven que este caso no es cómo el que persigue el juez Peinado. Entienden que el juez Calama sí ha hecho aquí un esfuerzo de argumentación con datos. Tampoco lo comparan con el caso Cerdán. Allí había grabaciones del ex secretario de Organización hablando de dinero, y aquí, señalan, no hay pistola humeante ni por ahora una sola conversación de Zapatero.El problema políticoEl problema político ahora es que todo depende de las explicaciones del expresidente, pero él ha decidido no hablar en medios hasta el 2 de junio. Estaba preparando una rueda de prensa, según varios dirigentes que lo hablaron con él, pero su abogado le ha recomendado que no hable hasta esa fecha porque eso enfadaría al juez, ante quien tendrá declarar ese día. Pero sin sus palabras, la izquierda queda arrasada mediáticamente por una derecha cada vez más crecida. “No podemos pedirle que arriesgue su estrategia de defensa, es un asunto grave, pero la verdad es que nos haría mucha falta que hablara. Nos dicen que lo hará después, que cuando vaya al juez sí hará ronda de entrevistas, no se va a esconder”, señala un dirigente con información cercana.Sánchez y su equipo se esfuerzan por ofrecer sensación de normalidad. Para este martes en el Consejo de Ministros, después de una semana que daban por perdida por el rescoldo del golpe en las andaluzas que ya preveían muy duro, tenían pensado, y lo van a mantener, aprobar una ley sobre gobernanza de la inteligencia artificial. Un tema de fondo, sobre el que ha trabajado mucho el ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, que está dando varias batallas en esta cuestión dentro de la UE frente a otros gobiernos más flexibles como Alemania. Un asunto que ocupa buena parte de los análisis y las preocupaciones de las mentes más brillantes del planeta por sus implicaciones para el empleo, la seguridad, la democracia, la libertad, la educación, la política. Pero es más que probable que el caso Zapatero entierre este debate, y todos los demás. “Es increíble que estemos así con la situación económica que tenemos. Los datos de gestión son muy buenos. En condiciones normales, Feijóo nunca le ganaría a Sánchez. Y aún con estos anabolizantes, hasta la semana pasada aún había partido. Ahora, ya veremos, vamos a esperar a ver en qué queda esto”, resume un miembro del Gobierno.Mientras la izquierda en su conjunto, y esta vez no solo el PSOE, está abatida y aún en shock sin mucha capacidad de reacción, el PP está, ahora sí, convencido de que no hay marcha atrás: el poder será suyo en cuanto se abran las urnas. Y además no parecen tener prisa: según coinciden varios dirigentes, han apostado por una estrategia de lento desgaste hasta 2027, que descarta prácticamente, salvo cambio radical, la posibilidad de presentar una moción de censura.Porque ahora los populares, cada vez más crecidos, ya no se conforman con llegar a La Moncloa. Ven a la izquierda tan hundida que creen que pueden hacerlo de manera aplastante, prácticamente sin oposición, con un control total del poder que tal vez solo tuvo Felipe González en 1982. Si arrasaran como ansían y ahora ven factible, incluso se podrían plantear alcanzar los 3/5 del Senado que necesitan para cambiar la mayoría progresista del Tribunal Constitucional, un freno fundamental.En España, las mayorías del órgano de garantías cambian cada nueve años, cuando se eligen los dos magistrados que le tocan elegir al Gobierno. En 2013 tocó renovar con Ejecutivo del PP, y se pasó a mayoría conservadora. En 2022 tocó con uno del PSOE y se pasó a la progresista actual, que en teoría debería durar hasta 2031. Pero el PP y Vox pueden intentar romper esa norma solo si arrasan.Para la derecha, la discusión ya no es si llega o no al poder, sino con qué fuerza lo hace. Si arrasa o solo gana. “Estamos convencidos de que Sánchez va a aguantar hasta 2027. Pero nos viene bien. Van a perder lo único que les queda, Castilla-La Mancha y Asturias, que no cayeron por muy poco en 2023, y las pocas alcaldías que les quedan. No tienen nada que hacer. No van a tener ningún altavoz de poder, solo Cataluña. Aún les queda todo por pasar. Vamos a ver desfilar a Cerdán, a Ábalos, al hermano, a la mujer, a Leire, los sobres del PSOE. Va a ser un calvario. Nosotros, si nadie nos mira mejor. Que el foco se ponga en La Moncloa. Ni moción de censura ni nada. Es mucho mejor amplificar el desgaste y esperar”, resume un dirigente.En el PP ya sueñan incluso con un PSOE tan debilitado que se acerque a sus hermanos franceses o griegos, bajo mínimos. Los socialistas se revuelven ante esta idea. “El PSOE francés y el griego son de familias, no tienen la implantación del PSOE español. No saben calibrar lo que somos, no entienden nuestra historia. Hemos gobernado 30 años desde 1982. Antes de esto seguíamos rozando el 30% y con posibilidades de ser primer partido. Las elecciones son en 2027. Vamos a esperar a ver en qué queda esto. Nosotros seguimos creyendo que Zapatero es inocente y lo va a demostrar”, remata un dirigente con muchas campañas a sus espaldas.Hace unas semanas, después de la cumbre progresista en Barcelona, con Sánchez designado por el brasileño Lula como una especie de sucesor en el liderazgo de la izquierda internacional, la sensación era completamente diferente. La política española es frenética y muy cambiante, por eso Sánchez y los suyos están llamando a su gente a la calma, a esperar al 2 de junio, a confiar en Zapatero.Lo que nadie niega es que la sensación de golpeo constante está muy instalada. Desde los cinco días de reflexión de Sánchez en abril de 2024, tras la imputación de su mujer, no ha habido descanso en los tribunales y con una oposición cada vez más lanzada. “Llevamos tres años en el infierno. Se han empeñado en torturarnos psicológicamente. Han logrado que sea un infierno estar en el Gobierno a pesar de tener unos datos económicos muy buenos. Han llegado a condenar al fiscal general sin pruebas. Todo es posible. Ahora intentarán demostrar una financiación ilegal que no existe. No van a parar. Todos sabemos que Aznar lleva toda la vida haciendo lobby y nadie le ha mirado nunca nada. Tampoco a Felipe González. Pero no nos vamos a rendir. Nuestra gente está muy enfadada”, resume otro miembro del Gobierno, en un sentir muy extendido. “Están en el acoso y derribo desde hace ocho años. Quieren que nos vayamos porque creen que esta es su casa, que somos unos okupas. Pues no es así. Esta casa es del pueblo y solo nos vamos si el pueblo lo decide. Vamos a ir a 2027 y vamos a intentar ganar”, remata otro dirigente.¿Y los socios? Sánchez está convencido de que puede seguir no solo porque cree en la inocencia de Zapatero y por su capacidad de resistencia, sino porque los socios, o al menos todos salvo Junts, siguen decididos a continuar con el apoyo. De hecho el presidente y su equipo estaban intentando rearmar la mayoría y habían logrado acuerdos importantes con el PNV —varias transferencias pendientes—, con ERC —los Presupuestos catalanes— y ahora en el Ministerio de Vivienda trabajan en un intento con Junts para pactar un decreto que incluya la prórroga de alquileres que decayó, pero también rebajas fiscales para los propietarios. Diversas fuentes consultadas de los socios más relevantes trasladan una idea común: hay mucha preocupación por el caso Zapatero, pero mientras esto no afecte a financiación ilegal del PSOE, la línea roja que han puesto todos, la legislatura sigue. Junts tampoco ha cambiado: “Seguimos igual de mal, hasta que no cumplan con lo prometido seguiremos, tampoco cambiará nada si vuelve a Cataluña el president Puigdemont”, resume un dirigente de los independentistas. Pero ni se plantean apoyar una moción de censura con el PP y Vox.Junts vota cada vez con más frecuencia con el PP y Vox en temas económicos o de migración, donde su posición se ha radicalizado para competir con Aliança Catalana, pero los negociadores del Gobierno en el día insisten en que sigue habiendo posibilidad de sacar algunas cuestiones importantes, aunque muchas de las leyes más significativas están bloqueadas. Pero el caso Zapatero no parece cambiar mucho esa realidad. El PNV, que gobierna con el PSE en Euskadi, en las diputaciones y en muchos ayuntamientos, lo tiene claro: lo importante es seguir negociando, y por tanto que haya legislatura. Lo explicó el lehendakari, Imanol Pradales, el viernes: “Lo que me preocupa es que el Gobierno español se despiste y no cumpla los compromisos que tenemos firmados desde Euskadi. Mientras haya un presidente que gobierna, necesitamos que siga trabajando en la negociación que tenemos abierta en muchas materias”. En ERC, Gabriel Rufián trasladó el sentir de buena parte de la izquierda y dijo que está “jodido”, pero fuentes de este partido, que está en pleno cierre de Presupuestos catalanes con el PSC, insisten en que nadie está pensando en abrir la puerta a un Gobierno de PP y Vox antes de tiempo. En Sumar, que está en el Gobierno, están desolados y no se han apuntado a la defensa cerrada que han hecho Sánchez y el PSOE del expresidente, pero tampoco se han planteado medidas drásticas. Todo parece como siempre en una estable inestabilidad que domina una legislatura aparentemente imposible que Sánchez y los suyos logran sin embargo surfear. En La Moncloa siguen con la agenda prevista: este martes Sánchez se va a Roma a ver al papa, justo antes de un viaje a España que el Gobierno intentará utilizar a su favor porque León XIV irá a Canarias con un discurso pro inmigración muy similar al del Ejecutivo español. No en vano la Iglesia es uno de los principales impulsores de la regularización extraordinaria que tanto molesta al PP y a Vox. Pero nada es normal después del golpe de la imputación de Zapatero.Sánchez mantendrá el apoyo hasta el final, y el ambiente en el PSOE parece aún de confianza en el expresidente, aunque cada vez son más los que no entienden por qué un líder moral de la izquierda no puede ganarse la vida de una forma más habitual y no con asesorías no aclaradas a un empresario muy menor o por qué sus hijas facturaban 500.000 euros a una empresa con pérdidas y un empleado. Todo indica que el caso Zapatero será decisivo para este final agónico de la legislatura. Pero Sánchez y los suyos siguen confiando en que las cosas, que ahora se ven muy negras para la izquierda, puedan mejorar con un poco de distancia y muchas explicaciones y este sábado, tras conocerse el informe policial, en el Ejecutivo se reafirmaron en que sigue sin haber pruebas documentales para dejar de creer en la inocencia de Zapatero. El 2 de junio toda la política española estará pendiente de sus aclaraciones.