Las noticias sobre Zapatero y su familia han causado una tremenda consternación entre los socialistas valencianos. No hace mucho escuché de alguno de ellos que la situación del presidente Pedro Sánchez era insostenible y que tenía que volver Zapatero, porque solo él, con su carisma y su honradez, podía devolver la ilusión a los votantes de izquierdas.Es más, llegaron a decir que el político leonés sería un inmejorable presidente de una hipotética III República española por su visión de una España progresista y federal, en la más pura sintonía con la que concebía Anselmo Carretero, al que tanto admira Zapatero. De esta manera, solo el expresidente lograría dar dignidad a una política española acosada por la corrupción, el independentismo y la ultraderecha.Por lo bajini, algunos mostraban preocupación por las amistades de Zapatero en el exterior de España. Los más cafeteros defendían el papel mediador y conciliador; los más sensatos confesaban que las relaciones con la dictadura venezolana olían muy mal. Es más, no se explicaban y no comprendían el episodio de Delcy Rodríguez en el aeropuerto de Barajas. Pero como estaba Ábalos de por medio, pelillos a la mar…Y en estas estamos. Pedro Sánchez tuvo la habilidad de lograr integrar a Zapatero dentro del giro que dio a su política. Igual fue de otra manera: el expresidente socialista logró enseñar las virtudes que tenía el 'lado oscuro' de la fuerza. Fuera como fuera, ambos debían saber de qué iban el uno y el otro y se necesitaban.Como he dicho anteriormente, no son pocos los socialistas de la Comunitat que tenían a Zapatero como un bastión del progresismo, un referente moral. Diana Morant, Ximo Puig y Pilar Bernabé han mostrado estos días su apoyo y cariño al expresidente. Estoy seguro de que las bases del PSPV piensan igual. Con la prudencia que aconseja la presunción de inocencia, todo apunta a que se han caído del guindo.
Caerse del guindo
No son pocos los socialistas de la Comunitat que tenían a Zapatero como un referente moral.
Las informaciones sobre Zapatero y su familia consternaron a los socialistas valencianos, que lo tenían como referente moral del progresismo y candidato a presidir una hipotética III República. Sus vínculos con la dictadura venezolana, tolerados por conveniencia interna, cuestionan ahora la credibilidad del PSOE ante su electorado de izquierdas.














