Pedro Sánchez, sentado entre Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. El secretario general socialista y presidente del Gobierno abraza a quienes lo precedieron en los dos cargos. Los tres con mascarilla —todavía acecha la covid— suben juntos al escenario. Ovación. Las crónicas se pueblan de balances positivos: el PSOE presume de unidad en torno al líder, cierra heridas, reivindica a sus históricos. Es 2021, en el 40º congreso del PSOE, en Valencia. Y es una imagen imposible de repetir hoy.Los dos únicos expresidentes del Gobierno del PSOE, González (1982-1996) y Zapatero (2004-2011), distanciados el uno del otro, se tambalean ahora como referentes del partido y al mismo tiempo son figuras cuya aportación al actual proyecto de Sánchez se ha complicado al extremo. ¿Por qué? Por motivos muy diferentes. El primero, por su pública ruptura con Sánchez. El segundo, por su imputación en un caso de presunto tráfico de influencias, por el que está previsto que empiece a declarar ante el juez este miércoles. En el último tramo de la legislatura, con las generales como muy lejos el año que viene, esta orfandad contrasta con la más armónica relación del PP con sus dos expresidentes del Gobierno. José María Aznar (1996-2004) y Mariano Rajoy (2011-2018) no solo han puesto sordina a sus diferencias, sino que coinciden en su apoyo al líder del partido, Alberto Núñez Feijóo, que puede contar con ellos —al menos, en este momento— si los necesita.Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Murcia, Ramón Villaplana, que investiga sobre el funcionamiento de los partidos, ve así la situación en el PSOE: con González “enfrentado” a la dirección socialista, que a su vez “desautoriza” a su predecesor, y Zapatero “en la cuerda floja”, la formación del puño y la rosa “se queda sin referentes históricos a los que agarrarse”. ¿Grave? A su juicio, sí: “A los partidos, debilitados por su desprestigio y por la competencia de muchas formas de participación en política, les queda para legitimarse la reivindicación de su aportación histórica. Por ejemplo, entrar en la UE con González, o la ley de dependencia con Zapatero. El problema es que la memoria colectiva sobre un Gobierno está determinada por la imagen de quien la lideró, que sirve como síntesis. Si se mancha esa imagen, se mancha todo”.Trayectorias opuestasGonzález ni apoyó a Zapatero en el congreso de 2000, cuando su candidato fue José Bono, ni a Sánchez en los de 2014 y 2017, cuando respaldó a Eduardo Madina y Susana Díaz, respectivamente. Siempre escéptico con sus sucesores, tuvo no obstante una larga etapa de cierto comedimiento en la crítica, que se fue debilitando hasta quebrarse en la presente legislatura. Su distanciamiento con Zapatero tiene como principal causa Venezuela. Sus dardos cada vez más puntiagudos a Sánchez lo han sido por un abanico de temas que van de la democracia interna en el PSOE a los pactos con los independentistas, en especial por la amnistía del procés. Hoy González, que compartió un acto con Juan Manuel Moreno, candidato del PP, durante la precampaña de las elecciones andaluzas de mayo, es una de las voces más insistentes en la demanda de un adelanto de las generales, en las que asegura que no votará a Sánchez.Si González alcanzó tal grado de popularidad que es conocido por muchos como “Felipe” a secas, Zapatero nunca llegó a tanto. Lo más parecido a un distintivo fue “ZP”, por su lema electoral de 2004. Alejado de la vida pública tras su salida del poder en 2011, se mantuvo discreto durante la etapa de Rajoy, para recuperar protagonismo con la llegada de Sánchez, al que no apoyó en su acceso al liderazgo socialista pero del que con los años se convirtió en un destacado valedor. Hasta el mazazo del caso Plus Ultra, su trayectoria tenía rasgos opuestos a la de González. Mientras este gozó de un “enorme reconocimiento” en el partido y sus bases que se fue deteriorando, Zapatero pasó de estar “no demonizado, pero sí mal visto” tras su salida del Gobierno en plena crisis a disfrutar una “revalorización”, sobre todo a raíz de su campaña de las generales de 2023, repasa el historiador Abdón Mateos, autor de Historia del PSOE en transición (1970-1988) e Historia de la época socialista (1982-1986). Una pérdida “tremenda”Si Sánchez tiene difícil contar con González, igual le ocurre con quien fue su sucesor en la lista de socialistas en La Moncloa. Centrado en su defensa, de momento Zapatero se ha apartado del foco, declinando la invitación al acto del Papa en el Congreso. El historiador Abdón Mateos califica de “tremendo” el impacto que para el PSOE tiene la pérdida de lo que llama sus “santos varones”, figura fundamental en cualquier partido. En el caso del PSOE, añade, es un fenómeno que afecta a dos líderes que podrían ensanchar su espacio, con González remitiendo a una “socialdemocracia modernizadora centrada en construir el Estado del bienestar”, y con Zapatero personificando “un progresismo enfocado en las desigualdades civiles, los derechos de las minorías y la defensa de principios éticos” con decisiones como la salida de las tropas de Irak, una línea de la que ve a Sánchez como continuador. El mayor golpe, ZapateroEsta sintonía de Sánchez con el impulsor del matrimonio igualitario es una de las razones que hacen que el “verdadero obús” para el PSOE sea la imputación de Zapatero, analiza Carmen Lumbierres, profesora de Ciencia Política de la UNED. “El descrédito de su figura, que a su vez afecta a su legado, la de un Gobierno sin corrupción, provoca un desfonde moral en el partido. Será difícil de corregir, al margen de cómo quede el proceso penal. Ojo, no solo golpea a la dirección. También hay críticos con Sánchez, como Eduardo Madina, cuya imagen está asociada a la de Zapatero y que se ven indirectamente afectados”, expone. Zapatero se convirtió desde 2023 en un activo de tanto valor para el PSOE que su imputación el mes pasado ha extendido la desolación en los centros de poder del partido. “Si es culpable, sería quedarnos huérfanos de un referente político y ante todo moral”, señalaba un líder territorial tras conocerse el auto del juez José Luis Calama. Para la militancia ha supuesto un “shock”, llegó a afirmar el dirigente Patxi López. A la espera de lo que depare el caso, toda la dirección, con Sánchez a la cabeza, mantiene su apoyo a Zapatero. Desde la base del partido, Enrique Linde, militante de 79 años que ha cerrado la lista por Málaga en las elecciones andaluzas, defiende que el partido debe aferrarse a sus ideas y no caer en la melancolía. “Se aprende a vivir sin referentes, sobre todo cuando se te caen”, afirma, en un comentario del que excluye a Sánchez, sobre el que sigue haciendo un balance muy positivo. Aunque no fue nunca santo de su devoción, coincide en que el palo más duro para el partido ha sido el de Zapatero, que se había convertido en “un colíder” desde 2023. No retomará ese papel, pronostica. Le da “el beneficio de la duda penal, porque este proceso está muy inflado”, pero cree que será difícil que “vuelva a significar lo que ha significado”. “La gente reaccionó con mucha pena, sí, hablando de lawfare, pero también se preguntaba por qué tiene que dedicarse a los negocios, un terreno tan resbaladizo, cuando tiene una vida desahogada como consejero de Estado y podría estar con sus libros y sus conferencias“, explica. En cuanto a González, Linde afirma que fue “el mejor político del siglo XX en España”. “Ahora bien —añade—, el siglo XXI le ha caído muy mal, también a Alfonso [Guerra]. No por lo que dice, sino por cuándo y cómo lo dice, con qué acritud. Un expresidente no es un tertuliano, tiene un compromiso que cumplir”, afirma.Diferencias orilladas en el PPEl vínculo del PP con quienes ocuparon La Moncloa bajo sus siglas es hoy más sólido. Aunque designado como sucesor por el propio Aznar, Rajoy tuvo una relación fría con el presidente de FAES durante su etapa al frente del Gobierno. Pablo Casado, al frente del partido de 2018 a 2022, ni siquiera logró reunirlos para una foto. Pero sí lo ha hecho Feijóo, que los ha juntado en citas como la convención intermunicipal del PP en Valencia en 2023 y el congreso del partido del año pasado en Madrid. Aunque Aznar y Rajoy no exhiben una especial sintonía, sí orillan sus diferencias. “Esto lo hemos visto más veces. En la derecha está más interiorizado que en la izquierda que, cuando se acercan elecciones, sobre todo si el poder está cerca, lo prioritario es escenificar unidad”, señala Ramón Villaplana. Su colega Carmen Lumbierres, de la UNED, cree que hay una lógica que explica que el PP haya mantenido mayor cohesión con sus expresidentes, a pesar de las diferencias entre ellos y a pesar del juicio por el caso Kitchen, que impacta de lleno en la etapa de Rajoy. “La clave está en que el relato fundacional de Aznar, que presenta al PP como el partido que une a toda la derecha, no ha sido puesto en duda. Sigue siendo el discurso oficial del PP, que ve a Vox como una escisión circunstancial. Con Rajoy, al que Aznar sí vio como un riesgo para ese legado, no llegó a haber ruptura porque ejercía un liderazgo tranquilo, poco conflictivo. Y Feijóo ha logrado acercarlos a ambos, presentándose como heredero de Rajoy pero alineándose con los postulados de Aznar”, desarrolla.El caso del PSOE es distinto porque “sí hay un cambio drástico entre el PSOE de González y el de Zapatero y Sánchez, que se asientan sobre premisas y alianzas distintas”, señala Lumbierres. “A eso hay que sumarle tres factores”, concluye. “Uno, que González ha perdido ya el interés en encarnar una figura de relieve internacional vista con agrado por toda la sociedad y está centrado en un papel de crítica a Sánchez. Dos, que Sánchez, a diferencia de Rajoy, ejerce un hiperliderazgo con el que es más difícil mantener buenas relaciones desde la discrepancia. Y tres, que hay una expectativa próxima de pérdida de poder, lo cual acentúa todas las diferencias”.
De la lejanía de Felipe al ‘shock’ por ZP: la orfandad de “referentes históricos” del PSOE
González por su dureza contra Sánchez, Zapatero por el ‘caso Plus Ultra’, los dos únicos expresidentes socialistas son hoy figuras problemáticas para el partido. Aznar y Rajoy soterran sus diferencias en apoyo a Feijóo









