José Luis Rodríguez Zapatero es el primer presidente de la Democracia española en ser imputado por la Justicia. Una noticia que cogió con el pie cambiado a propios y extraños, pues el exdirigente socialista se había erigido en los últimos años como un referente de la izquierda. Así lo acredita su involucración en las últimas campañas electorales, siendo uno de los principales reclamos para las candidaturas del PSOE. Incluso líderes de otros espacios políticos como Gabriel Rufián o Pablo Iglesias también han reclamado su figura de manera pública en más de una ocasión.PublicidadA diferencia de otros expresidentes como Felipe González o José María Aznar, ZP había renunciado a las puertas giratorias clásicas e, incluso, a la pensión vitalicia que le corresponde por ley a los jefes del Ejecutivo cuando abandonan su cargo. Aquello ayudó a moldear su imagen de líder diferente, que sin duda le ha granjeado numerosas simpatías no solo entre los votantes clásicos del PSOE. Por ello, cuando su nombre fue incluido en el caso Plus Ultra, el shock fue mayúsculo.Qué es la disonancia cognitivaEl motivo detrás de esta sorpresa inicial es la llamada disonancia cognitiva, una teoría acuñada por el psicólogo social Leon Festinger en 1957. Podría definirse como la tensión o malestar psicológico que se experimenta al mantener creencias, ideas o valores que son contradictorios. En este caso concreto, el disparador es la contraposición de la imagen mental que tenemos del político con las nuevas informaciones que surgen acerca de su figura.Este proceso tiene mucha más fuerza cuando el referente afectado es un líder político, pues la política es eminentemente moral. Mientras que en otros casos análogos se puede entrar en el sempiterno debate sobre la separación entre la obra y el artista, en el caso de los servidores públicos esa barrera es indisoluble. Incluso los peores ejemplos que podamos imaginar, todos ellos visten sus acciones de una pátina moral (real o no).Es por ello que los escándalos políticos deben ser tratados de manera separada a la del resto de noticias que causan impacto en la audiencia. Así lo creyó el investigador Christian von Sikorski, de la Universidad de Viena, autor del metaanálisis The aftermath of a political scandal que busca identificar la reacción de los votantes después de un escándalo.PublicidadPrimera fase: negaciónPor ello, lo primero que identifica el estudio es la diferencia de reacción entre el público según existan sesgos políticos fuertes o no. Según apunta la evidencia, la reacción automática de aquellas personas que poseen una fuerte identificación con unas ideas o partido político es negar las informaciones que retan su orden de creencias. De hecho, para muchos ciudadanos el partido al que votan forma parte intrínseca de su identidad, de ahí que, tal y cómo recoge el estudio: “El partidismo juega un rol esencial para la evaluación de políticos involucrados en escándalos; por ello los votantes del mismo partido reaccionan menos negativamente que votantes de otros partidos”.No obstante, el partidismo no es el único factor que determina cómo reaccionamos ante un escándalo. El metaanálisis identifica otros cuatro moderadores clave: el nivel previo de cinismo político del votante (los más desconfiados interpretan las sospechas más negativamente), el tipo de escándalo (los financieros generan reacciones más severas que los sexuales, aunque el abuso de poder amplifica ambos), las características del candidato imputado (por ejemplo, si su comportamiento es hipócrita respecto a sus declaraciones previas) y el contexto socioeconómico (los escándalos dañan más en tiempos de crisis económica). Estos cinco factores interactúan simultáneamente para modular nuestra respuesta emocional y racional.Segunda fase: negociaciónPara resolver el malestar psicológico causado por la disonancia cognitiva, el cerebro del votante o simpatizante del referente político cuestionado puede adoptar varias medidas defensivas. Las más habituales son estrategias de autoconvencimiento como: extender el mal a todos los políticos, el manido “son todos iguales”, la justificación de las acciones del político en cuestión, recurrir al célebre “y tú más” atacando a la oposición política, buscar aquellas informaciones y análisis que refuercen sus creencias previas o radicalizar su postura.PublicidadEs importante tener en cuenta que este proceso no es racional. Una investigación de la UOC sobre cómo un votante elige a su candidato predilecto demuestra desde la neurociencia que, cuando una decisión es difícil de tomar, el cerebro toma atajos. Es por ello que, antes de ser conscientes de la decisión, el cerebro ya la ha tomado. De ahí que estos procesos puedan ser vistos como una autodefensa que tiene el organismo humano para prever su escala de creencias.Tercera fase: el análisis racional de la situación (con asterisco)Idealmente, después de la reacción automática de nuestro cerebro llegaría la digestión racional de la información. Es decir: ver si las acusaciones tienen algún tipo de base, aceptar que los referentes son humanos y, por tanto, falibles, disociar la persona de las ideas o partido que representa, etc.No obstante, el propio estudio de Von Sikorski añade una variable que, además, identifica como subinvestigada: la influencia de los medios de comunicación. Un estudio español, Corruption scandals, voter information, and accountability (2012), demostró que los escándalos no tienen efecto en pérdida de votos cuando la cobertura mediática es baja y/o no hay intervención judicial. En contraste, cuando un candidato es acusado judicialmente y los medios informan de ello intensamente, la pérdida de votos puede alcanzar hasta el 14%.Zapatero no es candidato ni ostenta ningún cargo público. Pero su presencia en mítines sí se utiliza para validar a otros candidatos, además de posicionarlo indirectamente como un activo político para su partido. En su caso, lo que está en juego, —más allá de su inocencia— es su imagen pública, la misma que lo ha convertido en referente moral o ideológico para mucha gente. Una inversión emocional que se ha visto afectada a raíz de su imputación.