Si hace solo una semana te hubieran preguntado si ponías la mano en el fuego por Zapatero, habrías ofrecido las dos manos, brazos incluidos. Aunque ya había información circulando (que negábamos por proceder siempre de medios y partidos de derecha), y algunas sombras en sus entrevistas y comparecencias, hace una semana la mayoría de votantes progresistas, no solo del PSOE, habríamos dicho que sí, que por supuesto, las dos manos por Zapatero. Ahora te miras la enésima quemadura en la confianza, y te repites que no, que no vuelves a poner la mano en el fuego por nadie.

Cada vez que nos decepciona alguien en quien confiábamos tanto, recalculamos nuestro crédito hacia los demás. Tras caer Zapatero, nos parece que cualquiera puede ser el siguiente, incluso los más insospechados. Incluso hacemos porras sobre quién será el próximo imputado inesperado.