Zohran Mamdani sonríe cuando anuncia sus nuevas medidas para Nueva York. Zack Polanski sonríe cuando en nombre de los Verdes del Reino Unido habla de trabajo garantizado y critica a las teorías económicas convencionales. José Ignacio García, candidato de Adelante Andalucía, apenas ha dejado de sonreír en toda la campaña. Las tres sonrisas trasladan continuamente la impresión de que son personas alegres y que tienen la esperanza de que las medidas que proponen van a servir para mejorar la vida de las personas que les rodean. No importa que lo que estén diciendo sea, en realidad, muy serio; y tampoco parece que les afecte la cantidad de odio que les dedican sus rivales. Sus sonrisas no se antojan impostadas sino parte de un proyecto que busca tener atractivo político y comunicativo.
Es parte de la semiótica en política, es decir, de cómo los seres humanos utilizamos los signos y los símbolos para transmitir significados. En política nosoloo queremos decir algo —una “verdad como un puño”, por ejemplo— sino que aspiramos a convencer a la mayoría de los receptores de nuestro mensaje. Y en una política mediatizada eso es tan o más importante que el contenido mismo: como mínimo, la forma en la que transmitimos determinará los límites de nuestro mensaje. Pero esta es una descripción de la política que resulta incómoda y antipática para una parte notable de la izquierda.















