Adelante Andalucía ha cuadruplicado en los comicios del 17M sus apoyos previos, ha obtenido más de 400.000 votos, rozando el 10%, ha superado a Vox en Sevilla y Cádiz, y ha pasado de dos a ocho escaños. Con este resultado, logran consolidar un proyecto nacido en 2021, que sin duda ha estado en el alero —las municipales no les fueron bien, no se presentó a las europeas y a las generales solo fue en una provincia—, y que ahora, empero, ha pasado a ser la principal referencia de la izquierda alternativa, por delante de Por Andalucía, que ha conservado sus cinco escaños. "A por todas", resumen en Adelante el momento.Publicidad¿Cómo ha logrado este partido, de raíz anticapitalista, sin un arraigo territorial global, sino más bien vinculado a Cádiz —la única provincia donde se presentaron a las generales en 2023— este exponencial crecimiento electoral? ¿Qué lecciones puede sacar la izquierda alternativa de ámbito estatal de estos resultados? Según los analistas consultados por Público la cuestión, como siempre, es compleja y obedece a múltiples factores, entre los que podrían destacarse tres, entre muchos otros. Por un lado, la difícil situación social que se vive en múltiples zonas de Andalucía y el discurso "alegre", sin afán moralizante, de Adelante que ha logrado conectar con esos profundos malestares, que van más allá de lo coyuntural: son estructurales y tienen raíces particulares y endémicas, el deterioro de los servicios públicos, relacionado con una menor financiación de la comunidad autónoma, la falta de expectativas laborales, los problemas de acceso a la vivienda, el extractivismo económico… Por otro lado, la relación de una parte de la ciudadanía con la idea de Andalucía, ese andalucismo latente que, desde la desaparición del histórico Partido Andalucista (PA) hasta ahora, no se había expresado políticamente con un énfasis propio, y que tiene un amplio campo de actuación, según revelan los sondeos sobre identidad del Centro de Estudios Andaluces. Este es un hecho diferencial de Andalucía con respecto a otros territorios del Estado, que en estas elecciones ha despertado. También señalan los analistas consultados como otro factor el trabajo militante duro y continuado de escucha del quejío de la calle, la paz interna —las disidencias son menores en partidos más pequeños y está por ver ahora que han credido qué sucede— y la labor de oposición a Moreno Bonilla: el candidato de Adelante es el único de la izquierda que llevaba tres años lidiando con la mayoría absoluta del PP desde el Parlamento, una cuestión a la que habitualmente, en numerosos ambientes políticos, se le quita importancia, pero a la que, sin embargo, en esta ocasión, el partido le ha sacado rendimiento con una eficiente explotación de sus intervenciones, difundidas a través de todos los medios de comunicación —redes sociales, singularmente, también las ventanas televisivas y radiofónicas disponibles— al alcance. En este sentido, el discurso reivindicado por García, autodefinido como de la "alegría", alejado de intervenciones moralizantes, también ha tenido su impacto. Lejos de ser esta una cuestión táctica, son el estilo y la estética del candidato frutos de una reflexión estratégica, amparada en la naturalidad: robarle votos al desencanto, no permitir que el espacio de la impugnación se convirtiera en un patrimonio exclusivo de la ultraderecha, una idea que cunde en el partido desde que lo representaba en sociedad Teresa Rodriguez. PublicidadEl antropólogo social Francisco Curro Cuberos, profesor en la Universidad de Sevilla, buen conocedor de las dinámicas de Adelante Andalucía, señala en conversación con Público: "Hay una cosa importante, más allá de la distinción clásica entre izquierda y derecha. Adelante ha conseguido conectar con una percepción de la situación social [de mucha gente] que vive en una crisis profunda, aunque no lo expresen verbalmente. Hay una crítica al modelo social, que va más allá de la gestión puntual que pueda hacer el PP de una o de otra cuestión". "El voto protesta ha ido a Adelante. Ha obtenido voto urbano y de costa, muy repartido, con un perfil andalucista tradicional, con más voto en Cádiz y Sevilla y menos en la Andalucía oriental. Esto es curioso, porque su distribución municipal se parece más a la tradicional del Partido Andalucista que a la de la izquierda, aunque su distribución calle a calle tiene un perfil de izquierda, así que tiene los dos componentes", considera el sociólogo Jaime Aja, profesor en la Universidad de Córdoba."No es casual que se hayan señalado paralelismos entre ciertos discursos. No renunciar a disputar el voto a Vox, parece absurdo en términos derecha-izquierda, pero no lo es en términos de falta de confianza en el modelo y de que hacen falta decisiones drásticas. En ese espacio, Adelante plantea un discurso distinto, una impugnación radical de lo que hay, relacionado con el derecho a la supervivencia y no tanto con una coyuntura de gestión", abunda Cuberos. PublicidadSoledad Castillero, doctora en Antropología Social, profesora en la Universidad de Sevilla, lo analiza de este modo: "Un elemento especialmente distintivo ha sido su llamada 'campaña de la alegría sin moralismos'. Este enfoque ha marcado una diferencia respecto a otras propuestas de izquierda que, en ocasiones, han sido percibidas como excesivamente normativas o centradas en señalar errores. Adelante Andalucía ha optado por un tono positivo, celebratorio y esperanzador, que invita a la participación desde el entusiasmo en lugar de desde la culpa o el reproche, algo muy inserto en el pueblo andaluz, que siempre está obligado a explicar con el doble de esfuerzo que otros territorios todo aquello que hace: a justificar su folclore, sus fiestas, su forma de educar, de ocio, sus horarios de descanso... Esto, la coherencia entre discurso, organización y estrategia emocional ha contribuido a ampliar su base electoral. Han trabajado desde la emocionalidad, algo que caracteriza a la propia cotidianidad andaluza. Han conseguido movilizar porque han sabido escuchar, representar y comunicar de una forma distinta, conectando tanto con las preocupaciones materiales como con el imaginario colectivo de una parte importante de la sociedad andaluza"."Esa campaña en positivo, sin moralismo, basada en nociones positivas, eso ya se hizo muy bien en la época 2015-16 cuando se ganaron los ayuntamientos del cambio. Básicamente, no se le preguntaba a nadie [de dónde venía], no se regañaba a nadie por su voto del pasado, se reconocía legítimo su malestar y enfado y no se basaba la campaña en el miedo ni en la visión conspiranoica y sectaria propia del poder de hoy en día", señala Jesús Jurado, autor de La generación del mollete, crónica de un nuevo andalucismo (Lengua de Trapo). "Adelante —añade Jurado— ha conseguido librarse de las cuitas internas y de las culpas que el electorado atribuye con razón a los liderazgos del siglo anterior, pero ha recuperado sus claves de construcción discursiva. Ha conseguido salvar lo mejor de aquella época sin pagar el peaje de sus culpas". "Lo que hemos visto —apunta la politóloga Anna López, autora del trabajo La extrema derecha en Europa (Tirana)— en esta campaña se parece bastante al modelo portugués que ganó las elecciones este año: una izquierda que deja de hacer del miedo a la extrema derecha el eje central y pasa a competir sobre gestión emocional del malestar. No desde el ‘que viene Vox’, sino desde la idea de 'podemos mejorar tu vida concreta'"."Ahí la campaña de ‘la alegría’ ha sido inteligente porque evita el tono moralizante y conecta mejor con votantes cansados del conflicto permanente. Pero esto no se improvisa en tres meses: requiere liderazgos muy anclados al territorio, presencia constante y campañas de 24 horas al día, no solo en periodo electoral", considera la politóloga López. "Yo destacaría su trabajo de oposición durante [estos] años y la consolidación de su proyecto y su marca, más que factores comunicativos. Es decir, la comunicación es importante, pero es más importante tener algo que comunicar", apunta el sociólogo Aja.Para Jurado, "la movilización la han logrado en primer lugar por el trabajo menos visible, pero muy importante, de construcción territorial, desde abajo, de hormiguita, de base militante. Eso se nota en los candidatos, los nuevos diputados. Son perfiles nuevos, no viejas glorias. Son militantes de base, que habían realizado trabajo en las municipales, que les había ido mal, pero lo han mantenido con mucha tenacidad y constancia. El primer truco es cuidar a sus bases. En segundo lugar, también viene del trabajo que han realizado en la oposición estos cuatro años, una vez que el PSOE andaba como pollo sin cabeza y en tercer lugar se puede hablar de una excelente campaña, que han hecho con pocos recursos". Para Cuberos es importante también para comprender el avance de Adelante, la mirada propia, desde Andalucía sobre las fatigas, sanidad, vivienda, empleo: "Las gafas de aquí, la mirada desde aquí". "Con sus contradicciones —reflexiona el antropólogo— y limitaciones, está haciendo una propuesta de acercarse a la agenda política con códigos andaluces, que conectan emocionalmente con quien vive aquí, y entendiendo que los problemas de las clases populares son universales pero cristalizan de una forma [particular] en Andalucia. Todo eso Adelante lo está entendiendo y está logrando hilvanarlo. Creo que eso tiene mucho que ver con el éxito. No le quito mérito a la campaña, pero sería un error explicar esto solo desde el punto de vista táctico. Adelante ha conseguido conectar con algo que la izquierda no había tenido en cuenta hasta ahora". Castillero hace hincapié también esta clave: "Considero que hay una lección que leer entre líneas, como solo el pueblo andaluz sabe leer, y es que no es igual que te narren a ser narrado. Adelante Andalucía durante esta campaña ha sida narrada por sí misma, para sí misma y ha sabido canalizar y conjugar dos elementos que no pueden entenderse como antagónicos: cultura y política. Andalucía no se comprende sin el gran peso simbólico de su estética, de su música, de la línea difusa entre el espacio público y privado, de su gastronomía, de sus horarios, de su siesta y de todos los elementos que han sido plasmado históricamente por un ojo foráneo romantizado, pero que son los que explican su agencia política transformadora. Por tanto, al huir de ellos estamos huyendo de Andalucía misma. Volver a ellos y politizarlos es volver a Andalucía en sí".Publicidad"No es igual que te narren a ser narrado"Así lo explica Castillero: "En los últimos años ha existido un debate dentro de la sociedad andaluza de izquierdas en general y del andalucismo en particular sobre la disyuntiva cultura y política. Es decir, el peso que se le otorga a los elementos culturales: música, representaciones artísticas, relatos tradicionales revisitados, estética, etcétera, como símbolos que calaban dentro de un margen amplio de andaluzas y andaluces, pero que no se entendían como una cuestión política. Sin embargo, los resultados de Adelante Andalucía, así como los materiales producidos por los feminismos andaluces o las nuevas narrativas de colectivos como el LGTBIQ+ sobre festividades como la Semana Santa o el Rocío, son el claro ejemplo de que Andalucía políticamente no puede separarse de la ocupación y la humanización interna de sus elementos culturales en sus diversas formas". El Centro de Estudios Andaluces, en efecto, en las encuestas que cada año publican en las cercanías del 28F, revela que existe un amplio campo de actuación no solo en la defensa de la Junta de Andalucía —con todas sus instituciones tal y como es hoy—, sino también en la construcción de una Andalucía más autónoma, con una mayor capacidad de decisión sobre los temas que afectan a la ciudadanía. En el sondeo del año 2022, cuando se preguntó por cuestiones institucionales, el resultado era que el 31,4% de los andaluces consideraba que Andalucía no había alcanzado un nivel suficiente de autonomía, por un 59,5% que creía que sí y un 5,3% que opinaba que la que había era demasiada. La identificación de la ciudadanía es incluso mayor con Andalucía que con España, aunque ambas cuestiones combinan con cierta armonía. Así, en el sondeo del pasado 28F, el 24,9% afirmó sentirse más andaluz que español, por un 10,7% que se siente más español que andaluz. La mayoría, el 59,3%, se siente tan andaluz como español. Por otra parte, el 90% afirma sentirse muy o bastante orgulloso de ser andaluz y ese mismo porcentaje cree que "Andalucía ya no se conforma con ser menos que nadie".PublicidadAñade Cuberos al respecto de la esencia andalucista de Adelante: "Hay una cosa que considero clave y que todavía está por ver si Adelante lo va a hacer valer: una izquierda soberanista andaluza sólida transforma completamente el panorama político del Estado. Una organización en el sur sin jefes en Madrid, si Adelante es capaz de desarrollar su estrategia y exigiendo desde Andalucia, cambia el tablero del Estado. Si Adelante se mantiene en una posición soberanista, el debate político estatal cambia y la cuestión meridional [se enfocaría de otra manera]. Andalucía ha funcionado [hasta ahora] como una tierra surtidora de mano de obra barata". "Dos tareas me parecen ahora fundamentales —señala Isidoro Moreno, catedrático de Antropología y miembro de la plataforma Andalucía Viva— para rentabilizar y prolongar este éxito: extender la organización, enraizándola en las comarcas, pueblos y barrios populares y fortalecer la participación y democracia interna, y profundizar en el soberanismo andaluz, haciendo pedagogía de las razones por las cuales Andalucía funciona como una colonia interna dentro del Estado español y de la UE tanto a nivel económico como político y cultural". Jurado destaca, como otra clave para el ascenso de Adelante que "es un partido fundamentalmente joven; los cuadros dirigentes son milenials, y tiene mucha base de gente de la generación Z". "No es que lleguen a los jóvenes, es que son un partido [de gente] joven", agrega el escritor. Para Castillero, "ha existido una conexión notable [con la juventud]". "Adelante Andalucía —analiza— ha sabido adaptar sus mensajes y formatos a los canales que consume la juventud, como redes sociales y actos más informales. Pero más allá de lo comunicativo, ha ofrecido temas que interpelan directamente a este grupo: precariedad laboral, acceso a la vivienda, identidad cultural y fututuro en la propia tierra. Esta combinación de contenido relevante y formas accesibles ha facilitado que muchos jóvenes se sientan representados y motivados a votar".Sobre el voto joven, más allá de las percepciones, que en efecto existen, y si este ha sido una de las claves que han impulsado el ascenso de Adelante, la politóloga López echa el freno y pide cautela aún: "Sobre el voto joven hay que ser prudentes. No tenemos todavía datos postelectorales sólidos. Y además hay un elemento importante: los más de 108.000 votos de Alvise probablemente salen en gran parte de jóvenes y también de votantes de Vox (un 15-18%). Eso significa que una mayor movilización juvenil no implica automáticamente un giro progresista. El voto joven hoy es mucho más volátil, más emocional y menos ideológico que hace una década".