El vuelco en el panorama de la izquierda alternativa en Andalucía ha vuelto a poner el foco sobre la debilidad de las formaciones progresistas de ámbito estatal frente al auge de las territoriales. El gran resultado de los andalucistas de Adelante, que cuadruplicaron sus resultados y superaron con claridad a Por Andalucía, amenaza con dificultar el proceso de reconstrucción de la alianza entre IU, Movimiento Sumar, Más Madrid y los Comuns, y ya han comenzado a surgir las primeras voces pidiendo acelerarlo. Y también pone en un brete a Podemos, puesto que los morados aspiran a hacer “tándem” con un Gabriel Rufián que, precisamente, propone que los partidos progresistas de ámbito estatal se retiren o, al menos, pasen a un segundo plano en las próximas elecciones generales en favor de las formaciones de izquierdas de ámbito autonómico. El domingo, Rufián volvió a espetar que “las izquierdas españolas” son “el problema”.
El miniciclo electoral que comenzó el pasado diciembre con las elecciones autonómicas de Extremadura y que terminó el pasado domingo con las andaluzas ha revelado que la izquierda alternativa, pese al mal momento que atraviesan sus referentes estatales, mantiene cierta potencia y, en algunos territorios, incluso avanza posiciones. Con la excepción de Castilla y León —donde IU y Podemos se quedaron fuera de las Cortes con el 2,2% y el 0,7% de los votos, respectivamente—, el espacio a la izquierda del PSOE ha logrado resultados muy sólidos y ha crecido con respecto a las últimas elecciones autonómicas. Pero, a excepción de en Extremadura —allí Unidas por Extremadura, la coalición de Podemos e IU, se presentó conjuntamente y logró un histórico 10,2% de los votos—, lo ha hecho con las izquierdas nacionales y las de ámbito territorial concurriendo por separado.











