La historia se repite. Las elecciones andaluzas arrojan un triple titular que empieza a ser tendencia en el conjunto de España, donde este curso ha sido llamada a las urnas el 26% de la población española: el Partido Popular es indiscutiblemente la primera fuerza (53 escaños, -6), el PSOE suma un nuevo descalabro en su federación más importante (28, -2) y Vox confirma que ha tocado techo, pero mantiene un suelo sólido (15, +1). La combinación de estas tres ideas se resume en que, por cuarta elección consecutiva, el Partido Popular necesitará el apoyo de Vox para gobernar, una idea que empieza a consolidarse para otras autonomías y para el conjunto de España. Como María Guardiola, como Jorge Azcón y como Alfonso Fernández Mañueco, Juanma Moreno ha protagonizado una amarga victoria, o un éxito insuficiente, a pesar de que, objetivamente, conseguir 53 escaños tras ocho años de Gobierno es un excelente resultado que enlaza con el obtenido el 20 de diciembre por la ya presidenta de la Junta de Extremadura. Visto desde la calle Génova, el PP vive en una paradoja. Mientras sus cuatro barones que han pasado por las urnas este curso deberán negociar con Vox, en la calle Génova reciben un nuevo espaldarazo en forma de porcentaje de voto, que es el trampolín que podrá impulsar a Alberto Núñez Feijóo a La Moncloa: por encima del 41% en Andalucía, el 35% en Castilla y León, el 34% en Aragón y el 43% en Extremadura. El presidente en funciones de la Junta calificaba su resultado de "sobresaliente", aunque reconocía que "no hemos sacado la matrícula de honor". Cerrados los acuerdos de Gobierno en Mérida y Zaragoza, y a la espera de Valladolid, Moreno ha dicho que acudirá a la investidura confiando en que le permitan gobernar, lo que implica la abstención o bien del PSOE o bien de Vox. Sin embargo, Santiago Abascal ha advertido de que con este resultado Vox exigirá entrar en el Ejecutivo. Ayer, el candidato andaluz despejó el balón diciendo que "ya se verá". Paradoja en el Partido Popular: sus barones regionales tienen que negociar con Vox, pero Núñez Feijóo consigue un gran resultado El resultado de Vox tiene dos caras. Después de cuatro elecciones, se consolida la idea de que Vox está muy lejos de hacer un sorpasso al PP, e incluso del 20% de los votos que en algún momento se fijaron como objetivo en la calle Bambú. En este caso, el PP casi triplica a Vox, que ha cosechado su peor resultado de este ciclo electoral: 16,9% en Extremadura, 17,84% en Aragón y 18,92% en Castilla y León. Sin embargo, Vox también tiene un suelo muy sólido y en Andalucía sube un escaño, hasta 15, con menos de un 14% de los votos y más de medio millón de votantes. En esos márgenes se mueve Vox en términos cuantitativos, pero no hay duda de que cualitativamente el resultado es un nuevo éxito: "Vox será decisivo por cuarta vez consecutiva", ha dicho Abascal en la noche electoral. En las próximas semanas, el debate pasará por las negociaciones andaluzas, que cerrarán un curso que, visto con perspectiva, ofrece tendencias bastante claras. La derecha sigue ganando con contundencia a la izquierda: la suma de PP, Vox y Se Acabó la Fiesta (SALF), que ha conseguido 100.000 votos, se sitúa en el entorno del 58% de los votos, frente al 39% de la suma del PSOE, Adelante Andalucía y Por Andalucía. La sombra del Gobierno es alargada. El resultado de las elecciones andaluzas está cargado de significado nacional porque así lo ha querido el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez: por imponer a su vicepresidenta como candidata socialista, porque la campaña fue diseñada en Ferraz y porque el secretario general del PSOE ha participado en hasta seis actos electorales en 15 días. En el acto final de campaña el pasado jueves, Sánchez habló más de sí mismo y de sus "casi 3.000 días al frente del Gobierno progresista" que de la candidata socialista. María Jesús Montero deberá decidir ahora si sigue el camino del candidato socialista en Extremadura, Miguel Ángel Gallardo, que con un resultado mejor presentó su dimisión urgido por Ferraz. Todo apunta a que así será, porque la exvicepresidenta nunca entregó su acta de diputada en el Congreso, pero en su comparecencia tras el recuento electoral hizo mutis por el foro. Y el PSOE andaluz deberá asumir su peor resultado histórico en la autonomía que gobernó casi cuarenta años. Si a eso se suma que el 17M ha sido la cuarta cita del ciclo electoral inaugurado en Extremadura, la tendencia no puede ser más preocupante para el Partido Socialista, que va de descalabro en descalabro con el único matiz de Castilla y León, donde el candidato fue el menos sanchista de los cuatro. Sin embargo, y esta es otra lectura nacional, en La Moncloa se seguirán agarrando al último argumento de movilización en la izquierda: el PP dependerá de la ultraderecha, y no les falta razón. Como en Extremadura, en Aragón y en Castilla y León. Opinión TE PUEDE INTERESAR Moreno pierde la absoluta, Feijóo gana las elecciones Rubén Amón Gráficos: Unidad de Datos EC Diseño Y si la sombra del Gobierno es alargada para el PSOE, también lo es para su socio de coalición. La candidatura formada por Izquierda Unida, Podemos y Sumar (Por Andalucía) ha sido superada con claridad por Adelante Andalucía, el partido que mejor se ha comportado en términos relativos en esta cita electoral, con casi un 10% de los votos y 8 escaños. Este mensaje ya se visualizó en Aragón y en Castilla y León: la izquierda radical saca la cabeza cuando se desmarca del Gobierno y tiene una fuerte implantación territorial. Esto es exactamente lo que consiguió la Chunta Aragonesista el 8F y lo que este domingo ha conseguido Adelante Andalucía, que ha ganado con claridad a Por Andalucía (tres escaños más). "El andalucismo ha llegado para quedarse", ha subrayado José Ignacio García. Las elecciones en Andalucía envían dos mensajes más al espacio a la izquierda del PSOE. En porcentaje de votos, la suma de Adelante Andalucía y Por Andalucía supera el 15%, lo que los habría situado como tercera fuerza en caso de concurrir juntos, por delante de Vox. Además, la bajada de la suma de las izquierdas no es responsabilidad de la más radical, sino del batacazo del PSOE, que sigue cayendo sin que en La Moncloa se den por aludidos. TE PUEDE INTERESAR Adelante duplica en votos, aprovecha la caída de Montero y supera a Por Andalucía Carlos Rocha. Sevilla Gráficos: Unidad de Datos Gráficos: EC Diseño En las decimoterceras elecciones a la Junta de Andalucía de la democracia, la participación fue del 64,83 por ciento, más de seis puntos y medio que en 2022 (58,3%). Es prueba de que la sociedad española está movilizada. Las próximas citas electorales serán las autonómicas y municipales de mayo de 2027 y, si no hay adelanto electoral, las elecciones generales en verano. La historia se repite. Las elecciones andaluzas arrojan un triple titular que empieza a ser tendencia en el conjunto de España, donde este curso ha sido llamada a las urnas el 26% de la población española: el Partido Popular es indiscutiblemente la primera fuerza (53 escaños, -6), el PSOE suma un nuevo descalabro en su federación más importante (28, -2) y Vox confirma que ha tocado techo, pero mantiene un suelo sólido (15, +1). La combinación de estas tres ideas se resume en que, por cuarta elección consecutiva, el Partido Popular necesitará el apoyo de Vox para gobernar, una idea que empieza a consolidarse para otras autonomías y para el conjunto de España.
Amarga victoria de Juanma Moreno: manda al PSOE a la UVI, pero ahora necesita a Vox
El subidón de Adelante Andalucía impide la absoluta del PP y envía un mensaje a Sumar y a IU: seguir en el Gobierno penaliza a la izquierda radical y, si hubieran concurrido juntos, serían tercera fuerza por delante de Vox










