"Análisis y reflexión". Es la receta de uno de los protagonistas de la pasada noche electoral en tierras andaluzas, el coordinador federal de Izquierda Unida y candidato de Por Andalucía, Antonio Maíllo. Una papeleta que lograba aglutinar el 6,31% de los apoyos y revalidar sus cinco asientos en el Parlamento andaluz, aunque perdiendo, por el camino, algo más de 20.000 votos. Y lo que es más importante: el liderazgo de la izquierda alternativa andaluza. Un testigo que le arrebataba, cuadruplicando su peso en el Hospital de las Cinco Llagas, sede del Parlamento, la alternativa soberanista, Adelante Andalucía. Los de Maíllo conseguían, eso sí, salvar los muebles y participar, de alguna manera, del ensanchamiento de la izquierda alternativa en Andalucía (que superaba en votos y porcentaje a Vox). "Pero no ha sido suficiente", reconocía la mañana de este lunes postelectoral el político cordobés. "La izquierda no ha sumado para ofrecer una alternativa de Gobierno", seguía explicando el coordinador de IU, señalando lo evidente: El PP —¿con Vox?— conservará, una legislatura más, las llaves del Palacio de San Telmo.PublicidadEn Andalucía había, en efecto, una segunda partida en juego. Un pulso entre dos modelos de izquierda. La federalista y la soberanista. La izquierda de vocación estatal y la izquierda andalucista. Una coalición de fuerzas —con IU, Movimiento Sumar y Podemos en el mix— y un proyecto en solitario. Una pugna que, siguiendo la estela de Aragón, se ha resuelto en favor de los segundos. "Es el momento de las izquierdas soberanistas", valoraba, en plena noche electoral, el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, acusando a las izquierdas "españolas" de ser el "problema". Un tuit que recuperaba la propuesta que lanzó el político independentista el pasado mes de febrero, sobre el escenario de la Sala Galileo Galilei de Madrid: que sean las izquierdas con arraigo territorial las que encabecen la papeleta de cada provincia. O lo que es lo mismo, que las izquierdas estatales cedan terreno a las fuerzas regionalistas. Una posibilidad que, la mañana de este lunes, rechazaba en primera persona Maíllo."La tentación confederal de troceamiento de la izquierda —una izquierda en cada territorio— es un modelo que yo no comparto en modo alguno", se posicionaba en Las mañanas de RNE el coordinador de IU, firme defensor de una izquierda "con un proyecto para todo el país". Lo contrario, desarrollaba el candidato de Por Andalucía, supone "regalarle todo el marco estatal al PSOE". Su fórmula, añadía Maíllo, es otra: "Nuestro país funciona si tenemos un principio de arraigo en cada territorio, pero con un sentimiento de solidaridad común". Porque, cerraba su argumento, "yo estoy más cerca de un trabajador asturiano que de los especuladores de Andalucía. Esos no son mi gente". En este sentido, reconocía el político cordobés, Andalucía podría haber servido como una suerte de prueba de fuego de la unidad de las izquierdas, con la incorporación in extremis de Podemos a la coalición. "No hemos conseguido, sin embargo, unos resultados que aceleren el proceso de reconstrucción de la izquierda para todo el país", admitía Maíllo, cuestionando, con los resultados electorales en la mano, el principio de la unidad por la unidad.La izquierda estatal aguanta el enviteUna lectura que también hacían este lunes, a su manera, desde la sede de Podemos. "Los resultados de la izquierda en Andalucía son preocupantes", valoraba, en rueda de prensa, el portavoz de los morados, Pablo Fernández. Aprovechando para reivindicar a su formación como la verdadera izquierda transformadora y, sobre todo, como la izquierda "autónoma" del Partido Socialista. Una pullita a los partidos de Sumar que aleja un futuro entendimiento con los morados y que Fernández, como Maíllo, acompañaba de la defensa de una izquierda estatal "fuerte". "Tiene que haber una izquierda estatal que ha de ser sí o sí plurinacional", dibujaba el político leonés, rechazando, en cualquier escenario, que su partido decida "dar un paso al lado".En la misma línea se ha pronunciado, en nombre de Movimiento Sumar, Lara Hernández. "Estamos inaugurando un nuevo ciclo político en el que las izquierdas federales tienen mucho que decir", defendía, sin ambages, la política madrileña, subrayando la necesidad de una izquierda estatal que cultive la esencia plurinacional de España. Para construirla, Hernández instaba al resto de partidos de la nueva confluencia estatal—Izquierda Unida, Más Madrid y Comuns— a "pisar el acelerador" en la selección del futuro candidato de la coalición para las elecciones generales de 2027: "Es algo urgente". "Tenemos por delante un espacio de tiempo corto para poner encima de la mesa cuál va a ser la persona que va a representar a nuestro espacio", seguía explicando, frente al Congreso, la política madrileña. "Esa es nuestra voluntad", se comprometía Hernández, dispuesta a "arremangarse" para tejer "un nuevo proyecto federal" y llegar "con los deberes hechos" al verano.Publicidad"Cada sitio es un mundo". Así evitaba la polémica, en rueda de prensa, David Cid, portavoz de los Comuns en el Parlament de Catalunya. En Extremadura, tomaba como ejemplo Cid, la coalición de Irene de Miguel —Unidas por Extremadura— obtenía "muy buenos resultados" a pesar de estar vinculada a dos fuerzas de vocación estatal: Podemos e Izquierda Unida. También en Aragón, al margen del pinchazo de IU, la Chunta Aragonesista —integrante del grupo parlamentario de Sumar— duplicaba sus números. Dos casos que, para el portavoz, demuestran que los resultados autonómicos no pueden leerse siempre en clave nacional: "La gente acaba votando en función de lo que cree que es mejor para su tierra". Como fuerza catalana, en cualquier caso, Comuns comparte la vocación regionalista. "Nuestra prioridad es siempre Catalunya", corroboraba Cid. Lo que no quiero decir, matizaba el político catalán, "que nos desentendemos de lo que pasa en el resto del Estado".Menos prolijos en palabras se han mostrado desde la otra pata regionalista de la coalición, Más Madrid, centrados en su propio proyecto político: arrebatarle a Ayuso las riendas de la Puerta del Sol. "En Andalucía, la derecha retrocede; la izquierda avanza", atajaba, en la rueda de prensa de portavoces de la Asamblea de Madrid, la portavoz del partido, Manuela Bergerot, sin entrar al debate sobre modelos. Quien sí se ha posicionado ha sido el portavoz adjunto de la formación madrileñista, Emilio Delgado. "Es la izquierda de corte estatal la que tiene un problema serio", publicaba en X, en la misma línea de Rufián, el diputado de los de Mónica García. Con una conclusión: "Las izquierdas que mejor resisten son las que presentan un proyecto atractivo y específico para sus respectivos territorios".Fuentes de Sumar explican a este diario que todavía no hay nombres sobre la mesa ni para liderar la nueva confluencia ni para renombrar el espacio. "Cuando haya avances, lo comunicaremos", zanjan estas voces. Tampoco hay aún fecha para la próxima presentación de la coalición en tierras catalanas, después de las paradas de Madrid y Sevilla. Sobre las conclusiones que sacan del nuevo ciclo electoral, las fuentes consultadas por Público coinciden: "Necesitamos distanciarnos claramente del PSOE". ¿Su apuesta? El frente de la vivienda. Con la defensa de la prórroga de alquileres, la moratoria antidesahucios y la regulación del alquiler de temporada. Otra tarea pendiente: permear en el caladero del voto joven, fuera de los medios de comunicación tradicionales. La tercera meta del espacio, concluyen, tiene que ver, precisamente, con la relación con las fuerzas soberanistas. Y es que, explican estas voces, en España se están dando, simultáneamente, dos conversaciones: la plurinacional y la federal. "El objetivo es aunar las dos líneas de trabajo", completan. Para darle con la puerta de La Moncloa en las narices a PP y Vox.PublicidadEn medio del debate en clave estatal, son varios los partidos de la coalición con sus propios procesos internos abiertos. Por un lado, Movimiento Sumar, que celebrará, a principios de verano, una nueva asamblea general. Por otro lado, Más Madrid, envuelto en un enfrentamiento de bloques —el de Mónica García y el de Emilio Delgado— desde hace meses y con unas negociaciones por el reparto de puestos en las listas —para la Asamblea y para el Congreso— todavía sin resolver. Tampoco en Izquierda Unida están calmadas las aguas, tras el mejorable resultado de Maíllo en Andalucía y en vistas del próximo Congreso de una de sus almas fundamentales, el Partido Comunista de España.