Espa�a crece. Y eso, en la Europa actual, ya es una buena noticia. Pero quiz� la cuesti�n m�s importante no sea cu�nto est� creciendo la econom�a espa�ola, sino el tipo de mundo en el que tendr� que seguir creciendo durante los pr�ximos a�os.Porque el entorno internacional no es el que se esperaba en Europa y en Espa�a hace unos a�os. Ahora la globalizaci�n se fragmenta cada vez m�s, la energ�a vuelve a utilizarse como arma geopol�tica, las cadenas de suministro vuelven a sufrir cambios y la tecnolog�a se ha convertido, cada vez m�s, en una herramienta de poder econ�mico, industrial y militar.El mundo ha entrado en una nueva era. Y eso cambia muchas cosas para pa�ses como Espa�a.La econom�a espa�ola cerr� 2025 con un crecimiento del 2,8%. Y en 2026 contin�a, por ahora, en terreno positivo. A primera vista, los datos parecen razonablemente buenos, sobre todo comparados con el estancamiento que domina en buena parte de Europa.Pero Espa�a sigue arrastrando problemas estructurales importantes: escasez de vivienda, baja productividad, salarios reales estancados, elevado d�ficit tecnol�gico, reducci�n de las exportaciones de mercanc�as y una creciente dependencia de sectores muy sensibles al ciclo internacional.Adem�s, nuestro pa�s debe enfrentarse a un entorno internacional completamente distinto. Durante a�os, la econom�a mundial funcion� bajo una l�gica relativamente sencilla: producir donde era m�s barato, financiarse donde el dinero abundaba y vender en un mercado global integrado. La eficiencia era la prioridad casi absoluta.Hoy pesan mucho m�s la autonom�a estrat�gica, el avance tecnol�gico o la seguridad energ�tica. El World Economic Forum sit�a la confrontaci�n geoecon�mica como el principal riesgo global en el corto plazo. El FMI advierte de que la tensi�n en Oriente Pr�ximo est� aumentando los precios energ�ticos. Como consecuencia, la inflaci�n crece a la vez que se endurecen las condiciones financieras y se debilita el crecimiento mundial. Y, finalmente, la presidencia de Trump ha introducido una enorme dosis de volatilidad comercial y estrat�gica.Europa entra adem�s en esta nueva era con debilidades evidentes. La UE crece poco, sigue siendo extremadamente vulnerable a los elevados precios energ�ticos, y mantiene retrasos importantes en innovaci�n, digitalizaci�n, tama�o empresarial y productividad.Europa tiene mercado, universidades, talento y una de las mayores esperanzas de vida del mundo. Sigue siendo adem�s la principal potencia tur�stica global. Pero contin�a teniendo enormes dificultades para transformar ese capital econ�mico, humano y cient�fico en desarrollo empresarial, productividad y liderazgo tecnol�gico.Y eso importa mucho en un mundo donde Estados Unidos y China son las dos potencias que compiten abiertamente por el dominio industrial, tecnol�gico y estrat�gico del siglo XXI.Mientras Washington subsidia masivamente sectores estrat�gicos y Pek�n despliega una pol�tica industrial y comercial agresiva, Europa contin�a atrapada entre burocracia, fragmentaci�n regulatoria, lentitud pol�tica y peque�os nacionalismos incapaces de entender la escala del desaf�o.El BCE mantiene una enorme prudencia porque sabe que la inflaci�n repuntar� si persisten las tensiones energ�ticas. Su escenario central para 2026 apunta precisamente en esa direcci�n: una econom�a pr�cticamente estancada y fuertes riesgos inflacionistas. De hecho, el PIB interanual de la eurozona se desaceler� en el primer trimestre de este a�o hasta el +0,8%, frente al +1,2% registrado en el �ltimo trimestre de 2025. Una p�rdida de dinamismo que, unida a una inflaci�n todav�a elevada, empieza a dibujar un escenario de estanflaci�n.Resistencia espa�olaConviene reconocer, sin embargo, lo que s� funciona en Espa�a. Y no es poco. La econom�a espa�ola ha mostrado una capacidad de resistencia considerable. El empleo ha aguantado mejor de lo esperado, las exportaciones de servicios contin�an ganando peso y el turismo mantiene una fortaleza extraordinaria.Pero adem�s Espa�a ya no solo exporta cultura, sol y playa para los turistas. Cada vez m�s exportamos gesti�n y construcci�n de infraestructuras, ingenier�a, tecnolog�a y servicios empresariales. Hay compa��as espa�olas que administran aeropuertos, autopistas, redes energ�ticas, sistemas de agua, aseguradoras, telecomunicaciones o proyectos renovables en buena parte del mundo.Ese cambio es menos visible que las cifras r�cord de turistas en aeropuertos y hoteles. Sin embargo, es mucho m�s importante desde el punto de vista cuantitativo y estructural.Porque una econom�a madura no puede depender �nicamente del consumo, la construcci�n y el turismo masivo. Necesita tambi�n conocimiento, internacionalizaci�n y capacidad empresarial.Espa�a seguir� siendo uno de los grandes destinos mundiales del turismo si contin�a percibi�ndose como un pa�s seguro, estable y bien conectado, en un entorno internacional cada vez m�s incierto. Pero incluso los pa�ses refugio, como Espa�a, dependen de variables que no controlan. Un ejemplo, el 80% de los turistas internacionales llegan por v�a a�rea. Si el queroseno sigue encareci�ndose de forma persistente, si aumentan las tensiones geopol�ticas o si el transporte a�reo entra en problemas de capacidad, el impacto terminar� traslad�ndose al precio de los viajes.Y cuando viajar aumenta de precio, la demanda termina reduci�ndose. Sobre todo, la demanda m�s sensible al precio: familias de renta media, turismo europeo tradicional y viajeros condicionados por el coste final de sus vacaciones.A eso se a�ade otro riesgo menos visible, pero probablemente m�s importante: la evoluci�n econ�mica de los pa�ses emisores de turismo. Reino Unido, Francia y Alemania siguen siendo pilares fundamentales del turismo hacia Espa�a. Si esas econom�as pierden dinamismo o sus hogares reducen su gasto, Espa�a puede notar una desaceleraci�n.Por eso el verdadero reto ya no consiste �nicamente en atraer m�s visitantes. El reto es elevar el gasto por turista, reducir saturaciones, mejorar infraestructuras, desestacionalizar y depender menos del turismo masivo de bajo valor a�adido. En el nuevo entorno internacional, el turismo rentable vale m�s que el turismo multitudinario.El principal desajuste estructural de la econom�a espa�ola sigue siendo la vivienda. Espa�a tiene un desequilibrio evidente entre creaci�n de hogares y un aumento de la oferta residencial, especialmente en grandes ciudades y zonas tur�sticas.ViviendaLa poblaci�n crece muy r�pidamente. Y la oferta de vivienda responde con una lentitud extraordinaria. El resultado ya es visible en todas partes: alquileres tensionados, precios de compra disparados, emancipaci�n muy tard�a, enormes dificultades de movilidad laboral y una creciente sensaci�n de frustraci�n social. Porque el problema de la vivienda ya no es solo residencial: es econ�mico, laboral y generacional. Durante a�os, adem�s, Espa�a ha abordado este asunto casi exclusivamente desde el enfrentamiento pol�tico o desde medidas orientadas a la demanda. Olvidando la cuesti�n esencial: falta oferta.Hace falta m�s suelo finalista. M�s seguridad jur�dica. Menos lentitud urban�stica. M�s vivienda asequible en alquiler. M�s industrializaci�n del proceso constructivo. Y tambi�n menos demonizaci�n de cualquier inversi�n privada vinculada al mercado residencial.Entre 2021 y 2025, se crearon en Espa�a 1,2 millones netos de hogares. En el mismo per�odo, se terminaron un total de 474.000 viviendas. El resultado es un d�ficit acumulado, cercano a las 730.000 casas. Mientras eso no cambie, la vivienda seguir� funcionando como el gran impuesto invisible sobre j�venes, familias y empresas. Porque un pa�s que expulsa a sus j�venes de las grandes ciudades o dificulta enormemente la movilidad laboral no solo genera frustraci�n social. Tambi�n debilita su productividad, su capacidad para atraer talento y, en �ltima instancia, su crecimiento futuro.Espa�a llega algo mejor preparada para combatir la inflaci�n que en 2022, gracias al avance de las energ�as renovables, la menor dependencia del gas ruso y su potente capacidad de regasificaci�n. Adem�s, cuenta con ocho grandes refiner�as operativas, algo poco habitual en Europa. Pero eso no convierte al pa�s en inmune.El BCE ha advertido expresamente de que un conflicto prolongado en Oriente Pr�ximo podr�a mantener elevados los precios energ�ticos durante bastante m�s tiempo del previsto. Y el INE segu�a reflejando recientemente una inflaci�n para Espa�a todav�a por encima del 3%. La lecci�n es importante: la estabilidad de precios ya no puede darse por garantizada.Inflaci�nDurante muchos a�os Europa se acostumbr� a energ�a relativamente barata, inflaci�n baja y tipos de inter�s reducidos. Ahora ese equilibrio parece mucho menos estable. Y eso afecta directamente a familias, empresas, inversi�n e hipotecas.Aqu� aparece probablemente uno de los grandes problemas pol�ticos y sociales de los pr�ximos a�os: la distancia creciente entre el relato macroecon�mico oficial y la experiencia cotidiana de muchas familias.El PIB crece. El empleo aumenta. El turismo bate r�cords. Pero much�sima gente siente que vive dentro de una cinta de correr. Los salarios han mejorado en t�rminos nominales, s�. Pero la vivienda, los servicios b�sicos, los alimentos, la energ�a y los impuestos devoran toda esa mejora.Y ah� entra en juego la llamada imposici�n en fr�o. Cuando los salarios suben para compensar inflaci�n, y el IRPF sube de tramo, una parte relevante de esa mejora desaparece v�a mayor presi�n fiscal. Es una de las razones por las que muchas personas de clase media sienten que avanzan bastante menos de lo que indican las estad�sticas. Ese divorcio entre la macroeconom�a y la percepci�n de muchos ciudadanos (que no sienten una mejora real en su nivel de vida) est� teniendo importantes consecuencias pol�ticas.Espa�a crea empleo. Pero no crece la producci�n por empleado. Seguimos teniendo un tejido empresarial excesivamente peque�o, con dificultades para escalar, invertir en I+D, innovar o digitalizarse con rapidez. Y el problema no es una supuesta falta de capacidad de los trabajadores espa�oles. El problema es la combinaci�n de empresas peque�as, baja inversi�n tecnol�gica, exceso regulatorio y especializaci�n en sectores menos productivos. Mientras eso no cambie, ser� dif�cil que los salarios reales despeguen de manera sostenida.La OCDE reconoce mejoras desde 2022, pero insiste en que Espa�a sigue manteniendo una brecha relevante frente a las econom�as europeas m�s avanzadas. Y esa cuesti�n resulta decisiva. Porque, en el nuevo entorno internacional, ya no basta con crecer apoy�ndose en el empleo y el consumo. Hace falta crecer aumentando la productividad.Espa�a sigue teniendo mucho paro, incluso cuando la econom�a va razonablemente bien. Pero, al mismo tiempo, muchas empresas dicen que no encuentran trabajadores con la formaci�n, experiencia o habilidades que necesitan. En un pa�s muy envejecido, eso sale especialmente caro.Espa�a necesita m�s productividad, m�s tecnolog�a, m�s industria y m�s autonom�a estrat�gica. Y Espa�a no puede permitirse que la vivienda expulse talento de las grandes ciudades, que la formaci�n profesional no cubra todas las necesidades empresariales, o que persistan enormes desajustes entre oferta y demanda de trabajo. Porque el empleo importa. Pero importa todav�a m�s su calidad y su capacidad para generar productividad y bienestar.Espa�a, adem�s, podr�a tener un papel m�s relevante en la nueva reorganizaci�n econ�mica internacional. Si Europa quiere reducir dependencias y diversificar alianzas estrat�gicas, Am�rica Latina vuelve a adquirir una importancia creciente. Y ah� Espa�a dispone de una posici�n singular.No se trata de nostalgia ni de sentimentalismo. Se trata de entender que en un mundo de friend-shoring y de risking, la proximidad institucional, cultural y empresarial vuelve a tener un enorme valor econ�mico. Espa�a puede actuar como una bisagra �til entre Europa y Am�rica Latina, canalizando inversi�n, tecnolog�a y relaciones empresariales de largo plazo.Pero esa oportunidad tambi�n tiene l�mites si nuestra econom�a es poco productiva y est� hiperregulada. Espa�a est� mejor que buena parte de sus socios europeos. Tiene crecimiento econ�mico, turismo, exportaci�n de servicios no tur�sticos, diversificaci�n energ�tica y buen posicionamiento en la nueva geograf�a econ�mica europea.Pero, insisto, tambi�n arrastra escasez de vivienda, baja productividad, salarios reales estancados, elevada presi�n sobre el trabajo y d�ficit tecnol�gico.La gran cuesti�n ya no es si Espa�a puede seguir creciendo algo m�s que sus vecinos. La verdadera pregunta es si sabr� aprovechar este momento para modernizar su estructura econ�mica, antes de que el mercado global se vuelva todav�a m�s exigente.En el nuevo entorno internacional ya no basta con crecer. Lo decisivo ser� evolucionar m�s deprisa que los dem�s. Como se�al� Charles Darwin: "No sobrevive la especie m�s fuerte, sino la que mejor se adapta al cambio".Rafael Pampill�n. Universidad CEU San Pablo e IE Business School.