La economía de España se ha convertido en una máquina de consumir factores de producción. Su rápido crecimiento económico ha supuesto una de las 'mejores noticias' macroeconómicas para el euro tras la pandemia, pero oculta una parte que no es tan positiva. El modelo de crecimiento español guarda una peligrosa similitud con el típico esquema Ponzi. Los esquemas Ponzi funcionan bajo una lógica aparentemente sencilla. Todo parece estable mientras que entren nuevos participantes que sostengan el sistema con sus contribuciones. El problema llega cuando el modelo necesita incorporar cada vez más gente solo para mantener el equilibrio previo. Algo parecido empieza a ocurrir con la economía española. El crecimiento del PIB sigue siendo fuerte (eso sostiene la narrativa el milagro económico) y el mercado laboral continúa creando empleo con vigor, pero cada vez resulta más evidente que una parte creciente de esa expansión depende de la llegada constante y masiva de nuevos trabajadores inmigrantes. España no crece porque la economía sea mucho más productiva o innovadora, sino porque incorpora más y más población para seguir avanzando al mismo ritmo.La economía de España necesita 'consumir' muchos trabajadores para mantener su ritmo de crecimiento. Hasta la fecha, la inmigración se ha convertido en esa gasolina que se 'necesita' de forma constante y creciente, lo que genera una fuerte dependencia de la llegada de extranjeros (con los efectos adversos que tiene sobre la vivienda, por ejemplo).