España se ha convertido en los últimos años en la envidia macroeconómica de Europa. Mientras Francia y Alemania languidecen con crecimientos anémicos, la economía española ha avanzado a un ritmo del 2,5% al 3% anual desde la pandemia, impulsada por el turismo, los servicios y una oleada migratoria sin precedentes. Los titulares internacionales celebran el dinamismo de una economía que ha superado sistemáticamente las previsiones y que lidera el crecimiento entre las grandes naciones de la eurozona. Pero bajo esa superficie reluciente se esconde una paradoja que los indicadores agregados no cuentan. España tiene una de las tasas de pobreza infantil más elevadas de toda la Unión Europea, que se ha convertido en un problema casi crónico, unos salarios reales que apenas crecen, una precariedad laboral notable y una economía cuyo modelo está basado en la creación masiva de empleo de bajo valor añadido, lo que convierte a España en uno de los países más expuestos a los ciclos económicos de toda Europa (boom and boost).
Alrededor de un tercio de los niños españoles viven en situación de pobreza o exclusión social, una proporción que solo supera Bulgaria en toda la región. No es una herida reciente ni una cicatriz de la pandemia. Según la prestigiosa agencia financiera Bloomberg, que ha investigado el fenómeno durante tres meses entrevistando a decenas de familias, la tasa de pobreza infantil en España lleva oscilando entre el 25% y el 30% desde 2008, sin que el crecimiento económico haya logrado moverla. Jorge Galindo, director del Esade Centre for Economic Policy, lo explicó a Bloomberg con una claridad que debería incomodar a cualquier responsable político: "Lo que es llamativo, realmente, y lo que es relevante y preocupante, es que no es solo la fotografía, sino la dinámica. La tasa de pobreza infantil de España lleva estancada entre el 25% y el 30% desde 2008, y no ha cambiado cuando hemos crecido económicamente."







