España se ha convertido en los últimos años en la envidia macroeconómica de Europa. Mientras Francia y Alemania languidecen con crecimientos anémicos, la economía española ha avanzado a un ritmo del 2,5% al 3% anual desde la pandemia, impulsada por el turismo, los servicios y una oleada migratoria sin precedentes. Los titulares internacionales celebran el dinamismo de una economía que ha superado sistemáticamente las previsiones y que lidera el crecimiento entre las grandes naciones de la eurozona. Pero bajo esa superficie reluciente se esconde una paradoja que los indicadores agregados no cuentan. España tiene una de las tasas de pobreza infantil más elevadas de toda la Unión Europea, que se ha convertido en un problema casi crónico, unos salarios reales que apenas crecen, una ...