La prolongaci�n en el poder de un gobierno como el de Pedro S�nchez, noqueado por los votantes, no augura nada bueno.Celebradas las elecciones andaluzas, �cu�nto tiempo m�s puede seguir Pedro S�nchez al frente de los destinos de Espa�a? Los sanchistas dicen que es una pregunta ret�rica. S�nchez agotar� la legislatura y conf�a que podr� crear un nuevo Frankenstein para gobernar en la siguiente. El d�a despu�s, de Andaluc�a no se hablar�.La humillaci�n del Partido Socialista estaba descontada. Lo que significa el agravio andaluz tardar� en ser digerido. La arrolladora victoria en 1982 del Partido Socialista cuando se constituy� el Parlamento andaluz fue el preludio de los casi catorce a�os que Felipe Gonz�lez ocup� La Moncloa. Con la del Partido Popular, Andaluc�a entrega las llaves del gobierno nacional al centro derecha y a la derecha.La prolongaci�n en el poder de un gobierno noqueado por los votantes no augura nada bueno. Todos pierden cuando una fuerza irrefrenable, y eso es el veredicto de las urnas en sucesivos comicios auton�micos, se estrella contra un objeto inamovible, es decir, contra un inmovilista S�nchez parapetado en su bunker.Nadie deber�a desde�ar la capacidad de resistencia de S�nchez ni su eg�latra pasi�n de mandar. Ni menospreciar los disparates que difundir� para seguir mandando ahora que en un mundo muy revuelto se postula como el potencial l�der global de quienes, seg�n los totalitarios, est�n en el lado correcto de la historia.Y se ha de estar muy atento a la polarizaci�n que supondr� el "S�nchez para rato": la radicalizaci�n, el levantamiento de muros, el fortalecimiento de bloques y el relato de la extrema derecha que viene. Las mochilas sanchistas est�n cargadas de tensi�n revanchista.Los reg�menes presidencialistas, la vecina Francia y los omnipresentes Estados Unidos de Am�rica por ejemplo, limitan a dos mandatos sucesivos el ejercicio en el poder de sus m�ximos dirigentes. Es un prudente acuerdo constitucional porque con el paso del tiempo el patriarca pol�tico de turno suele perder la capacidad de tomar el pulso a los que manda. Esta barandilla de seguridad no existe en Espa�a, cuyo sistema de gobierno es a todos los efectos presidencialista y a los ocho a�os de la llegada al poder de S�nchez se echa m�s en falta con cada d�a que pasa.Seis mesesS�nchez ya no siente los latidos del personal y en cuesti�n de seis meses el p�blico, el de Extremadura, el de Arag�n, el de Castilla y Le�n y, ahora, el de Andaluc�a, ha asentado con innegable claridad que no responde a su tacto. Llegado a tal coyuntura de mutua insensibilidad lo que le incumbe al dirigente es ungir a su sucesor e ir haciendo las maletas.El ciclo sanchista ha tocado a su fin. No lo salva ni el "no a la guerra" ni el gesto desafiante "antifa" para asustar. Pero esto que es tan evidente para toda persona medianamente racional no lo reconoce el principal interesado. S�nchez lo despacha diciendo que eso del fin es un "bulo" proveniente del "fango".El sanchismo, que es el divisivo, muy personalista y muy mendaz fen�meno pol�tico que ha creado el presidente del Gobierno, gobierna sin Presupuestos y sin rendir cuentas ante el parlamento. Esto lo sabe todo el mundo. De lo que puede que haya menos conciencia es de la dificultad que habr� a la hora de desalojar a S�nchez y a los suyos de las instituciones que ha colonizado.La convenci�n de solo dos mandatos presidencialistas fue observada voluntariamente por Jos� Mar�a Aznar y puede que se arrepienta de ello. S�nchez, que es un presidente del Gobierno tan transformador, aunque con muchos menos escr�pulos, que aquel refundador del Partido Popular, no tiene, al parecer, la m�s m�nima intenci�n de hacer lo mismo.Ciertamente Juanma Moreno Bonilla, que ahora inicia su tercer mandato al frente de la Junta de Andaluc�a, puede ser la excepci�n que confirma la pauta de solamente dos. Es posible que el malague�o que predica una Andaluc�a "serena", ajena a los "gritos" y dispuesta a emprender el "camino de la convivencia" consiga gobernar "sin l�os". El tiempo dir� si lo logra. Su negociaci�n con Vox guiar� la que tendr� lugar a nivel nacional.Lo que no admite discusi�n es que a diferencia del conciliador Moreno, S�nchez se ver� atrapado en un l�o tras otro en lo que le queda de su actual mandato. Algunos, con diligencias judiciales ya en marcha, est�n ligados a su familia y otros lo est�n a la financiaci�n de su partido y a las condenas de quienes fueron sus m�s estrechos colaboradores en las filas socialistas.S�nchez intervino repetidamente en la campa�a andaluza y su mensaje -mi buenista gobierno es la pera- tuvo nulo recorrido. Lo que estaba en la conversaci�n era la ingente cantidad de l�os que acumula el sanchismo en su paso por los tribunales. Y los que cosechar�.Los andaluces est�n muy de vuelta en los temas de corrupci�n. Y la agraviada Andaluc�a tiene mucho que decir.