Si los resultados en Andaluc�a son un term�metro de lo que puede pasar en unas elecciones generales, y en parte lo son, el sanchismo tiene los d�as contados y el PP y Vox est�n condenados a entenderse. Y aqu� no hay excusa posible.Los optimistas que a�n quedan en las filas socialistas de S�nchez sue�an que, llegado el momento, una izquierda, que ya solo existe en su imaginaci�n, se alzar� para detener a la extrema derecha, pero donde ellos ven un animal mitol�gico los ciudadanos ven un rat�n. No es que la izquierda no se movilice, es que ya no se identifica con S�nchez. Tan desnortado est� el relato de Ferraz que, elecci�n tras elecci�n, los candidatos socialistas est�n siendo arrasados, incluso en aquellos feudos como Andaluc�a o Extremadura donde no hace tanto ni siquiera necesitaban esforzarse para ganar. Ahora todo el mundo sabe que el sanchismo, llevada la pol�tica a los t�rminos futbol�sticos, ya no le gana ni a Islas Feroe, pero que el PP tampoco puede ignorar a Abascal.�Por qu� ha ocurrido esto? Para entenderlo solo hay que haber vivido y asomarse a la ventana. Pedro S�nchez ha conseguido ser uno de los presidentes m�s longevos desde que se reinstaur� la democracia a pesar de haber sido el menos votado. Estar en el poder tanto tiempo en esas condiciones, m�s que un m�rito puede ser un s�ntoma. Es la constataci�n de que, para mantenerse, S�nchez ha tenido que hacer cosas inconfesables y pactar lo que no estaba escrito hasta sobrepasar todas esas l�neas rojas que hunden un proyecto. Lo hizo con la esperanza de que los votantes o le perdonaran o lo olvidaran. Algunos lo han hecho, pero otros, cada vez m�s, ni olvidan ni perdonan. No olvidan los indultos ni la amnist�a ni el modelo de financiaci�n y la condonaci�n de deuda a la medida de Catalu�a y en contra del resto. Esto ha provocado su hundimiento, pero tambi�n el crecimiento por la v�a de los indignados de una formaci�n como Vox que aspira a condicionar las pol�ticas del PP. S�nchez sabe ya que la calle no le quiere y por eso ya solo gobierna para los suyos. Todos los actos del presidente son cerrados al p�blico y solo para leales. Por eso es posible ver a media docena de ministros en el homenaje al Gran Wyoming y a ninguno en el entierro de los dos guardias civiles muertos en acto de servicio cuando combat�an al narcotr�fico.Lo que ha ocurrido ahora en Andaluc�a es el pen�ltimo acto del drama para un socialismo que ya solo se encomienda a Vox con la esperanza de que el PP no logre mayor�a absoluta. Es su �nico consuelo. En cuanto a Mar�a Jes�s Montero, poco ten�a que hacer. Ella solo es una servidora del jefe. La crisis de los cribados de c�ncer que era el arma con el que intent� desgastar a Moreno Bonilla ten�a un limitado recorrido por su falta de credibilidad. Su trayectoria pasada al frente de la Consejer�a de Salud de Andaluc�a, en el Gobierno, primero de Manuel Chaves y posteriormente en el de Susana D�az, la condenaban. Montero compet�a contra su legado como gestora, en el que pesaban demasiado las listas de espera o la falta de facultativos en aquel territorio. La �nica duda que estaba por dilucidar era si la izquierda tradicional que hist�ricamente ha tenido tanto peso en Andaluc�a iba a aparecer en alguna otra de las opciones que se enfrentaba a Moreno Bonilla. Apareci� en Adelante Andaluc�a, pero sin peso suficiente para optar a nada. El perfil moderado del candidato popular, pr�ximo al de un socialdem�crata sin estridencia, no ha sido esta vez suficiente para lograr esa mayor�a absoluta que hab�a vendido antes de cazarla. Los resultados siguen vaticinando un mal final para el sanchismo, pero no avanzan ning�n horizonte despejado para el futuro.
Andaluc�a es el acto final del drama socialista
Los optimistas que a�n quedan en las filas socialistas de S�nchez sue�an que, llegado el momento, una izquierda, que ya solo existe en su imaginaci�n, se alzar� para detener a...











