El mayor obstáculo frente a la pujanza de EE UU y China es que los líderes occidentales y los del Sur Global encuentren un marco de intereses y valores comunes

Los aliados de Estados Unidos consideran que Washington ha dejado de ser un defensor de la seguridad colectiva, el libre comercio y el Estado de derecho. Al mismo tiempo, China no deja de aumentar su poder económico y su peso político, lo que agrava la desconfianza de muchos gobiernos que necesitan, cada vez más, tener relaciones constructivas con Pekín. En este contexto, con un sistema internacional dominado por Estados Unidos y China, y con Rusia decidida a trastocar el orden mundial actual, “las potencias intermedias deben actuar juntas”, advirtió en enero el primer ministro de Canadá, Mark Carney, “porque, si no estamos en la mesa, estaremos en el menú”.

¿Pueden las “potencias intermedias” apuntalar las instituciones multinacionales actuales como Naciones Unidas? ¿Pueden aliarse en los ámbitos en los que tienen intereses comunes para salvaguardarlos? Hay muchos motivos para el escepticismo. Pero si no consiguen mantenerse firmes donde pueden, es posible que Washington y Pekín se aseguren de que sufran lo que deben.

En el ámbito de la diplomacia, las coaliciones de potencias intermedias —la UE, India, Japón, Brasil, Canadá y otras— podrían colaborar para impulsar el apoyo financiero y político a instituciones como la ONU, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la OMC. Pueden aprobar estrategias comunes para garantizar que el abandono de Estados Unidos no acabe con esas organizaciones y que China no termine dominándolas. Por ahora, será mucho más fácil reforzar las instituciones existentes que crear otras nuevas, sobre todo, porque Washington y Pekín pueden sabotear cualquier cosa que otras potencias intenten construir. Lo malo es que Reino Unido y Francia son las únicas potencias intermedias con puesto permanente en el Consejo de Seguridad, y Estados Unidos, China y Rusia tienen mucho poder a la hora de resistirse a cualquier reforma.