La Casa Blanca considera explícitamente a la UE un adversario y advierte de que cultivará la resistencia contra ella apoyando formaciones nacionalpopulistas
El año 2025 ha sido el del entierro de una época. El regreso al poder de Donald Trump ha supuesto el sepelio de una fase marcada por la globalización, la construcción de un entramado de instituciones internacionales, la hegemonía de Estados Unidos apoyada en sólidas alianzas europeas y asiáticas. El nuevo año ofrecerá pistas cruciales acerca del convulso devenir de la nueva etapa histórica, una en la que se reconfiguran equilibrios de poder y relaciones internacionales. El pulso por la hegemonía entre EE UU y China, y
om/internacional/2025-12-17/el-verdadero-peligro-para-europa-esta-dentro-de-sus-fronteras.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2025-12-17/el-verdadero-peligro-para-europa-esta-dentro-de-sus-fronteras.html" data-link-track-dtm="">el doble asalto que sufre Europa (militar, desde Rusia; político-cultural-comercial, desde Washington), se perfilan como las claves más importantes de un cambio complejo y de gran envergadura.
Los dos elementos están interconectados, ya que en esta competición no solo importa la fortaleza intrínseca de cada uno, sino también su capacidad de contar con apoyos en el tablero internacional. Y es en ese sentido global, además de su impacto regional, que lo que ocurre en Europa importa mucho. El año 2026 aclarará las consecuencias del asombroso giro estratégico de la Casa Blanca, que ahora considera explícitamente a la UE como un adversario, y advierte de que cultivará la resistencia contra ella apoyando a formaciones nacionalpopulistas en el Viejo Continente. Los resultados de ese giro influirán en el nuevo mundo que nace. Para Washington, una Europa fuerte y aliada es un activo; una Europa independiente y desconfiada es una derrota; una Europa fragmentada es una oportunidad en algunos sentidos, pero un retroceso en otros más importantes. Para Pekín, una Rusia derrotada es un problema. Una Rusia de pie, pero débil, es un activo gracias al aprovechamiento de la dependencia inherente a esa debilidad. Una Rusia victoriosa a la que EE UU da juego es otra clase de problema.






