El país asiático es el gran rival del siglo XXI y lo hace con un sistema alternativo al occidental, sin rastro de democracia
¿Será China la potencia hegemónica bajo la que vivirán nuestros nietos y bisnietos? Esta hipótesis no la olió Keynes cuando vino a Madrid en junio de 1930 —hará pronto un siglo— a dictar una conferencia titulada Las posibilidades económicas de nuestros nietos en la Residencia de Estudiantes. El genial economista de Cambridge llegó acompañado de su esposa, Lidia Lopujova, bailarina del ballet de Diaghilev, y fue invitado por el duque de Alba, ministro de Instrucción Pública del ...
Gobierno de Berenguer.
Keynes entendía que el mundo estaba sufriendo entonces un fuerte ataque de pesimismo (lógico si se recuerda que nueve meses antes había empezado el colapso de 1929 en la Bolsa de Nueva York y la hidra de la depresión se extendía por el mundo). Al revés, opinaba que tal pesimismo no estaba justificado. “Creo”, dice Keynes, “que esta es una interpretación extraordinariamente equivocada de lo que está sucediendo. Estamos sufriendo no el reumatismo de la vejez, sino los dolores crecientes que acompañan a los cambios excesivamente rápidos, el dolor del reajuste de un periodo económico a otro”. (Y aquí pronuncia una de sus frases más celebradas sobre la necesaria humildad del economista: “Sería estupendo que los economistas lograran que se los considerara como personas modestas y competentes como los odontólogos”).






