La UE, Canadá, la India y Brasil intensifican las relaciones comerciales entre ellos ante la imprevisibilidad de Washington y la fuerza coercitiva de Pekín

La letra, hasta con cierta épica, la puso el primer ministro de Canadá, Mark Carney, en Davos el pasado 20 de enero. Los hechos, en cambio, venían produciéndose desde hace más de un año: potencias medianas en el orden internacional buscando y llegando a acuerdos, sobre todo comerciales, para reduci...

r la dependencia de las grandes, es decir, Estados Unidos y China. Hace solo unos días se vio el último capítulo de este fenómeno en Nueva Delhi: la Unión Europea y la India firmaron un acuerdo comercial tras casi 20 años de negociaciones. Dos de esas potencias medianas estrecharon lazos en lo que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, llamó “la madre de todos los acuerdos”.

Sin la grandilocuencia de esas palabras, la UE lleva meses cerrando pactos comerciales con el objetivo de reducir una dependencia que también ha sido palmaria en este mismo tiempo: en tierras raras y materias primas críticas poco se puede hacer ahora sin pasar por China, como el gigante asiático demostró en octubre al amenazar con imponer controles a la exportación. Al analizar la seguridad y la defensa, en cambio, Estados Unidos resulta capital para los europeos. Y ahí es cuando entran en juego acuerdos como el de la India, el de Mercosur (en proceso de ratificación), el de Indonesia o el de comercio electrónico con Singapur. La lista de pactos, con contenidos y ambiciones distintos, cerrados en poco más de un año puede extenderse próximamente a México, Chile y Corea del Sur.